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LA IMPARCIALIDAD JUDICIAL EN LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS

LA IMPARCIALIDAD JUDICIAL EN LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS

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Noviembre . Diciembre 2009
 
 Año 2
 
COORDINADORA EDITORIAL
Andrea Verónica Cajaraville
DISEÑO EDITORIAL
Microjuris S.A.
COORDINADORA EJECUTIVA
Janett Fuentealba Rollat
SECRETARIO EJECUTIVO
Rodrigo Aros Chia
SUB-DIRECTORA
Ángela Vivanco Martínez
DIRECTOR
Raúl Madrid Ramírez
STAFF
Número
/ 08
DATOS DE CONTACTO
editorial_chile@corp.microjuris.comAndrés de Fuenzalida N° 17 Of. 42.Providencia, Santiago Chile+56 (02) 426-8400 / www.microjuris.cl
CENTRO DE ESTUDIOS
de la Pontificia Universidad Católica de Chile
para el derecho y la ética aplicada 
BOLETIN
(CEDAP-UC)
DEL
CONTENIDO
1.0
LA IMPARCIALIDAD JUDICIAL EN LA JURISPRUDENCIADEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS
Prof. José Luis Bazán
 
Noviembre . Diciembre 2009
NOTA 01
1
LA IMPARCIALIDAD JUDICIAL EN LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DEDERECHOS HUMANOS
1.0
1/ La imparcialidad judicial como derechofundamental en el Convenio Europeode Derechos Humanos
El artículo 6.1 del Convenio Europeo de DerechosHumanos (en adelante, CEDH) establece que:
“Toda persona tiene derecho a que su causa sea oída(...) por un Tribunal independiente e imparcial establecido por la ley,que decidirá los litigios sobre sus derechos y obligaciones de carácter civil o sobre el fundamentode cualquier acusación en materia penal dirigidacontra ella. (...)”.
La relevancia del proceso justo, sostiene el Tribu-nal Europeo de Derechos Humanos (en adelante, TEDH) en su sentencia Deweer c/. Bélgica, de 27 deFebrero de 1980, explica que el Art. 6 CEDH serefiera al orden público de los Estados miembrosdel Consejo de Europa, por lo que toda medida odecisión que pueda ser contraria a dicha dispo-sición ha de ser examinada con especial cuidado.El derecho al juez imparcial es, como se observa,uno de los que conforman el derecho al procesoequitativo (junto con otros, como la igualdad dearmas procesales o el derecho a audiencia), y setrata, afirma Vázquez Sotelo, de un presupuesto jurídiconatural de todo proceso, que encuentrasus antecedentes en regulae iuris del DerechoRomano como
“Ne quis in sua causa iudicet” 
o
“Nemo sibi sit iudex.
Y es que, como afirma el Tribunal Europeo deDerechos Humanos (en adelante, TEDH), en rea-lidad los tribunales no son instituciones imper-sonales sino que operan a través de los juecesque los componen. La realidad personal de losmiembros de un tribunal es preciso conjugarlacon el
rule of law 
o imperio del Derecho, quepostula no solo su supremacía sobre las volun-tades particulares, sino la necesidad de una igual-dad en su aplicación.La imparcialidad, sostiene De la Oliva, está estre-chamente relacionada con el desinterés objetivo(pero no igual a éste), y significa la posición tras-cendente de la Jurisdicción (de los órganos que laejercen) respecto de los sujetos jurídicos afectadospor dicho ejercicio. Con otras palabras: la impar-cialidad arguye que, junto a la ordinaria existenciade sujetos jurídicos en posiciones procesales con-trapuestas, los órganos jurisdiccionales se encuen-tran en una posición distinta y neutral. El término“posición”, continúa,recalcaría que la imparcialidadno es una recta disposición de ánimo (como sig-nificaría por ejemplo, el término “actitud”), sino unaposición objetiva de los órganos jurisdiccionales.Aunque imparcialidad e independencia son con-ceptos cercanos, pueden ser distinguidos. Así, laindependencia, según De la Oliva, consistiría en laausencia de vínculos de dependencia o, lo que esigual, formulado positivamente, en la absoluta so-beranía de cada órgano jurisdiccional en el ejerci-cio de su oficio jurídico de aplicación del Derecho.Al ejercer la jurisdicción, los órganos jurisdicciona-les no dependen de nadie y están sujetos única-mente al Derecho mismo.
NOTA 01
 01
1
José Luis Bazán
José Luis Bazán2
Ap. 49.
156
José Luis Vázquez Sotelo, “Los principios del Proceso Civil(Ensayo doctrinal), en AA. VV.,
Responsaiurisperitorum digesta,Vo-lumen 1,
Ediciones Universidad de Salamanca,1ª ed.,2000,p.114.
 
“Ne quis in sua causa iudicet”(Código de Justiniano 3.5: “Quenadie actúe como juez en asunto propio”); “Nemo sibi sit iudex”(Código de Justiniano 3.5.1: “Que nadie sea juez de sí mismo.”). EnRafael Domingo (dir.),
Textos de Derecho Romano,
Aranzadi,Pamplona, 1998, p. 315.
 
