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SALIR DEL ARMARIO
Igor Domingo
En la reciente guerra contra Irak, la falacia más empleada por nuestros gobernantes para acallar las voces críticas era que, si no respaldabas su deci-sión de declarar la guerra, te convertías automáticamente en defensor del régimen de Sadam y secundabas el terrorismo. Analógicamente, la cruzadacontra la droga argumenta que los usuarios de sustancias ilegales son necesariamente enfermos, suicidas progresivos, adictos carentes de voluntad quedependen de un producto que destruye sus vidas. Se niega, por tanto, la posibilidad de que existan consumidores responsables que utilizan las sustan-cias para su beneficio personal, ya sea con fines terapéuticos, lúdicos, religiosos o creativos. O blanco o negro, rehusando la amplia gama de maticesde gris que se arrellanan entre ambos extremos. La droga es mala y punto. Pecado mortal.En un mundo donde impera la economía por encima de la salud pública y de la propia razón, donde se tergiversa la información para adaptarla a oscu-ros intereses particulares, se hace necesaria una masiva “salida del armario” de todos esos consumidores a quienes la sociedad ha colgado el sambe-nito de “ilegales” privándoles del derecho a la evasión, de la búsqueda de la embriaguez, de su autonomía personal en definitiva. Personas que nuncaaparecerán en las noticias por hacer un uso indebido de las sustancias, que no reventarán por sobredosis y que tal vez jamás cometan otro delito que recu-rrir al mercado negro para adquirir lo que les niega papá Estado. Padres e hijos víctimas de la prohibición obligados a llevar una doble vida por miedo aser estampados con la vitola de la inmoralidad. Sólo mediante la información veraz se conseguirá alterar el estricto puritanismo del pensamiento úni-co. Algún día la palabra “droga” perderá toda connotación peyorativa y podremos referirnos a las sustancias como lo que son, meros instrumentos sinmoral cuyo valor sólo depende de la función que les otorguemos. Tal vez entonces ellas pierdan la magia, pero nosotros habremos ganado algo muchomás importante: la libertad. Y, si no, habrá que exiliarse a otro planeta…
EL NEGOCIO DE LA LIBERTAD
Fernando Cruz
Para algunos, el mercado manda. Para otros, oprime. En Francia, siguiendo la estela de USA y Gran Bretaña, las prisiones, por fin, van a ser negocio legalpara algunos, que ilegal ya lo son para muchos. El gobierno francés construirá diez nuevas y estupendas prisiones con duchas incluidas en habitacionesindividuales. Y es que las instituciones penitenciarias que existen actualmente en el país galo llegan a tener hasta un 130% de ocupación 365 días al año,que ya quisiera para sí el gremio de hosteleros. Entre reducir la demanda de prisiones o ampliar la oferta de plazas para potenciales presos, nuestros veci-nos se decantan por lo segundo, asumiendo que los presos son un bien escaso que hay que rentabilizar. El estado alquilará esas nuevas y flamantes fac-torías del encierro a empresas privadas que cobrarán por gestionar la pérdida de libertad de los penados. Y sería absurdo no pensar que lo que se pre-tende es llenarlas. Por fin la libertad, me refiero a la física, formará parte del mercado.El hecho en sí puede parecer lógico en esta loca dinámica integrista ultraliberal en la que accedemos a vivir. Pero no es moco de pavo. Si el negocio es jugo-so, extraño mundo éste, no descartemos en el futuro la creación de lobbies de gestores de prisiones que, en legítima defensa de sus intereses comerciales,presionen a juristas y políticos para que se endurezcan las penas que se deben aplicar o, incluso, que orquesten campañas de sensibilización ciudada-na hacia las bondades del encierro. Cuanto más largo éste, mejor para la sociedad y para el negocio. Claro, que, si el mercado es eficiente, como dicen,el tema se autorregulará solo. No será raro entonces ver a los propios futuros presidiarios intentar pactar condenas a muerte con fiscales por irrelevan-tes robos de gallinas, radiocassettes o transacciones de 10 euros de hachís, con el fin de evitar ver cómo por irrisorios delitos el Estado les confisca unbuen tiempo su libertad para alquiláserla después a potentes multinacionales de la clausura. Quizás, por fin, los presos, al perseguir su propia condenaa muerte, tendrán una manera de dar por culo al sistema: morirse. O, para ser más precisos, ser matados antes que someterse a semejante oprobio. Seacabaría entonces el negocio de la libertad. Pero está todo bien pensado: la pena de muerte no se contempla en la legislación gala vigente. Para ase-gurarse de que el mercado es realmente eficiente, el estado no duda en intervenir. Habrá que joderse...
