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ERRORES COMUNES SOBRE GARCILASO
 Mariano Calvo
 
LA FECHA DE NACIMIENTOEl primero de los numerosos errores que arrastra la biografía de Garcilaso se refiere a la fecha de sunacimiento. Durante mucho tiempo se ha afirmado que fue 1503, luego se anotó 1501
… ¿Qué se
sabe de cierto y cuál es la fecha más probable? Hagamos un rápido examen al estado de la cuestión:El primero de los biógrafos del poeta, Fernando de Herrera, basándose en el testimonio del yernode Garcilaso, afirma que éste murió de 34 años en 1536, lo que significaría que debió de nacer entreoctubre de 1501 y octubre de 1502.Eustaquio Fernández de Navarrete, por simples conjeturas, supone a Garcilaso nacido en 1503.Hayward Keninston, se inclina por 1501, basándose en un verso de Garcilaso so
 bre “la perfectaedad”, que para Dante se situaba en los 35 años.
El documento más explícito al respecto es el de la prueba de nobleza de Garcilaso, al objeto deser investido Caballero de la Orden de Santiago, en 1523. Con este motivo, un testigo llamado PedroCabrera dice "que conoce a García Laso de la Vega e que será de edad de 25 años, poco más o
menos”
... De lo que se deduciría que Garcilaso habría nacido alrededor de 1498.Por otra parte, si consideramos que en septiembre de 1519 se sirve de un "curador" por ser menorde edad (la mayoría de edad se fijaba en 25 años), ello nos llevaría a concluir que el poeta nacióentre 1494 y 1505.Una última hipótesis apunta a que el poeta pudo nacer el 30 de septiembre de 1499, basándose enla dedicación testamentaria que hace Garcilaso en honor de San Jerónimo de tantas misas como añospodría tener en aquella fecha
(“treinta misas por mi alma con co
n
memoración de San Jerónimo”)
, loque sugeriría que el poeta pudo nacer el día de este santo, en la fecha referida.LA CASA NATALCon la mejor voluntad aunque con poco tino, la corporación municipal toledana de 1900 colocó unalápida conmemorativa a Garcilaso de la Vega sobre un muro que se suponía había formado parte dela casa natal del poeta, en la calle conocida como
 
“A
ntiguo cobertizo de Santo Domingo elAntiguo
. La lápida, que aún subsiste, consagró en mármol el error y lo ha consolidado en laconciencia de los toledanos hasta nuestros días.El muro erróneamente epigrafiado ha sido meca de espíritus selectos en búsqueda de huellasgarcilasianas. Alguno, como Rafael Alberti, dejó anotada en sus memorias la emoción que sintió altropezar con esa lápida en su deambular por los callejones toledanos.
 
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“LA MUERTE AIRADA” Y MANIPULADA
 Sobre la muerte del poeta circulan contrapuestas versiones, según las respectivas visiones española yfrancesa, cada una de las cuales sustentan interpretaciones adecuadas a sus respectivos enfoquesnacionalistas.Los textos españoles hablan del asalto a
la fortaleza
 de Le Muy y la muerte heroica del poeta mientras tratabade escalar valientemente, en vanguardia, sin casco nicoraza, un muro fuertemente defendido por soldadosfranceses.La versión francesa, por su parte, habla de unospartisanos que, escondidos en la torre de Le Muy,pretendían atentar contra la vida de Carlos V a su pasopor aquel lugar, pero en el momento decisivoequivocaron su objetivo y dispararon sus arcabucescontra Garcilaso, que cabalgaba junto al emperador.La versión más creíble de los hechos nos la ofrece undocumento encontrado en la Biblioteca del Escorial en1872, de un tal Martín García Cereceda, arcabucero delejército que invadió Provenza, el cual fue testigopresencial de cuanto ocurrió. Según éste, en una torre a lasalida de Le Muy se encontraban escondidos docehombres y dos muchachos franceses (da a entender quealgunos de ellos soldados desertores) que fuerondescubiertos y conminados a salir. Como estos se
 
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[3]negaron por miedo a ser llevados a galeras, se aplica la artillería hasta practicar un portillo por dondeseguidamente entraron dos capitanes que iniciaron negociaciones con los del interior. Mientras tanto,suben por la escala Garcilaso y otro capitán, y los de la torre tiran una piedra que rompe la escala ycae Garcilaso, produciéndose una herida en la cabeza, de la que muere tras veinticinco días deagonía.El relato de Martín García de Cereceda ofrece una alternativa entre la versión francesa y laespañola, menos gloriosa y patriotera de lo que a ambas interesaría, y sí más prosaica, como sueleser la realidad sin aderezos.LA LEYENDA DE RODASContra lo que suelen afirmar los textos biográficos, Garcilaso no participó en la expedición desocorro a la isla de Rodas, pues está acreditado documentalmente que en aquellas fechas (finales de1522) el poeta se encontraba en Valladolid, y luego, a lo largo de 1523, se halló acompañando aCarlos V a Burgos, Logroño, Pamplona y Fuenterrabía.A mediados de 1522 llegó a la corte del emperador, en Valladolid, una delegación de socorrodesde la isla de Rodas, frente a las costas de Turquía, que estaba siendo cercada por el GranSolimán. A finales de 1522 y principios de 1523 se organiza una pequeña expedición, en la que elcronista fantasioso Luis Zapata afirma que va Garcilaso, sin base alguna salvo la de enaltecer a todacosta los méritos guerreros del poeta.GARCILASO,
“OBJETOR”
 La crítica tradicional ha hecho de Garcilaso un icono de poeta-soldado, pero lo que esa misma críticaentiende como feliz complementariedad de facetas literarias y guerreras, Garcilaso lo sintió como
desgarramiento de polos contradictorios: “diverso entre contrarios” se definió. Diseminada por su
obra se perfila el continuo presentimiento de la muerte, que se manifiesta como la consecuenciainevitable del ejercicio de
las armas: “Ejercitando, por mi mal tu oficio,/ soy reducido a términos quemuerte/ será mi postrimero beneficio”/. Ni siquiera en el campo de batalla dejó Garcilaso de lanzar 
su permanente grito de angustia, que era la patética protesta de quien, poseyendo un sensible corazón
de poeta, se vio abocado a la “furia infernal, por otro nombre guerra”.“Así paso la vida, acrecentando/ materia de dolor a mis sentidos”. “ya de volver estoy
desconfiado;/ pienso remedios en mi fantasía,/ y el que más cierto espero es aquel día/ que acabará la
vida y el cuidado”. “La cierta muerte, fin de tantos daños,/ me hace descuidar de mi remedio”. “¿A
quién ya de nosotros el exceso/ de guerras, de peligros y destierro/ no toca y no ha cansado el granproceso?/ ¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro/ del enemigo? ¿Quién no vio su vida/ perdermil veces y escapar por yerro?/ ¡De cuántos queda y quedará perdida/ la casa, la mujer y lamemoria,/ y de otros la hacienda despendida!/ ¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria?/ ¿Algunos
 premios o agradecimientos?/ Sabrálo quien leyere nuestra historia”.
 Con ocasión de la muerte de don Bernardino, hermano del duque de Alba, en la campaña deTúnez, escribe una elegía en la que se lamenta
ante el cadáver del soldado: “Nunca los tuyo
s, maslos propios daños/ doler
nos deben, que la muerte amarga/ nos muestra claros ya mil desengaños”.
No son estos los versos de un guerrero orgulloso de su oficio sino lamentos de un alma sensibleatrapado en obligaciones militares que rechaza y cuyas consecuencias, razonablemente, teme.
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