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CÓMO HACER COSAS CON FOUCAULT(Conferencia en el Máster de “Filosofía y Cultura”, Sevilla, Facultad deFilosofía, 23 de noviembre de 2011)Por Francisco Vázquez G.
Lo que pretendo hacer en esta charla no es impartir una lección sobre MichelFoucault, sino más bien relatar mi propia experiencia en el trato con un determinadoinstrumental teórico, mostrar el modo general en que me he servido de él y en el que,quizás, otros puedan también hacerlo para afrontar otras investigaciones y preguntassobre nuestro presente. En particular, me he servido del instrumental foucaultiano paraanalizar ciertos problemas actuales relacionados con la política sexual en España y entiempos del SIDA: la preocupación por la prostitución, el transgenerismo y la cirugíadel cambio de sexo, la educación sexual, la homofobia.Probablemente sea Foucault uno de los pensadores contemporáneos más glosadoen los últimos veinte años (innumerables monografías, tesis doctorales, obras colectivas,congresos, foros de debate y entradas en Internet, etc..). El “efecto Foucault” se hahecho notar con una fuerza especial en determinados sectores académicosnorteamericanos, siendo considerado por muchos como el gran teórico del movimiento
queer 
, el maestro pensador de las alternativas
 gays
, lesbianas y transgeneristas.Me parece, no obstante, que en este vasto murmullo, pueden distinguirse dosmodos de actuar en relación con el proyecto intelectual del filósofo de Poitiers.Por una parte estarían los “foucaultistas”, los estudiosos dedicados con devociónal desciframiento de sus escritos, a deslindar las etapas de su trayectoria, fijando susdesplazamientos y sus convergencias teóricas con otros autores. Esta relación,netamente hermenéutica, es tal vez la s extendida, al menos en los mediosacadémicos franceses y españoles. En estos casos, las intervenciones de Foucault sonafrontadas como si se tratase de un
corpus
textual, desde la perspectiva de un lector, deun intérprete. Se tiene por tanto un conjunto de trazas textuales que el intérpretecomenta exhaustivamente con objeto de dilucidar su significado. ¿Qué quiso decir verdaderamente el filósofo?. Se trata de una interrogación en términos de búsqueda delsentido, para reconstruir el
logos
que anima al discurso-objeto.
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 Ni que decir tiene que esta perspectiva es la que permite entronizar a Foucault enlos protocolos de la filosofía tal como esta se imparte en instituciones escolares, talescomo el Instituto de Secundaria o la Facultad de Filosofía. Ya tenemos al pensador francés ingresado en las filas de la historia de la filosofía, en nuestros temarios deoposiciones y manuales. Esta aproximación hermenéutica al autor lo inscribe en lanómina de los grandes pensadores; lo eleva pero a cambio de insertarlo en la totalidadde una tradición, es decir, en el patrimonio de una comunidad lingüística que comparteuna herencia cultural.Junto a esta recepción hermenéutica, que obedece al modelo de la lectura, existeotra bien diferente. Junto a la recepción “foucaultista”, se podría hablar de unarecepcn “foucaultiana”. En este caso, las contribuciones del filósofo no seríanexperimentadas como un conjunto de textos, sino más bien, como decía el propioFoucault, cercano en esto a Wittgenstein, como una “caja de herramientas”, un“instrumental conceptual”. Con esto quiero decir que se trataría de acercarse a susintervenciones, no como un fín en sí mismas, sino como un medio, algo para ser utilizado, no para ser descifrado. Los cursos, los libros, las entrevistas o las conferenciasimpartidas por Foucault serían entonces experimentadas no en términos de
logos
, sinoen términos de
 praxis
, no preguntándose ¿qué significan?, sino más bien inquiriendo:¿cómo puedo hacerlos funcionar en relación con problemas o con conflictos que tal vezni siquiera Foucault llegó a entrever?Se trata de hacer valer una aproximacn praxeológica, no hermenéutica;relacionarse con un conjunto de dichos y escritos que no se ofrecen para ser comentadosy descifrados sino que incitan a hacer cosas con ellos; en este sentido, no comunicannada; acan. El propio fisofo frans, mostrando en esto una vocaciónantiintelectualista, gustaba verse a sí mismo como un artesano o como un guerrero másque como un lector. “Yo a los que amo los utilizo”, llegó a afirmar cuando le preguntaron por su relación con la obra de Nietzsche, autor al que apenas dedicó unamonografía.Esta experiencia eminentemente pragmática implica que no hay que considerar,como hacen tantos comentaristas a lo Habermas, los conceptos de Foucault
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(arqueología, enunciado, dispositivo, poder, biopolítica, gobierno, etc..) como algo paraconsiderar y discutir en y por sí mismos, sino como herramientas para ponerlas atrabajar en relación con problemas empíricos muy delimitados y muy modestos si se losconsidera desde la altiva mirada del filósofo: estrategias para la gestión de la familia ode la delincuencia, regímenes disciplinarios en bricas y escuelas, regulacionesminúsculas de la conducta sexual, aparición de la estadística social o de las pólizas deseguros, etc..Como es de imaginar, este tipo de aproximación pragmática a Foucault no es precisamente el que ha prevalecido en las Facultades de Filosofía, que es, al menos enlos casos de Francia y España, donde más se ha comentado la obra del filósofo. Estaexperiencia instrumental o pragmática implica un tipo de trabajo intelectual que estámuy alejado del que se suele encontrar entre los profesionales de la filosofía; se acercamás a las maneras requeridas por los especialistas en ciencias sociales. El filósofo profesional suele entender a menudo su tarea a partir del modelo ofrecido por el escritor o el artista; se trata de la ilusión de la página en blanco; el ensayo o la disertación brillantes escrito en soledad y sustentado en las armas del propio pensamiento o, a losumo, de la propia biblioteca. El trabajo en clave foucaultiana sigue en cambio rutasmuy distintas; exige familiarizarse con las modestas técnicas de investigación empíricaque utilizan sociólogos o historiadores: la búsqueda, clasificación y criba de fuentes dearchivo, la práctica precisa del método comparativo, la construcción de objetos biendelimitados a partir de hipótesis coherentes, la elaboración de pruebas a partir de laconvergencia de indicios múltiples. Implica asimismo la apertura a un trabajo enequipo, no sólo por la abundancia del material empleado, sino para contrastar lasconjeturas y corregirlas a partir de la crítica recíproca y complementar las referencias ylas competencias de los distintos miembros del grupo.En cualquier caso, para que este uso de Foucault no se convierta en una merarepetición mecánica de lo dicho por el filósofo francés, o en un simple trabajo deimitacn; diciendo lo mismo que Foucault pero a partir de otros materiales ydemarcaciones geográfico-culturales, hay que hacer prevalecer el análisis empírico por encima de las propias aportaciones teóricas tomadas de Foucault. Esto es, hay que estar dispuesto a corregir y a contradecir lo que dijo el filósofo francés; de lo contrariocaeremos en la reducción de sus esquemas teóricos al estatuto de
vulgata
. Lo importanteno es decir que “aplicamos el método de Foucault”, como si se tratáramos de ganar 
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