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Temporada 9 / Noviembre 2011. Número 132
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El corazón y otros frutos amargos
/ Javier Goñi
Déjenme que les diga que les diga que era un hombrevoraz, que con el mismo apetito devoraba libros, pelí-culas, música que consumía amigos, que los tuvo apuñados. Era hombre de un corazón enorme, y enor-me de aspecto, te abrazaba como un oso amigo, erageneroso hasta llegar al sobrepeso, y el corazón, esecazador solitario –Carson McCullers—, le estalló elpasado viernes 7 de octubre, en Ma-drid, a donde había venido desde suZaragoza, que se la conocía como lapalma de su mano, esa mano—cicerone que te ofrecía si tenías lasuerte de asomarte, como un turista,a la ciudad aragonesa: hoy, miérco-les, Fiesta de El Pilar: la Virgen delPilar dice que no quiere ser francesa,sino capitana de la tropa aragonesa:en mi infancia zaragozana, el día delPilar ponían Agustina de Ara-gón, Aurora Bautista dando enfervo-rizados gritos en blanco y negro.Le estalló el corazón a Félix Ro-meo (Zaragoza, 1968) el otro día, elcorazón solitario, ese deCarson McCullers, el corazón y otros frutos amargos, que decía Ignacio Aldecoa, alos dos los había leído Félix, de los dos, y de todos, yde todo sabía Félix, y su entusiasmo era contagioso, ysu risa era contagiosa, y su humor era contagioso, susaber no tanto: ahí el contagio es menos uniforme, nole alcanzábamos ninguno, en saberes, en conocimien-tos, en curiosidades.Siempre se ha dicho, maliciosamente, que una necro-lógica tiene algo de exaltación yoística del que la es-cribe, es como si éste, uno, hablara de sí mismo apro-vechando la ausencia del otro. Decía Jesús Ferre-ro hace años, en una conferencia pública en el Círculode Bellas Artes, hablando deEl club de los siete maldi-tos –parece un título de novela de misterio británicadel periodo de entreguerras, o una novelita inolvida-ble de Enid Blyton—, un puñado de escritores jóvenes y malditos, poetas y letraheridos, que aquellos, al mo-rir, se “ausentaron de la vida”, y recuerdo ahora estaspalabras de Ferrero, porque me las encuentro –subrayadas a lápiz: yo subrayo los libros, Félix, no, mereñía por hacerlo—, en un libro hermosísimo, quehabla de vida, de exaltación, aunque lo escribie-ra, Félix, tantos años después, para explicarse no có-mo murió –ese salto voluntario poruna ventana— su amigo, ChuséIzuel, un jovencísimo escritor quepodía tener todo el futuro en sumano y al que una contrariedadamorosa le fundió todas las lucesdel horizonte, sino para entendercómo no vieron su amigos, Félix,los otros, que Chusé no encontrabamás futuro que el suelo que estabadebajo de su ventana en esa casade estudiantes aragoneses en Bar-celona, donde (a)campaban a susanchas la amistad, la literatura, elalcohol y el sexo, cada cosa en sus justas proporciones, alguna deellas –sea la que fuese— de formavoraz.Félix voraz, le cuadra.Aquel libro, nada elegíaco, pero hermosísimo, se titu-ló Amarillo, lo publicó en 2008 Ediciones Plot, que esuna pequeña editorial de losTrueba –así en conjunto,hermanos, padre e hijo, tío y sobrino, y adheri-dos, Fernando, David, Jonás—. Fue su último libro. Seha ido con 43 años y tres libros: Dibujos animados,aparecido, primero, en una editorial zaragozana, MiraEditores, una primera edición que nunca he visto yque me gustaría encontrar, a modo de homenaje, enla Feria del Libro de Ocasión, de Recoletos, aquí enMadrid: igual me paso hoy miércoles, Fiesta Nacional,que va a estar todo el paseo lleno de tanques, soldadi-tos españoles (y ecuatorianos, colombianos), aviones,paracaidista rojigualda, y la cabra de la Legión. Lo de
DISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUEDISCOTHÈQUE
Félix RomeoFélix Romeo
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