Sentencia Chmelí? c/. República Checa, de 12 de octubre de2005 (final), ap. 67.Andrés de la Oliva y otros, Derecho procesal: introducción,Editorial Ramón Areces, Madrid, 3ª ed.,2004, p. 26.Ibídem, p. 27.
2356434
*
El profesor Bazán es abogado, Doctor en Derecho por laUniversidad de Navarra y ex Rector de la Universidad Católica deParís (Sede Madrid).
*
 
En todo caso, la cercanía de los conceptos deimparcialidad e independencia judicial ha llevadoal TEDH, en no pocas ocasiones, a conocer de loscasos examinando uno y otro conjuntamente.Afirma el Consejo Consultivo de Jueces Europeosen su
Informe nº 3 (2002) a la atención del Comité deMinistros del Consejo de Europa sobre los principios y reglas que rigen los imperativos profesionalesaplicables a los jueces y especialmente la deon-tología, los comportamientos incompatibles y laimparcialidad,
que:
“La confianza y el respeto hacia la magistratura sonlas garantías de la eficacia del sistema jurisdiccional:los justiciables perciben la conducta del juez en suactividad profesional como un factor esencial de lacredibilidad de la justicia
.Sostiene López Barja de Quiroga que la justiciarequiere la concurrencia de dos elementos conexosy coexistentes:
“por una parte, la justicia ha de ser impartida por  jueces imparciales, y por otra, además, la sociedad ha de constatar que así es.” 
El Consejo Consultivo de Jueces Europeos opinaque cada juez debería adoptar
 , “encualquier circunstancia, un comportamiento imparcial y que,además, lo parezca”.
En concreto, respecto de lasactividades políticas dicho Consejo enfatiza eldeber de
“abstenerse de cualquier actividad políticaque por su naturaleza comprometa su independen-cia y atente contra su imagen de imparcialidad”,
muestra de que dicha imagen es un aspecto rele-vante de la percepción social de imparcialidad.La imparcialidad no se predica del juez en relaciónexclusivamente al poder político. Serra Cristóbalafirma que:
“Hay que preguntarte si el juez (…) esindependiente de las asociaciones profesionales osindicatos a los que pertenece, si lo es de su ideología, prejuicios o simpatías, si lo es de los medios de comu-nicación, si lo es del placer de participar en debates públicos y ser conocido, si lo es de sus conviccionesreligiosas, etc.” 
La imparcialidad no sólo queda afectada por elcomportamiento del juez en el ejercicio de susfunciones como tal. También su conducta fueradel ámbito profesional puede comprometer suimparcialidad. Es cierto que en cuanto ciudadanos,los jueces tienen reconocidos los mismos derechosy libertades fundamentales (entre ellas, obvia-mente, las libertades de opinión, de conciencia,religión, etc.).
“No es deseable, afirma el ConsejoConsultivo de Jueces Europeos, “que el juez quedeaislado del contexto social en el que se mueve: el buen funcionamiento de la justicia implica que los jueces estén en conexión con la realidad social.” 
 Pero al mismo tiempo reconoce que
“dichas activi-dades representan en ocasiones riesgos para su im- parcialidad e, incluso, enocasiones, para su indepeden-cia. Por consiguiente, conviene encontrar un equili-brio razonable entre el grado del compromiso del  juez en la sociedad y la garantía de su independen-cia y de su imparcialidad, así como de las aparienciasde dicha independencia y de dicha imparcialidad enel ejercicio de sus funciones. En este orden de cosas, la pregunta que habría que plantearse siempre, es la desaber si el juez, en un contexto social preciso, y a losojos de un observador informado y sensato, parti-cipa en una actividad que podría comprometer objetivamente su independencia o su imparcialidad.
Efectivamente, es de fundamental importancia enuna sociedad democrática, como afirma el TEDHen su sentencia Driza c/. Albania,
“que los tribunales
NOTA 01
2
NOTA 01
 02
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Jacob López Barja de Quiroga, Instituciones de derecho proce-sal penal, Ediciones Jurídicas Cuyo,Mendoza, 2001, p. 453.Informe n.º 3 (2002) del Consejo Consultivo de Jueces Europeos,op. cit., ap. 50, iii).Ibídem., ap. 50, xii).Rosario Serra Cristóbal, La libertad ideológica del juez, Tirant loBlanch-Universidad de Valencia, 2004, p. 30.
9111012
Op. cit, ap. 27.Informe n.º 3 (2002) del Consejo Consultivo de Jueces Europeos(CCJE), op. cit., ap. 28. Informe n.º 3 (2002) del Consejo Consultivode Jueces Europeos (CCJE), op. cit., ap. 28.Sentencia de 2 de Junio de 2008, ap. 74. En igual sentido,sentencia Padovani c/. Italia, de 26 deFebrero de 1993, ap. 27.
141513
Noviembre . Diciembre 2009
José Luis Bazán
Así, por ejemplo, en la sentencia Grieves c/. Reino Unido, de 16de Diciembre de 2003. Indica Calvo Sánchez que, para el trata-miento de la abstención y recusación judicial, si bien independen-cia e imparcialidad están estrechamente unidas,
“siendo la primerainstrumento necesario para conseguir la segunda, perte-necen a dosmomentos distintos desde los que la Jurisdicción puede ser contem- plada: así, mientras que la independencia pertenece al momentoconstitucional, a la jurisdicción como potestad, laimparcialidad  pertenece al momento procesal, a la jurisdicción como función.” 
EnMaría del Carmen Calvo Sánchez, “Imparcialidad: abstención yrecusación en la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000, de 7 deenero”, en AA. VV., Responsa Iurisperitorum digesta, Volumen 2,Ediciones Universidad de Salamanca, 1ª ed., 2001, p. 91.Estrasburgo, 19 de noviembre de 2002, ap. 22. En:https://wcd.coe.int/ViewDoc.jsp?Ref=CCJE(2002)OP3&Language=lanSpanish&Ver=original&Site=COE&BackColorInternet=FEF2E0&BackColorIntranet=FEF2E0&BackColorLogged=c3c3c3#P87_9586

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