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Sinesio López - La reinvención de la historia desde abajo

Sinesio López - La reinvención de la historia desde abajo

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Published by José Ragas
Este artículo examina la posible relación entre los autores de la coyuntura intelectual y editorial de los 80 y los lectores de la coyuntura del 2000.
Este artículo examina la posible relación entre los autores de la coyuntura intelectual y editorial de los 80 y los lectores de la coyuntura del 2000.

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LIBROS & ARTESPágina 1
LA REINVENCNDE LA HISTORIADESDE ABAJO
n este breve ensayo examino la posible relación entre losautores de la coyuntura intelectual y editorial de los 80 y los lectores de la coyunturadel 2000. Mi interés se centra en la producción bibliográfica más relevante einnovadora en el campo de la sociología, la antropología, la política y la historia de esadécada y en los modos a través de los cuales los lectores de comienzos del siglo XXI seapropian, recodifican y resignifican los libros que leen a partir del contexto y de loscódigos culturales que ellos comparten. Mi hipótesis es que ambas coyunturas pertenecen a un mismo tiempo cultural, que el desfase cronológico entre ellas no essignificativo debido a que los tiempos culturales se desplazan lentamente y que la radicaltransición económica y estatal de los 90, en la medida que fue inducida desde fuera eimpuesta por los poderes fácticos, tampoco afectó esa unidad cultural.
Sinesio López
E
Página 1LIBROS & ARTES
   A   l   b  e  r   t  o   F   l  o  r  e  s   G  a   l   i  n   d  o .   C  a  r   i  c  a   t  u  r  a   d  e   C  a  r   l  o  s   T  o  v  a  r .
 
LIBROS & ARTESPágina 2
Para Carlos Iván
LA INVERSION DE LAHISTORIA OFICIAL
En la década del 80 del siglo pa-sado, luego de los masivos movi-mientos populares de los 60 y los70, aparecieron diversas y sugeren-tes visiones del Perú en las que lasclases populares jugaban un papelprotagónico. En esa década se pu-blicaron los siguientes libros:
 Nue-va historia general del Perú
, de Car-los Araníbar Serpa, Luis GuillermoLumbreras y otros (1979);
 Europa y el país de los Incas: La utopíaandina
(1986) y
 Buscando un Inca
(1986) de Flores Galindo;
 El otrosendero
de Hernando de Soto(1986);
Conquistadores de un nue-vo mundo, de invasores a ciudada-nos en San Martín de Porres,
deCarlos Iván Degregori, NicolásLynch y Cecilia Blondet (1986);
 Los caballos de Troya de los inva-sores, estrategias campesinas en laconquista de la gran Lima,
de JurgenGolte y Norma Adams (1987);
 Eldesborde popular 
(1987), de JoséMatos Mar;
 Nacimiento de una uto- pía, muerte y resurrección de losincas
(1988), de Manuel Burga;
 Identidad clasista en el sindicalismo,su impacto en las fábricas,
de Car-men Rosa Balbi (1989);
 El Perú des-de la escuela,
de Gonzalo Portoca-rrero y Patricia Oliart (1989) y
 Laotra modernidad,
de Carlos Franco(1991). A este ciclo intelectual per-tenece también el exitoso libro deJulio Cotler,
Clases, Estado y Na-ción
(1978), que ha tenido variasediciones y una docena de reproduc-ciones en las décadas posteriores. Laprimera edición tiró 10,100 ejem-plares, cifra muy significativa si seconsidera el estrecho mercado dellibro peruano.Existen algunos elementos co-munes en el conjunto de estas vi-siones. En primer lugar, todas ellasreconocen el papel protagónico delas clases populares en el Perú delsiglo XX y elaboran discursos paraexplicar ese protagonismo. En se-gundo lugar, ellas constituyen unarevolución copernicana en esa his-toria que comienza a ser mirada yconstruida desde los de debajo, re-virtiendo el sentido elitista de la his-toria oficial. Este rasgo tiene algu-nos antecedentes ilustres en las dosdécadas anteriores. El primero es
 Laemergencia del grupo cholo en lasociedad peruana
(1965), de AníbalQuijano. El otro antecedente es la
Teología de la liberación,
de Gus-tavo Gutiérrez (1971), que invier-te la relación religiosa en la IglesiaCatólica, mirándola, no ya desdela jerarquía eclesiástica, sino desdeel mundo de los pobres. En tercerlugar, la mayoría de ellas son ensa-yos que combinan diagnóstico ypropuesta explícita o implícitamen-te. En este sentido, esas obras, ensu mayoría, constituyen una espe-cie de manifiestos, lo que les otor-ga un atractivo especial para los lec-tores. Algunos de estos libros, por-tadores de estas lecturas y visionesdel Perú, fueron éxitos de libreríaen la década del 80 y han sido va-rias veces reeditados y reproduci-dos o masivamente fotocopiados.Algunos de ellos (
 El otro sendero,
de De Soto, y
Clases, Estado y Na-ción,
