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González, Horacio - El peronismo perpetuo

González, Horacio - El peronismo perpetuo

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08/01/2013

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Amás de 60 años de su fundación,más allá de sus nombres sucesivos osimultáneos y de su fortuna política por momentos adversa, el peronismo perdura. La memoria de muchos parti-dos contemporáneos -aglutinados aveces, en torno a hechos dramáticos,de escritos iniciadores de índole filo-sófica, y casi siempre de personalida-des fuertes y de textos pedagógicos no por difusos menos efectivos-, puede pervivir sobre la base de un anacronis-mo que sus críticos ven como un mo-lesto cenotafio pero que a veces sor- prende renaciendo de sus cenizas. Esque la perduración es siempre la po-tencialidad dormida del cenotafio.Gramsci, analizando esa cuestión delas "cenizas" de una memoria política,había estudiado la necesaria asincro-nía que hay entre los hechos socialesnuevos y el derecho de los últimos fie-les del panteón de reunirse en torno avestigios y laboriosas supervivencias. No se abandonan así nomás palabrasadquiridas.Las viejas enseñanzas del historicismo-quizá considerado como una custodiadel momento resplandeciente de unorigen, de algún primitivo llamadoaglutinante- pueden servir aquí paraexplicar que desvaídos cenáculos con-memorativos cuiden de recuerdos que pudieron ser, un siglo antes, revolu-cionarios. Yque ocasionalmente, en laleyenda de la refundación, una decre- pitud que solo sería "pensionista de lahistoria", podría convertirse en la pie-dra de espera de un renacimiento.Con el peronismo, que algo de todoesto sabe, hay que mencionar sin em- bargo que es un movimiento muy "es-crito". Mojón privilegiado de su orgu-llo fue la "doctrina", que consta deversículos, sentencias, proverbios, ins-cripciones y jaculatorias, que con eltiempo se reveló -a pesar de su volun-tad de inerte escritura marmórea-,fuente de tantos dispares ejercicios deinterpretación. Es que su ensambladu-ra heterogénea y dispar admitía quecada intérprete desprendiera un blo-que particular del rompecabezas, sinque éste perdiera su condición deevangelio.Es que eso es un evangelio, la imposi- bilidad de dotar de un centro concep-tual a una colección de premisas dedistinto alcance y de disímil calidad deabstracción. En el conocidísimo casode las veinte verdades del peronismo -un momento de fijación del texto ofi-cial hacia 1950-, se conjugaba even-tuales conceptos clásicos de teoría po-lítica, mezclados en distintas retahílastomadas de un inagotable santoral lai-co.El yacimiento citable del peronismo,hasta hoy, como sabemos, es muy vas-to. La doctrina no tiene centro, es per-manentemente ramificable, proliferan-te. Su expansión es voraz, admite lacita irónica y aun la reprobatoria. Enverdad, al citarse un enunciado de la"doctrina", extrayéndolo e independi-zándolo del
bricolage
o del
corpus
 pa-ra una aplicación aparentemente apáti-ca, sin embargo se percibe su pujanza,su capacidad impregnativa. Pongo co-mo ejemplo la escena del film
Operación Masacre
, de Cedrón. El personaje encarnado por Walter Vidarte dice: "¿Cómo voy a ser pero-nista yo? ¡Si voy de casa al trabajo yde trabajo a casa!". Ante el interroga-torio policial, la forma de la negativaequivalía a una afirmación. La indife-rencia por nada de lo que fuera vidadoméstica y vida laboral, pero dichocon una frase del aparato enunciador  peronista, era más comprometedoraque una proclama principista. Yse tra-taba de un peronismo que decía refu-giarse en los pliegues absolutos de lavida cotidiana. Sin embargo, esa cons-trucción de una comunidad organizadaque verdaderamente admitía la esci-sión entre el interés político de sus ad-mistradores y la presunta apatía de lasmasas, daba en el corazón de la ideasocial y discursiva del peronismo clá-sico.
   E   l   p  e  r  o  n   i  s  m  o  p  e  r  p  e   t  u  o
     p     o     r
   H  o  r  a  c   i  o   G  o  n  z   á   l  e  z   *
21 22
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Muchas veces se dijo, desde las hipó-tesis lingüísticas familiares desde losaños '60 en adelante, que lo social esun remedo vitalista de lo que muy pronto se llamarían "formaciones dis-cursivas" -así se puede interpretar ellibro de Verón y Sigal sobre el pero-nismo, ya clásico-, pero podríamosagregar ahora que las acciones discur-sivas del peronismo tendían a la apatíadel compromiso para luego advertir -cuando quizá ya era tarde- que lo apá-tico se convertía en una definición noneutralizable de la pasión política. Los protocolos educacionales del peronis-mo poseían cierta circularidad: "laverdadera democracia es aquella don-de el gobierno hace lo que el puebloquiere y defiende un solo interés: eldel pueblo". Tenían un ostensibleamor por la tautología: "para un pero-nista no hay