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Zizek - Mantener El Lugar

Zizek - Mantener El Lugar

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Published by de_la_faim
"creo que Butler tiene razón cuando enfatiza que también hay otro camino abierto: no es “necesario ocupar la norma dominante para producir una subversión interna de sus términos. A veces es importante rechazar sus términos, dejar que el término mismo se marchite, quitarle su fuerza” (JB, p.181). Esto significa que la izquierda tiene hoy una elección ante sí: o acepta el horizonte democrático liberal predominante (democracia, derechos humanos y libertades…) y emprende una batalla hegemónica dentro de él, o arriesga el gesto opuesto de rechazar sus mismos términos, de rechazar categóricamente el chantaje liberal actual, de acuerdo con el cual propiciar cualquier perspectiva de cambio radical allana el camino al totalitarismo. Es mi firme convicción, mi premisa político-existencial, que el viejo lema de 1968 “Soyons réalistes, demandons l’impossible!” sigue en pie: son los defensores de los cambios y las resignificaciones dentro del horizonte democrático liberal quienes resultan verdaderos utópicos en su creencia de que sus esfuerzos redundarán en algo más que la cirugía estética que nos dará un capitalismo con rostro humano."
"creo que Butler tiene razón cuando enfatiza que también hay otro camino abierto: no es “necesario ocupar la norma dominante para producir una subversión interna de sus términos. A veces es importante rechazar sus términos, dejar que el término mismo se marchite, quitarle su fuerza” (JB, p.181). Esto significa que la izquierda tiene hoy una elección ante sí: o acepta el horizonte democrático liberal predominante (democracia, derechos humanos y libertades…) y emprende una batalla hegemónica dentro de él, o arriesga el gesto opuesto de rechazar sus mismos términos, de rechazar categóricamente el chantaje liberal actual, de acuerdo con el cual propiciar cualquier perspectiva de cambio radical allana el camino al totalitarismo. Es mi firme convicción, mi premisa político-existencial, que el viejo lema de 1968 “Soyons réalistes, demandons l’impossible!” sigue en pie: son los defensores de los cambios y las resignificaciones dentro del horizonte democrático liberal quienes resultan verdaderos utópicos en su creencia de que sus esfuerzos redundarán en algo más que la cirugía estética que nos dará un capitalismo con rostro humano."

