• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • 2
    CommentGo Back
Download
 
 1
Este
país…
Mario Heler Hay un uso coloquial de una expresión para nombrar a nuestro país que norequeriría aclaraciones. Funciona casi como una muletilla que, sin embargo, arrastrauna serie de connotaciones que comprenden una visión sobre la Argentina.Podemos suponer que no se cuestiona su uso, porque precisamente cada uno creeen algunas de tales connotaciones más o menos tácitas que su uso engloba. Merefiero a nombrar a la Argentina, en medio de una conversación, con “…
este
 país…”, para introducir una cuestión del diálogo sobre la argentinidad, o bien utilizar-la como nexo o conclusión. Tal vez ensayar una explicitación de sus connotacionespuede ayudarnos a pensar en la problemática a la que de alguna manera respondeeste libro, pues la expresión habla del modo en que los argentinos se identifican(nos identifican y nos identificamos) como tales.¿Quién puede decir que no ha usado la expresión “
este
país” para nombrar anuestra Argentina? Un modo de nombrar, en principio, despectivo, quejoso. Suutilización parece aludir a algo
absurdo
: únicamente en nuestro país ocurriría lo queocurre (más allá de pruebas en contrario). Y también sugiere algo
inaudito
peroesperable. Podría hasta entenderse que la expresión posee resonancias acerca deun cierto fraude, que se toma como evidente por todos, y sobre el consecuentesentimiento de frustración, expresado con una ironía rayana en el cinismo. Más aun,el énfasis en el “este” podría estar ubicándonos en una posición pasiva, pues pareceseñalar a un país que
nos hace cosas:
es la causa de nuestros males individuales ycolectivos, mucho más que de las bondades; en tanto que nuestro mérito, por ser argentinos, consistiría en padecer, en el tener que soportar, las circunstancias a lasque nos somete la Argentina.Se inferiría entonces que nuestro país, en vez de darnos lo que debería, nosfrustra, ya que falla… nos falla; y entonces, como dice el autor de este libro,
lo quesomos nunca es lo que deberíamos ser.
Con “
este
país”, la
argentinidad,
fuente yfundamento de los avatares de nuestra existencia colectiva e individual, no satisfaríalas expectativas que genera… entre ellas la de un presunto “destino de grandeza”siempre incumplido. La argentinidad se presenta entonces como un fantasma (unespanto, diría Borges), inasible pero efectivo, que nos hace trampas. Trampas que
 
 2
impiden ordenarnos y así encauzarnos por el camino hacia ese destino. En últimainstancia, seríamos víctimas de un
desgobierno
que cancela nuestras ilusiones yesperanzas como argentinos.Esta expresión coloquial para referirnos a nosotros mismos y al país que nosalberga, es sintomático de la problemática que aborda Luis García Fanlo: ¿
cómosomos los argentinos
? Pregunta que se convierte en un interrogante arqueológico ygenealógico:
¿cómo llegamos a ser lo que somos?
De cualquier manera, cabría señalar que el uso de la expresión “
este
país”corresponde más bien a un sector de los argentinos: la
clase media
. Un sector nofácil de delimitar y determinar, que acarrea problemas teóricos (y también políticos)para dar cuenta de su comportamiento en diferentes momentos de nuestra historia.El autor se ocupa del momento en que se da su constitución como “clase”, entrefines del siglo XIX y principio del XX, a partir de los discursos sobre la argentinidad.Una clase social objeto de denuncias irónicas por parte de Arturo Jauretche, en
El Medio Pelo en la Sociedad Argentina
(1966) y
Manual de Zonceras Argentinas
(1968). Pero aquel momento de constitución ha dejado marcas que perduran yoperan en nuestra actualidad (incluso después de la aparición del peronismo).El autor adopta para su investigación una
mirada
foucaultiana, con la que dacuenta sociológicamente de una idea tan lábil y multifacética como la de“argentinidad”. Y digo “mirada”, porque no se trata de evaluar su fidelidad alpensamiento de Michel Foucault, sino de la riqueza que logran sus elaboracionesadoptando esa mirada. Hace pie en un momento histórico y en las condiciones deproducción, circulación y consumo de uno de los discursos definitorios en laincrustación de ese saber-poder que crea la argentinidad: el de Carlos OctavioBunge. No busca entonces ninguna esencia o hipostaciación de la argentinidad, sinoque su interpretación refiere a las condiciones de posibilidad históricas deconstitución de los argentinos.Si conforme a la definición dominante de cientificidad hace falta hablar del“enfoque metodológico” de su investigación, éste apunta a los procesos deformación de los saberes, a los sistemas de poder que regulan las prácticas y a losmodos en que los individuos pueden y deben reconocerse como sujetos (sujetados)de la argentinidad. Atiende de esta manera a los efectos de verdad y también depoder de un determinado discurso que es productor de las relaciones sociales queconducen a los sujetos a ser de determinada manera.
 
 3
Su planteamiento supone preguntar por las
condiciones históricas de posibilidad,
las que hicieron que el discurso de Carlos Octavio Bunge constituyera undecir autorizado, socialmente aceptable, produciendo efectos de poder no sólo en elcampo intelectual, sino también conformando a esa aún inexistente subjetividad delos argentinos (inclusive más allá de su época). Y en el caso de Bunge, su discursocontiene explícitamente tecnologías de saber-poder que se aplicaron para producir esos efectos de verdad y poder, de realidad. Sintéticamente, podríamos decir quebajo estas condiciones su discurso se hizo carne, se encarnó en los argentinos, através de libros como
Nuestra Patria
(publicado en 1910 y que tuviera diecisietereediciones hasta 1930).Es que con Bunge, la consigna alberdiana “gobernar es poblar” deriva en“gobernar es educar”. Bajo nuevas condiciones sociales creadas por lamodernización capitalista y la gran inmigración, y desde una perspectiva positivista yevolucionista, comprendió que educar consistía en gobernar con métodos científicosno sólo los cuerpos sino también las almas, para que de esa manera el organismosocial se reprodujera coordinada y armoniosamente, previendo riesgos dedegeneración. Para Bunge se trataba de asegurar conservadoramente la
evolución,
 mediante adaptación y selección natural, y así, de un modo productivo más querepresivo, evitar la
revolución
.El autor interpreta que el discurso bungeano engloba tres modos desubjetivación:
el patriotismo escolar, la cultura del trabajo y la “aspirabilidad” 
. Si elprimer modo apunta a la unidad nacional, poniendo a la patria por encima de todointerés individual, racial o de clase, estableciendo que lo que existe es la patria (talcomo ya está dada), el segundo conciliaba la lucha individual por la existencia con elbien común, en sintonía con demandas del capitalismo. Mientras que el tercerooperaba generando la adaptación de cada cual a su lugar en la sociedad, poniendolímites a la movilidad social en la persecución de la perfección dentro de lasposibilidades instauradas para cada parte del organismo social. Los tres modos desubjetivación debían operar articuladamente. En su interpretación, constituyen la
moral 
argentina; una moral que pone el acento en la conciliación social y queencontró en la clase media su “superficie de emergencia”. La exploración de GarcíaFanlo nos interpela a continuar la reflexión sobre la cuestión de la vinculación entreargentinidad y clase media, desde su constitución hasta el presente.
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...

Me alegro mucho por haber dado con este autor, y con esta materia. Me sirve de mucho para entender nuestra politica, desde sus gobiernos hasta sus gobernados. Es muy esclarecedor, espero conseguir pronto este libro.

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...