nada mejor que otro pero-nista". Mostraba definiciones que re-sumían drásticamente un problema:"no existe para el peronismo sino unasola clase de hombres: los que traba- jan". E intentaban presentar una esca-la de valores un tanto erizada: "ningún peronista debe sentirse más de lo quees, ni menos de lo que debe ser.Cuando un peronista comienza a sen-tirse más de lo que es, empieza a con-vertirse en oligarca". O rangos valora-tivos que trasuntaban oscuras descon-fianzas: "en la acción política la esca-la de valores de todo peronista es la si-guiente: primero la Patria, después elMovimiento, y luego los Hombres".El ideal comunitario, la definición de"individuo social", el trazado ambiguode las fronteras entre el afuera y eladentro ("el tema del traidor y del hé-roe") así como el difuso sermón ("El peronista trabaja para el Movimiento.El que en su nombre sirve a un círcu-lo, o a un caudillo, lo es sólo de nom- bre"), son frases que perduraron en lamemoria colectiva por su raro y ambi-guo ingenio. Vigas internas del fraseonacional, de su
 paideia
encantada, haytiradas como "
en la Nueva Argentinalos únicos privilegiados son los ni-ños
", de doble valor pues se dirige alos adultos y al mismo tiempo pone elreino de los privilegios bajo una he-chizada excepción infantil. Parecenasertos claros pero entran dentro de laambigüedad del lenguaje tanto comouna frase casual surgida del barro coti-diano de la conversación.Pero los planos diversos en que se si-tuaban los enunciados, ora los de una"filosofía de la vida popular", ora losde una sumaria doctrina con sus teorí-as del Estado, su definición heroica ysu ideal de libertad comunitaria (el pe-ronismo "desea héroes pero no márti-res"; "constituimos un gobierno cen-tralizado, un Estado organizado y un pueblo libre"), permitían recorrer elconocimiento de la forma doble queHegel llamaba sacerdotal y de la otraque llamaba en pantuflas, con el divi-no descuido de los publicitarios de lahora, más influidos por los altoparlan-tes épicos de las revoluciones antepa-sadas -sobre todo la soviética, aún lachina no había dado a conocer su acu-ñación de versículos para millones-que por los publicistas y semiólogosdel alto capitalismo de las mercancías,como los que ahora legislan sobre la publicidad política.Los mencionados versículos -verdade-ros
 speechacts
del peronismo entendi-do como noticiario de masas-, la leta-nía, la cartilla, donde lucía menos elacervo de sentencias de cuño estraté-gico del Perón militar -y menos tam- bién cierto aire martinfierresco y anto-logía de refranes-, que una silabarioremotamente evangélico, revelaba co-mo se seguían estrechamente los idea-les de organización social que recla-maban el histórico
dogma de los in-dustriales
, un tanto lejanos del sansi-monismo y del Echeverría del sigloXIX -no tanto como se cree-, pero lu-ciendo en su centro la elaboración dela noción de pueblo, para no desmen-tir que toda invocación de la políticanace allí. Aunque en este caso, la doc-trina -las formas restrictivas de controldel riesgoso orden de discurso, comotantas veces los sabios foucaultianoshabían sugerido- clausuraba con enun-ciados concluyentes y mayusculados,PUEBLO, lo que nunca deja de ser undebate sometido a reinterpretacionesen vagarosa cursiva, letra pequeña o bastardillas provisorias de la historia,volátil tipografía de las revoluciones burguesas, "desde el Estado" o de lasotras.La doctrina fijada en las imprentas delEstado, nacía sin embargo para que seoperase el ejercicio de reinterpreta-ción, permitido por su irregular nivelde agregación y por sus implantesaxiomáticos sacados de los arconesmixturados de todas las lenguas políti-cas del siglo. La práctica de los here-siarcas estaba en las entrelíneas del
dictum
 peronista y vaya si los precisa- ba: los había llamado en su propiaenumeración de valores, tentando alque salía de las filas protegidas y se-guras para probar el camino seductor de la reprobación, como hereje queluego sería reivindicado como así lohacía suponer el largo ciclo de los pensamientos evangélicos con su figu-ra esencial, el hijo pródigo.La historia posterior del peronismo,admitió varias situaciones cismáticas,que ocasionalmente fueron tomadas por la voz central del peronismo, unPerón que había dado su nombre a to-do y que ensayaba también, no tanocasionalmente, sus dotes de primer 
 Heresiarca
: el potencial cisma deCooke, nunca consumado, sin uso dela cartilla oficial y con un lenguajeculto, cuasi-luckasiano y proto-sartre-ano de estratega clásico (planes deoperaciones para la toma del poder); lahermenéutica conspiracional de
 guar-dia de hierro
, con su mito centroeuro- peo del estado-pueblo (con la consi-guiente invocación a las edénicas "or-ganizaciones libres del pueblo", un li- bertarismo estatalista ligado a la
communitas
 primordial); la de monto-
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