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08/04/2013

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Mantener el lugar 
Slavoj Žižek 
*
Butler: lo Real y su malestar{307}
Quizás, el estatus de lo real (lacaniano) sea el objeto último de desacuerdo en nuestro debate; permítaseme, pues, comenzar reiterando lo que percibo como el núcleo del problema. La crítica deButler descansa en la oposición entre el (objetivado, prototrascendental, prehistórico y presocial)“orden simbólico”, es decir, el “gran Otro”, y la “sociedad”, como el campo de las luchassociosimbólicas contingentes. Todos sus argumentos principales contra Laclau o contra mí puedenreducirse a esta matriz: la crítica básica de que nosotros hipostasiamos una formación históricamentecontingente (aun si es la Falta misma), en un a priori formal presocial prototrascendental. Por ejemplo, cuando escribo “acerca de la falta que inaugura y define –negativamente- la realidad socialhumana”, supuestamente postulo “una estructura transcultural de la realidad social que presuponeuna socialidad basada en posiciones de parentesco ficticias e idealizadas, que dan por sentado que lafamilia heterosexual constituye el vínculo social definitorio para todos los seres humanos” (JB, p.146). Si formulamos el dilema en éstos términos, entonces, por supuesto,el desacuerdo parece inevitable. ¿Queremos afirmar que hay un gran Otro ideal, o un pequeñootro ideal, que es más fundamental que cualesquiera de sus formulaciones sociales? ¿Oqueremos preguntar si cualquier idealidad correspondiente a la diferencia sexual puede noestar constituida por normas de género activamente reproducidas que hacen pasar su idealidadcomo esencial a una diferencia sexual presocial e inefable? (JB, p.149)La línea de razonamiento crítico sólo funciona, sin embargo,
 si lo Real (lacaniano) es silenciosamente reducido a una norma simbólica a priori prehistórica
, como es evidente a partir dela siguiente formulación: “El carácter formal de esta diferencia sexual presocial, originaria, en suvacío ostensible, es
alcanzado
, precisamente, a través de la reificación por la que cierto diformismoidealizado y
{308}
necesario prende” (JB, pp. 149 y 150, las cursivas pertenecen al original). Si,entonces, la diferencia sexual es elevada a una norma prescriptiva ideal –si todas las variacionesconcretas de la vida sexual están “limitadas por esta condición normativa no tematizable” (PB, p.153), la conclusión de Butler es, por supuesto, inevitable: “En tanto planteo trascendental, ladiferencia sexual debe ser rigurosamente objetada por todo aquel que quiera protegerse de una teoríaque prescribiría de antemano qué tipos de acuerdos sexuales estarán permitidos o no en la culturainteligible” (JB, p.154). Butler es, naturalmente, consciente de que
il n’y a pas de rapport sexuel 
deLacan significa, precisamente, que toda relación sexual “real” está siempre manchada por el fracaso;sin embargo, ella interpreta este fracaso como el fracaso de la realidad histórica contingente de lavida sexual en realizar plenamente la norma simbólica. Por consiguiente, puede afirmar que, para loslacanianos, “la diferencia sexual tiene un estatus trascendental
incluso cuando
surgen cuerpossexuados que no encajan perfectamente en el dimorfismo ideal de género”. De manera que yo podría“aún así explicar la intersexualidad afirmando que
el ideal sigue estando allí 
, pero que los cuerpos encuestión –contingentes, formados históricamente- no se conforman al ideal” (JB, p.150, las cursivasme pertenecen).Sugeriría que, para aproximarnos a aquello a lo que Lacan apunta con su
il n’y a pas de rapport  sexuel 
, habría que comenzar reemplazando, en la cita precedente, la expresión
incluso cuando
por 
 porque
: “La diferencia sexual tiene un estatus trascendental
 porque
surgen cuerpos sexuados que noencajan perfectamente en el dimorfismo ideal de género”. Es decir: lejos de servir como una normasimbólica implícita que la realidad nunca puede alcanzar, la diferencia sexual como real/imposiblesignifica precisamente que
no hay tal norma
: la diferencia sexual es esa “roca de la imposibilidad”sobre la cual toda “formalización” de la diferencia sexual zozobra. En el sentido en que Butler hablade universalidades en competencia, podemos, por lo tanto, hablar de
 simbolizaciones/normativizaciones de la diferencia sexual en competencia
: si puede decirse que ladiferencia sexual es “formal”, es por cierto una forma extraña; una forma cuyo resultado principal es
 