 
opinión
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PRECISIÓN DE LOS ANÁLISIS DE PASTILLAS
Hipólito
Vivimos en la era de la precisión, la exactitud, la normalización. Pero, por más empeño que se ponga, no es factible que cada existencia humana enca- je como una pieza perfecta de un engranaje social perfecto. Aunque economistas y gestores tiendan a vernos a todos como unidades de producciónintegradas en una sociedad-fábrica, lo cierto es que no somos máquinas. Nos comportamos como seres libres. Y la libertad se mide por la capaci-dad del individuo para responder de forma inesperada, imprecisa, inexacta, anormal. Así, el comportamiento libre puede ser tachado de anormal.Consumir drogas ilegales es para muchos una anormalidad y, como tal, debe ser corregida, es decir, reprimida. Pero los datos cantan. A pesar de laescalada represiva, los consumos no paran de crecer. Ante esta realidad, hace ya algunos años que las autoridades más sensatas han apoyado lasprimeras medidas para la normalización. Y ahí tenemos las estrategias de reducción de riesgos y, como procedimiento específico para esa droga cono-cida como éxtasis, los análisis cualitativos de pastillas. A estas alturas hay quien se está replanteando el método. Se alega una falta de precisiónde la técnica, que puede transmitir una falsa seguridad e inducir al consumo. Un estudio inglés establece que hasta un 10 % de las analíticas de lasanidad pública son erróneas. Aunque es un margen aceptable, esta realidad obliga a los médicos a repetir y contrastar los resultados. Del mismomodo, las ONGs que efectúan análisis cualitativos in-situ no se limitan a facilitar un resultado positivo o negativo. Hablan con el consumidor, le daninformación y le explican el significado real del resultado. Los análisis son herramientas normalizadoras, tan válidas para la reducción de riesgos comolo puedan ser para el diagnóstico clínico. Pero un puesto de análisis en una discoteca explicita el uso de drogas. Lo que realmente se esconde detrásdel ataque a los análisis es la incapacidad de algunas autoridades para aceptar la realidad de un consumo creciente y cada vez más asumido. Y nopueden aceptarlo porque evidencia el fracaso de unas políticas represivas a las que esas mismas autoridades tienen especial aprecio.
NADA
Eduardo Hidalgo
Estoy muerto. Es ahora cuando entiendo la versión del Dr. Jansen de la célebre máxima cartesiana: “Pienso… luego estoy muerto”. Floto en un espa-cio oscuro e infinito. No recibo ningún tipo de información o sensación proveniente de mi propio cuerpo. No lo noto. Ha desaparecido. Pero sigo pen-sando. Soy conciencia en estado puro, sin referente físico ni corporal. Necesariamente debo de estar muerto. Existo, es cierto, pero en otra dimen-sión de la existencia: la Vida después de la Vida, la Vida después de la Muerte. Sigo flotando. Entreveo una luz. Su tenue claridad torna la oscuridaden un túnel sombrío. La luz me atrae. Me dirijo hacia ella. Resulta cálida, agradable. Estoy muy cerca de alcanzarla. Suenan trompetas: tuuuuuu…tuuuuuuu… Hay un gran estruendo: hierros, chirridos, chispas, un rumor grave y ensordecedor… En una décima de segundo entiendo lo que está pasan-do: voy a morir. Demasiada ketamina. He estado vagando como un sonámbulo. Me he metido, sin saberlo, en el túnel abandonado cerca de la rave.No estaba abandonado. En un instante seré arrollado por un tren de alta velocidad… ¡¡¡CHOFFF!!! Ahora sí: estoy muerto. Floto en un espacio oscu-ro e infinito. Entreveo una luz…Además de las apasionantes y sugerentes implicaciones que puedan tener para áreas tan dispares del saber humano como la neuroquímica, la psi-cología, la medicina, la drogología, la religión o la mismísima física cuántica, no hay duda de que las Experiencias Cercanas a la Muerte tienen un incues-tionable encanto literario. Sin embargo, como relatos del Más Allá, me resultan mucho más creíbles las lacónicas referencias que aportan los yon-quis que, tras una sobredosis de heroína, son resucitados de paradas cardiorrespiratorias fulminantes con una administración de naloxona:“¡¡¡Estabas muerto, chaval!!! Dime qué has visto. ¿Una luz? ¿Un túnel? Dime qué hay al otro lado…”. “NADA”.

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