de Cotler) han sido, incluso,pirateados, lo que para libros de estanaturaleza, más allá del delito im-plicado, constituye una especie deconsagración. En cuarto lugar, to-das estas visiones se desarrollan enun contexto nacional complejo ycontradictorio de una frágil conso-lidación democrática, post-dictadu-ra velasquista: la presencia de unaizquierda legal vigorosa (IU), el des-pliegue de la violencia terrorista porparte de Sendero Luminoso y delMRTA y el agotamiento de la in-dustria sustitutiva de importacionescomo modelo de desarrollo. La co-yuntura editorial de los 80 se asen-tó sobre un mercado del libro másabierto y competido si se le com-para, por ejemplo, con la décadade los 60.
1. La emergencia del cholo
Casi es un consenso hoy en lasciencias sociales que, desde los años50, la población indígena inició uncamino cultural propio que AníbalQuijano ha llamado la cholificación(Quijano, 1967). Se trata de unaestrategia de aproximación –detensión entre la integración y la con-quista– a lo que se puede denomi-nar una “comunidad política nacio-nal” redefiniendo su propia identi-dad indígena sin asumir totalmen-te la identidad de la cultura criollaoccidental, sino dando lugar a unaidentidad nueva: el cholo. El mó-vil principal de esta opción ha sidolo que Carlos Iván Degregori ha lla-mado el mito del progreso y los ca-minos utilizados han sido principal-mente los movimientos campesi-nos, la demanda y la extensión dela educación en las localidades ru-rales, el comercio y la migraciónvoluntaria a las ciudades a partir delos años 50.En efecto, una de las corrientesmás importantes que incrementa-ron el caudal de la ciudadanía fuela transformación del indio en cam-pesino-indígena, primero, y de cam-pesino-indígena en ciudadano, des-pués. La primera transformación fueun proceso de larga duración gene-rado por la conquista y la coloniaque transformaron un imperio or-ganizado como el incaico en unaclase campesino-indígena (KarenSpalding, 1974; López, 1979). Lasegunda es un proceso más cortoque comenzó en la década del 50de este siglo y que consistió en laevolución cultural, social y políti-ca del campesino en general y delcampesino-indígena, en particular,hacia una nueva condición cuyopunto terminal ha sido un nuevociudadano de origen campesino.Varias han sido las principalesrutas que recorrieron los campesi-nos para desembocar en la conquis-ta de la ciudadanía: Los movimien-tos campesinos, sobre todo deaquellos que vivían en relacionesde servidumbre, las migracionesrural-urbanas, el mercado y el cam-bio cultural impulsado por elalfabetismo, el incremento del ni-vel educativo y el consumo crecien-te de medios de comunicación so-cial. Estas rutas se abrieron cuandoel campo tradicional dominado porel gamonalismo entró en un proce-so de descomposición debido prin-cipalmente a la centralización de laautoridad estatal y al desarrollo delmercado interno, procesos que ocu-rrieron después de los años 50. Gra-cias a estos procesos, el campesina-do-indígena no se encapsuló en sí mismo convirtiéndose en movi-miento indígena, como en otroslugares de América Latina, sino quese lanzó a buscar y organizar nue-vas alternativas de vida social, lamás importante de la cuales ha sidola conquista de las principales ciu-dades del país (Degregori, 1993 ).Todas estas rutas implicaron uncambio económico y social –expre-sado en diversas opciones ocupa-cionales tanto campesinas comourbanas–, otro de carácter sociopo-lítico –el tránsito de siervo a ciuda-dano– pasando por un cambio deidentidad: de campesino-indígenaa cholo.Ha sido Aníbal Quijano, si noel primero, uno de los primeros so-ciólogos que prestó especial aten-ción a lo que él llamó la emergen-cia del grupo cholo en la sociedadperuana. Quijano señaló que el con-texto de este fenómeno era “una so-ciedad
de
transición” de la socie-dad tradicional a una sociedad quebuscaba ser moderna gracias al pro-ceso de industrialización. Lacholificación misma que toca a unsector importante de la masa indí-gena es, para Aníbal Quijano, unacultura de transición, como lo es elacriollamiento que afecta a unaparte de la población indígena ychola y como lo es también la mo-dernización que toca a la sociedaden su conjunto, principalmente alos criollos. El punto terminal o lacomunidad política y cultural al quese llegue depende de las fuerzas so-ciales, políticas y culturales y de losproyectos que logren establecer unnuevo sistema institucionalizado yestable de dominación social.El sentido que tiene actualmen-te el término cholo es distinto al dela colonia. En esta predominaba uncriterio racial y étnico pues se lla-maba cholo al mestizo cuyos rasgosfísicos eran muy parecidos al indio.En la república se ha añadido, a lacaracterización colonial, la carac-terística social de pobre, superpo-niendo, de ese modo, los criteriosde casta con los de clase, con unpredominio étnico. A partir de los
Pablo Macera.