 precisamente minar toda forma universal que intenta capturarla. Si insistimos en hacer referencia a laoposición entre lo universal y lo particular, entre lo trascendental y lo contingente/patológico,entonces debemos decir que la diferencia sexual es la paradoja de lo particular que es más universalque la universalidad misma; una diferencia contingente, un resto indivisible de la esfera “patológica”(en el sentido kantiano del término) que siempre de algún modo hace descarrilar, desequilibra, a laidealidad normativa misma. Lejos de ser normativa, la diferencia sexual es, por consi
{309}
guiente,
 patológica
en el sentido más radical del término: una mancha contingente que todas las ficcionessimbólicas de las posiciones de parentesco simétricas tratan en vano de obliterar. Lejos de constreñir la variedad de disposiciones sexuales por anticipado, lo Real de la diferencia sexual es la causatraumática que pone en movimiento su proliferación contingente.
1
Esta noción de lo Real también me permite responder a Butler cuando critica a Lacan por hipostasiar al “gran Otro” en una suerte de a priori trascendental prehistórico: cuando Lacan afirmaenfáticamente que “no hay gran Otro [
il n’y a pas de grand Autre
]”, su idea es precisamente que nohay ningún esquema estructural formal a priori exento de las contingencias históricas; hay sóloconfiguraciones inconscientes, contingentes, frágiles. (Por otra parte, lejos de aferrarse a la autoridadsimbólica paterna, el “Nombre del Padre” es, para Lacan, una
impostura
, una
apariencia
que ocultaesta inconsistencia estructural.) En otras palabras, la afirmación de que lo Real es inherente a loSimbólico es estrictamente idéntica a la afirmación de que “no hay gran Otro”: lo Real lacaniano esesa “espina en la garganta” traumática que
contamina
toda idealidad de lo simbólico, y lo vuelvecontingente e inconsistente. Por esta razón, lejos de oponerse a la historicidad, lo Real es sufundamento “ahistórico” mismo, el a priori de la historicidad
misma
(en esto coincido totalmente conLaclau). Podemos, pues, ver que toda la
topología
cambia desde la descripción que hace Butler de loReal y del “gran Otro” como el a priori prehistórico hasta su funcionamiento efectivo en el edificiode Lacan: en su retrato crítico, Butler describe a un “gran Otro” ideal que persiste como norma, auncuando nunca es plenamente realizado, aun cuando las contingencias de la historia frustran suimposición plena, mientras que el edificio de Lacan está centrado, más bien, en la tensión entrealn “absoluto particulartraumático, aln cleo que resiste a la simbolizacn, y las“universalidades en competencia” (para usar el apropiado término de Butler) que se esfuerzan envano por simbolizarlo/normalizarlo.
2
{310}
La brecha entre la forma simbólica a priori y la historia/socialidad es absolutamente ajena aLacan; es decir, la “dualidad” con la cual Lacan opera no es la dualidad de la forma/norma a priori, elOrden simbólico, y su imperfecta realización histórica: para Lacan, así como para Butler, no hay
nada
fuera de las prácticas simbólicas inconsistentes, parciales, contingentes, ningún “gran Otro” quegarantice su consistencia última. Pero, en contraste con Butler y los historicistas, Lacan fundamentala historicidad de distinta manera: no en el simple exceso empírico de la “sociedad” respecto de losesquemas simbólicos (aquí Laclau tiene razón en su crítica a Butler: su idea de la sociedad/historiacomo opuesta a “lo simbólico” es una referencia empirista directa a una ontológicamente inexplicadariqueza positiva de la realidad), sino en el núcleo resistente
dentro
del proceso simbólico mismo. LoReal lacaniano no es entonces simplemente un término técnico para el límite neutral de laconceptualización –aquí deberíamos ser lo más precisos que fuera posible con respecto a la relaciónentre el trauma como real y el ámbito de las prácticas históricas sociosimbólicas: lo Real no es ni presocial ni un efecto social-; la cuestión es, más bien, que lo Social mismo está
constituido
por laexclusión de algún Real traumático. Lo que está “fuera de lo Social” no es alguna forma/normasimbólica a priori positiva, sino meramente su gesto fundacional negativo mismo.
3
Como resultado, cuando Butler critica mis supuestas incoherencias, queda enredada en los efectosde su propia lectura reductiva de Lacan: impone a Lacan la red de oposiciones clásicas (formatrascendental
versus
contenido contingente; ideal
versus
material); luego, cuando el objeto resiste y,naturalmente, no encaja en este esquema, ella lee esto como la inconsistencia de la teoría criticada(¿
dónde
, por ejemplo, describo “alternativamente [lo Real] como material e ideal” [JB, p.157]?). Enun sentido semejante, Butler a menudo apela al hecho obvio de la tensión codependiente entre los dostérminos, como el argumento en contra de su distinción conceptual. Por ejemplo, si bien
{311}
respaldo su planteo respecto de que “no sería posible postular de un lado del análisis la norma social,
 
