PRÓLOGO A LA QUINTA EDICIÓN La presente edición difiere de
Ία
an-terior en lo siguiente: he escrito 546 ar-tículos nuevos; he reescrito totalmente213 artículos; he ampliado o modificado,a veces sustancialmente, 262 artículos. Además, he revisado el texto, he corre- gido errores, he ampliado datos, y he puesto al día la bibliografía.Como resultado, abunda en esta edi-ción el material nuevo. Éste abarca el conjunto de las disciplinas filosóficas yde la historia de la filosofía. He seguido prestando particular atención a los te-mas de ontología y metafísica, lógica,teoría del conocimiento, filosofía de laciencia, antropología filosófica e historiade la filosofía. Pero he ampliado no pocolas partes relativas a ética, filosofía dela religión, filosofía de la historia, teoríade los valores y estética. He añadido co- pia de artículos sobre filósofos llamados"menores'', antiguos, medievales y moder-nos, y he ampliado el número de losconsagrados a filósofos contemporáneos.Sin desviarme de la norma de no diluir excesivamente la sustancia filosófica, heincluido también algunos artículos sobreconceptos y figuras que, sin ser estric-tamente filosóficos —conceptos y figurasimportantes, por ejemplo, en la ciencia,en la teología, en el pensamiento social y político—, han mantenido, o mantienen,relaciones particularmente estrechas concuestiones suscitadas en filosofía. Aunque he penado mucho por ampliar y mejorar esta obra, no pretendo que sea perfecta. Por lo demás, mi ideal en estecaso no es la perfección; creo más razo-nable trabajar por alcanzar lo bueno queholgazanear soñando en lo mejor. Por es-te motivo, aunque esta obra está, y estará siempre, abierta a revisiones y mejoras,estimo que en el estado actual de losconocimientos filosóficos es razonable-mente suficiente. En todo caso, las revi- siones y las mejoras no pueden consistir en pulir y repulir la obra hasta la exas- peración. Estoy plenamente de acuerdoen que hay que revisar, corregir y pulir;en esta actividad he consumido inconta-bles horas y casi he arruinado mis ojos. Pero en una obra de las dimensiones deésta no se pueden practicar los mismosejercicios de virtuosismo conceptual ylingüístico que son de rigor en otros es-critos menos dilatados. Esta obra no esun lindo ensayito. No es, ni puede ser,cosa remirada y relamida. Hay que lu-char sin tregua contra la chapucería in-telectual. Pero en cierto tipo de obrashay que rehuir el estéril perfeccionismo. Dadas las proporciones que alcanzó estaobra ya en la edición precedente —hasta el punto de que desde entonces pudo ser considerada como una Enciclopedia y no sólo como un Diccionario— varios críticosme han aconsejado que desistiera de ser a la vez el director y el ejecutante, y querecabara el auxilio de colaboradores másdiestros que yo en cada una de lasdisciplinas filosóficas y en cada uno delos períodos históricos. Este consejo esharto tentador, inclusive por razones personales; el tiempo y el esfuerzo gastados en la confección de este Diccionario me han impedido a menudo poner mayores empeños en la elabora-ción de escritos más "personales", hacialos que, como filósofo, siento cierta de-bilidad. Sin embargo, aunque la trans- formación sugerida introduciría en estaobra no pocas mejoras, creo que las ven-tajas así conseguidas no compensarían losinconvenientes. En la obra presente el conjunto importa por lo menos tanto co-mo el detalle. Pues este Diccionario es ya como un imponente y complejo edi- ficio, con su fachada, sus alas, sus gale-rías, sus largos e intrincados corredores, sus sótanos y sus ventanales. He alcan- zado a familiarizarme con todos ellos y, por descontado, con sus fundaciones. Puedo —todavía— recorrer el edificio entodas direcciones y orientarme en él sin