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EL CARACTER DEL OBRERO DE DIOS

EL CARACTER DEL OBRERO DE DIOS

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El carácter del obrero del Señor
CONTENIDO1.
 
Saber escuchar a otros
 2.
 
 Amar a todos los seres humanos
 3.
 
Estar dispuestos a sufrir
 4.
 
Golpear el cuerpo y ponerlo en servidumbre
 5.
 
Ser diligentes
 6.
 
Restringirse al hablar
 7.
 
Ser estables
 8.
 
No ser subjetivos
 9.
 
Concerniente al dinero
 10.
 
Otros asuntos de importancia
 PREFACIO
Esta serie de diez mensajes que tratan del carácter del obrero de Dios fuerontraducidos y publicados previamente bajo el título
 El obrero cristiano normal.
  Ahora presentamos una nueva traducción de estos mensajes, titulada
 El carácter del obrero del Señor,
en conformidad con el título que se publicó originalmenteen chino. El libro abarca las diez cualidades principales que todo obrero del Señordebe tener, si desea serle útil al Señor. Estos mensajes los compartió el hermano Watchman Nee en 1948 durante un adiestramiento para colaboradores. El tonofranco y directo que usó el hermano Nee obedece a la entrega incondicional de losparticipantes a dicho adiestramiento, quienes le dieron plena libertad para hablar y exhortar sin rodeos. Por tal motivo, sus palabras tocan lo más recóndito delobrero del Señor.
 
CAPÍTULO UNO
SABER ESCUCHAR A OTROS
La vida personal de un obrero del Señor está íntimamente relacionada con suobra. Por lo tanto, a fin de determinar si alguien es apto para ser empleado porDios, es necesario considerar su carácter, hábitos y conducta. Esto tiene que vercon la constitución de su carácter y la formación de sus hábitos. Tal persona nosólo requiere de cierta experiencia espiritual, sino una constitución apropiada ensu carácter; el Señor tiene que forjar un temperamento apropiado en ella. Sonmuchas las características que deben ser edificadas, cultivadas y desarrolladas enun obrero del Señor a fin de formar en él los hábitos apropiados. Dichascaracterísticas pertenecen más a su hombre exterior que a su hombre interior. A medida que estas características se formen en su hombre exterior, éste llegará aser más útil al Señor. Se requiere de mucha gracia y misericordia de parte de Diospara que esto ocurra. El carácter no se forma de un día para otro. Pero si dichoobrero recibe la suficiente luz de parte del Señor y si sabe escuchar la vozconstante de su Señor, Dios por Su misericordia reconstruirá en resurrección unnuevo carácter en él y los elementos naturales e indeseables de su persona seránrestringidos y juzgados y no tendrán más cabida en su ser. A continuaciónmencionaremos algunas lecciones que todos los obreros experimentados delSeñor han comprendido y han asimilado. Si alguno carece de alguna de estaslecciones, fracasará en su servicio.
UNO
La primera cualidad que mencionaremos es la capacidad para escuchar a otros.Todo obrero del Señor debe cultivar este hábito en su vida diaria. No me a refieroque deban oír a los demás en el sentido de obedecer lo que estos digan; a lo queme refiero es que deben saber escuchar a otros en el sentido de captar y entenderlo que ellos dicen. Es muy necesario que este rasgo forme parte de la vidapersonal de todo obrero. Ningún obrero del Señor desempeñará bien su funciónsi sólo le gusta hablar, pero no sabe escuchar a otros. La utilidad de tal obreroserá muy limitada si sólo es como una ametralladora que habla incesantemente.Ningún obrero del Señor debe volverse uno que habla sin cesar, sino que debeaprender a escuchar a los demás y a comprender sus problemas, interesándosesinceramente por ellos. Si un cristiano acude a un siervo del Señor en busca deayuda, el obrero, al escucharle, deberá ser capaz de discernir tres clasesdiferentes de palabras: las que la persona expresa, las que intencionalmente sereserva y no las dice, y las palabras que oculta en lo profundo de su espíritu.
 
Primero, debemos entender cabalmente lo que la persona realmente estádiciendo. Para ello, debemos ser personas tranquilas delante del Señor, con unamente clara y un espíritu apacible. Nuestro ser interior debe ser como un papelen blanco delante del Señor. No debemos tener ningún prejuicio, ideaspreconcebidas ni inclinación alguna. Tampoco debemos tomar ningunadeterminación en particular ni emitir ningún juicio de nada. Al escuchar a lapersona exponer su caso nuestra actitud debe ser perfectamente calmada delantedel Señor. Debemos aprender a escuchar. Si hacemos esto, lograremoscomprender el asunto que la persona está presentándonos.No es fácil escuchar. Debemos preguntarnos cuánto entendemos realmente alescuchar a un hermano que trata de explicarnos su problema. En ocasiones,cuando varias personas escuchan un mismo caso, puede haber distintasinterpretaciones del mismo asunto, tantas como el número de personas que loescuchan. Una persona puede tener una impresión y otra algo distinto; cada cualforma su propia impresión. Sería desastroso si hubiera tantos conceptosdiferentes con respecto a una verdad. Saber escuchar a otros requiere de unadiestramiento básico, y entender lo que otros tratan de expresar es uno de losrequisitos fundamentales de todos los obreros. ¿Qué sucedería si alguien vinieraa presentarle un problema esperando recibir ayuda, y usted no entendiera suspalabras? ¿Qué respuesta le daría si usted malentendiera por completo suproblema? Tal vez le daría una respuesta inadecuada basada en lo que ustedestaba pensando los últimos dos días. Algunos ponen su mente en un solo temapor un par de días, y cuando un hermano enfermo acude a ellos, le hablarán delasunto que los mantenía meditando, pues es lo único que ha ocupado su menteen esos días. Y cuando otro hermano, tal vez con buena salud viene a ellos,también le presentarán el mismo tema. Y si un tercer hermano, sin importar si seencuentra deprimido o gozoso, se acerca a ellos, también le hablarán de lomismo. No tienen el hábito de sentarse en silencio a escuchar lo que otros tienenque decir. Si un obrero del Señor no sabe escuchar a otros, ¿cómo podríaentonces brindarles alguna ayuda? Cuando otros hablen, debemos escucharloscuidadosamente y entender lo que dicen. Nuestra función es más delicada que lade un doctor tratando de diagnosticar a un paciente, pues él cuenta con unlaboratorio donde puede hacer pruebas que le ayudan a verificar sus variosdiagnósticos, mientras que nosotros tenemos que diagnosticar todos los casos sintal ayuda. Supongamos que un hermano viene a nosotros a contarnos susproblemas y nos habla por media hora de su caso. Si no somos capaces deescuchar atentamente lo que tiene que decirnos durante diez, veinte o treintaminutos, no podremos precisar la situación por la que está pasando, su trasfondo

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