y del otro la fantasía, pues el modus operandi de la norma es la fantasía, y la sintaxis misma de lafantasía no podría leerse sin una comprensión del léxico de la norma social” (JB, p.160), insito, sinembargo, en que debe mantenerse la distinción formal entre estos dos niveles: la norma social (elconjunto de reglas simbólicas) es sostenida por fantasías; puede operar sólo a través de este soportefantasmático, pero la fantasía que la sostiene tuvo que ser, no obstante,
repudiada
, excluida deldominio público. Es en este nivel, precisamente, donde encuentro problemática la noción de HannahArendt de la “banalidad del Mal”: para traducirlo en algo crudamente al lacanés, el planteo de Arendtes que el ejecutor-sujeto nazi ideal (como Eichmann) era un puro sujeto del significante, un anónimoejecutor burocrático privado de cualquier bestialidad apasionada; cumplía lo que se le pedía o lo quese esperaba de él por una cuestión de pura rutina, sin ningún involucramiento. Mi contratesis es que,lejos de funcionar efectivamente como un puro sujeto del significante sin ninguna idionsicrásicainvestidura fantasmática, el sujeto nazi ideal
 sí 
se apoyaba en la bestialidad apasionada articulada enescenarios fantasmáticos obscenos; estos escenarios no eran, sin embargo, subjetivamente asumidos,de modo directo, como parte de su autoexperiencia personal: estaban externalizados, materializadosen el “objetivo” aparato ideológico del Estado nazi y su funcionamiento.
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Quizás la mejor manera de marcar la distancia teórica-política que me separa de Butler sea a travésde lo que considero su aporte más potente y políticamente más comprometido con nuestro debate: suargumentación a propósito del reclamo de reconocimiento legal para los matrimonios homosexuales.Mientras reconoce las ventajas involucradas en tal reconocimiento (que las parejas homosexualesreciban todas las habilitaciones a las que tienen acceso las parejas casadas de heterosexuales, quesean integradas a la institución del matrimonio y, así, reconocidas como iguales a las parejasheterosexuales, etc.),
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ella se concentra en las trampas de apoyar esta demanda: al hacerlo, losgays quiebran su alianza (o, para decirlo en términos de Laclau, se excluyen a sí mismos de la cadenade equivalencias) con todos aquellos
no
incluidos en la forma legal del matrimonio (padres solteros,sujetos no monógamos, etc.,); además, fortalecen a los aparatos del Estado al contribuir a acrecentar su derecho a regular las vidas privadas. El resultado paradójico es, pues, que la brecha entre aquelloscuyo estatus está legitimado y aquellos que viven una existencia en las sombras se amplía: los que permanecen excluidos están más excluídos todavía. La contrapropuesta de Butler es que, en vez derespaldar la forma legal del matrimonio como la condición de las habilitaciones (a dar herencia, paternidad, etc.), habría que luchar, más bien, por 
disociar 
estos derechos de la forma delmatrimonio: hacerlos independientes de ella.Aquí, mi primer planteo general es que, con referencia al modo en que se elabora la noción deuniversalidad política en la filosofía política francesa reciente (Rancière, Balibar, Badiou), yo percibola existencia sombría de aquellos que están condenados a llevar una vida espectral por fuera delámbito del orden global, borroneados en el fondo, inmencionables, sumergidos en la masa informe dela “población”, sin siquiera tener un lugar particular propiamente dicho que les pertenezca, de unamanera ligeramente distinta a Butler. Llegaría a afirmar que esta existencia sombría es
el sitio mismode la universalidad política
: en política, la universalidad se afirma cundo semejante agente sin lugar  propio, “fuera de quicio”, se postula como la encarnación directa de la universalidad contra todosaquellos que sí tienen un lugar en el orden global. Y este gesto es a la vez el de la subjetivación, dadoque “sujeto” designa, por definición, a una entidad que
no es “sustancia”
: una entidad dislocada, unaentidad que carece de su propio lugar dentro del Todo.Si bien, por supuesto, apoyo totalmente los objetivos políticos de Butler, mi principal recelo tieneque ver con el hecho de que ella concibe el poder estatal a la manera foucaultiana, concibe el poder estatal como un agente de control y regularización, inclusión y exclusión; la resistencia al poder estáentonces localizada, naturalmente, en las esferas marginales de aquellos que están excluidos osemiexcluidos de la red del poder oficial, y llevan una sombría semiexistencia espectral, sin un lugar  propio dentro del espacio social, impedidos de afirmar su identidad simbólica. En consecuencia,Butler localiza la lucha emancipatoria ante todo en la resistencia de estos agentes marginales contralos mecanismos reguladores del Estado, que se desarrolla dentro de la sociedad civil. Y bien, ¿cuál esmi problema con este marco? Lo que Butler deja fuera de la consideración es que
el poder estatal mismo está dividido desde
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adentro y se apoya en su propio lado inferior espectral obsceno
: los

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