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Domingo III de Aviento (ciclo B)
La primera lectura de hoy es una preciosa profecía del ministerio de Cristo enmedio de nosotros. En ella se nos enuncian algunos de los rasgos determinantes de laacción del Señor en medio de nosotros.En primer lugar se nos recuerda que el Señor viene “
 para dar la buena noticia a los quesufren…a los corazones desgarrados…a los cautivos…a los prisioneros
”. Se nos recuerda así queel ministerio salvador de Cristo está dirigido al hombre que reconoce y siente su debilidad,su enfermedad, su cautividad. Los hombres que no se reconocen como tales, los que estánsatisfechos y contentos de sí mismos, se sitúan fuera del alcance de la misión salvadora deCristo, porque, como dijo la Virgen María: “
a los hambrientos los colma de bienes y a los ricoslos despide vacíos
” (Lc 1,53). Para poder ser alcanzado por la gracia liberadora de Cristo, esnecesario tomar conciencia de la propia enfermedad, de la propia miseria espiritual, de lospropios límites; lo cual, ciertamente, no es agradable para el hombre.Y aquí entra en consideración el papel espiritual de todo lo que en nuestra vida esfracaso, impotencia, incapacidad, sufrimiento, derrota, de todo aquello que nos hiereporque pone ante nuestros ojos nuestros límites y nuestra incapacidad para superarlos.También y sobre todo el pecado, que es el mayor de nuestros límites y el más humillante.Sin embargo “
el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido
” (Lc 19,10). Esimprescindible, pues, saberse y reconocerse pecador, para poder beneficiarse de la acciónsalvadora de Cristo. Por eso Juan el Bautista predicaba un bautismo de penitencia, dereconocimiento de los propios pecados y de la necesidad de una conversión (Lc 3,3).En segundo lugar Isaías nos recuerda que el encuentro con Cristo posee un carácternupcial y que por eso Dios nos da “
un traje de gala…como novio que se pone la corona, o noviaque se adorna con sus joyas
”. El bautismo -no el de Juan el Bautista, sino el bautismo “
enEspíritu Santo y fuego
” (Lc 3,16), que Cristo nos ha traído- consiste en un encuentro nupcialcon Cristo, tal como Pablo recuerda a los corintios: “
Os tengo desposados con un solo esposo para presentaros como una casta virgen a Cristo
” (2 Co 11,1). El propio Juan el Bautistareconocerá este carácter esponsal de Cristo y de su amor: “
El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Ésta es, pues, mi
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