 
LIBROS & ARTESPágina 3
50 el término cholo ha ido perdien-do poco a poco su sentido racialpara asumir un significado princi-palmente cultural. Cholos son losportadores de la cultura indígenaque, por lo demás, no es la culturaindígena original de la época de losIncas sino una cultura que ha idocambiando a lo largo de la historiacomo producto de la interaccióncon la cultura criolla y occidental.Según Aníbal Quijano, lo que ca-racteriza a la cultura indígena es untronco indígena prehispánico, unaintegración a un conjunto culturaldistinguible de los otros y el hechoque sus portadores actuales tienenun entroncamiento con la pobla-ción indígena prehispánica.A partir de los años 50 comien-za a emerger en el Perú un sectorde la población “que se diferenciaal mismo tiempo de la poblaciónindígena y de la occidental, en tér-minos de ciertas características ex-ternas fácilmente visibles y de ele-mentos psicológico-sociales mássutiles”. Este sector nuevo, que losantropólogos comenzaron a llamarcholo, “se desprende de la masa delcampesinado indígena y comienzaa diferenciarse de ella adoptando oelaborando ciertos elementos queconforman un nuevo estilo de vida,integrado tanto por elementos deprocedencia urbano-occidental,como por los que provienen de lacultura indígena contemporánea. Elfenómeno de la ‘cholificación’ es unproceso en el cual determinadascapas de la población indígena cam-pesina van abandonando algunosde los elemento de la cultura indí-gena, adoptando algunos de los quetipifican la cultura occidental crio-lla, y van elaborando con ellos unestilo de vida que se diferencia almismo tiempo de las dos culturasfundamentales de nuestra sociedad,sin perder por eso su vinculaciónoriginal con ellas” (Quijano, 1976:19).Lo que diferencia a los cholosde los otros grupos étnicos es el des-empeño de ciertos roles –obrero deminas, albañil, chofer, pequeño co-merciante, mozo, sirviente, jorna-lero agrícola–, el bilingüismo, unavestimenta occidentalizada, elalfabetismo y un nivel elemental deeducación, la migración permanen-te, ciertos patrones urbanos de con-sumo (relojes, radios portátiles).Hacia los años 50, los jóvenes erancholos, los adultos entraban en unproceso de cholificación y los vie- jos se mantenían como indios. Loscholos ocupan una posición ambi-gua pues, procediendo de la pobla-ción indígena, tienden a diferen-ciarse de ella y, asumiendo elemen-tos de la cultura criolla, no se iden-tifican con ella. La población indí-gena, a su vez, los percibe semejan-tes a ella por la raza y la cultura,pero distintos por las ocupacionesy el idioma; mientras los criollos losperciben étnicamente distintos,aunque se vinculan a ellos por lasocupaciones que desempeñan. Loscholos combinan criterios étnicoscon criterios de clase en su propiaconstitución como grupo: “Por unaparte, los cholos resultan ser la capamás alta de la población indígena;por la otra, es la parte de la pobla-ción obrera o de las capas bajas dela clase media rural o urbana, y enconjunto participa de ambas carac-terísticas, en un conjunto no sepa-rable en la realidad” (Quijano,1996: 23).Esta ambigüedad comienza a sersuperada en la medida que el gru-po cholo toma conciencia de queparticipa en una situación social co-mún y se autoidentifica como ungrupo distinto de la población in-dígena y de los criollos.Aníbal Quijano señala que losprincipales canales de emergenciadel grupo cholo son el Ejército, enel que reciben educación y apren-den cierto roles ocupacionales nue-vos y del que vuelven a su comuni-dad como licenciados; los sindica-tos, en los que reciben cierto tipode entrenamiento para la acción;las organizaciones políticas, quedifunden en el campo elementosculturales provenientes del mundourbano; los clubes provincianos queconstituyen redes de apoyo y deadaptación de los migrantes a lasciudades.Existen, sin duda, otros canalesde cholificación. La mayoría de losestudios sobre los movimientoscampesinos de los años 50 en ade-lante han señalado que ellos comen-zaron cuestionando los abusos y lasrelaciones de autoridad y de explo-tación de los gamonales, avanzaronponiendo sobre el tapete la cues-tión de la propiedad de la tierra yculminaron tomando posesión dela misma y exigiendo al Estado lalegitimación de ese acto de pose-sión mediante la reforma agraria.Los movimientos campesinos fue-ron actos de protesta social que rei-vindicaban un derecho: la propie-dad de la tierra. Lo que no sabe-mos es si la tierra fue demandadacomo un derecho civil o como underecho social. Se sabe, sin embar-go, que muchos campesinos de-mandaban la recuperación de sustierras, que estaban en las manos delos gamonales, con títulos colonia-les bajo el brazo, títulos que se refe-rían a una posesión común de lastierras por parte de un ayllu o unacomunidad. Si eso era así, es pro-bable que muchos campesinos ha-yan reivindicado la tierra como de-recho social y colectivo. En todocaso, algunos proyectos de reformaagraria y la ley aprobada por el go-bierno del general Velasco consi-deraron la demanda campesina, nocomo un derecho civil que otorgaun derecho de propiedad sobre unbien de libre disponibilidad, sinocomo un derecho social, esto es,como un derecho acotado que seexpresaba en la consigna la tierrapara quien la trabaja. De ese modo,la tierra no entraba al mercado y ala economía de mercado sino queera un elemento definitorio de lasociedad rural que no era, obvia-mente, una sociedad de mercadoen la medida que los campesinosno entraban al mercado de traba- jo. Esto no impedía, sin embargo,que los campesinos produjeran parael mercado. Pese a los grandes cam-bios económicos, ocupacionales ypolíticos que implicaron los movi-mientos campesinos, este caminoes quizás el que menos cambios pro-dujo en la identidad de los campe-sinos en la medida que pararecorrerlo no tuvieron que salir desu habitat ni fueron inducidos porninguna agencia externa a algúntipo de etnocidio.
2. La teologíade la liberación
Gustavo Gutiérrez es uno de lospocos intelectuales universales delPerú actual. Y con razón. Su obraes leída, estudiada, comentada y cri-ticada no sólo por los teólogos dela Iglesia Católica sino por los aca-démicos de las principales univer-sidades del mundo. Su obra más co-nocida,
Teología de la liberación,Perspectivas (1971)
, lleva ya variasediciones y reproducciones en es-pañol y ha sido traducida a variosidiomas.Gustavo Gutiérrez no es sólo unteólogo sino un destacado intelec-tual que administra varios registrosa la vez: Se mueve con facilidad enel terreno de la filosofía, trata conerudición los temas de la sicologíay del sicoanálisis, está al día en losgrandes debates de las ciencias so-ciales, especialmente de la sociolo-gía, la política y la cultura, se des-plaza con fruición en el vasto cam-po de la literatura. Lo que quierodecir es que Gustavo Gutiérrez esun humanista, uno de los pocoscon que cuenta el Perú de hoy. Ycomo todo humanista, Gutiérrez eslo que Isaiah Berlin llamaba un in-telectual erizo, un pensador conmirada de águila que ama la sínte-sis y que sube sobre los hombros delos intelectuales zorros para desa-rrollar una perspectiva de largoaliento.Su pensamiento y su obra acom-pañan el
aggiornamento
de la igle-sia católica en el mundo y el tránsi-
Gustavo Gutiérrez.

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