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Dossier 025 - Felipe v, Llegan Los Borbones

Dossier 025 - Felipe v, Llegan Los Borbones

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08/15/2013

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Llegan los Borbones
F
ELIPE
 V 
Llegan los Borbones
F
ELIPE
 V 
El rey melancólico
 Marina Alfonso Mola
El primer monarca ilustrado
Carlos Martínez Shaw
La Guerra de Sucesión
 Rosa María Alabrús
Dos mujeres para un rey
Gloria A. Franco
El rey melancólico
 Marina Alfonso Mola
El primer monarca ilustrado
Carlos Martínez Shaw
La Guerra de Sucesión
 Rosa María Alabrús
Dos mujeres para un rey
Gloria A. Franco
H
ace trescientos años, el 16 de noviembre de 1700, Felipe deBorbón, duque de Anjou, aceptó el trono de España. Tres mesesdespués, el representante de la nueva dinastía, entraba en Madrid,donde fue acogido con júbilo singular. Sin embargo, España seconvirtió poco más tarde en un campo de batalla, con la consiguientedestrucción, odios y perdurables efectos territoriales. No obstante, elreinado introdujo, también, profundas reformas que modernizaron elpaís y lo incorporaron al mundo de la Ilustración
D O S S I E R 
 
 Arriba
, Felipe V (por Rigaud, MuseoNacional de lospalacios de Versalles y de Trianon). Esteretrato fue pintadoen noviembre de1700, poco antes dela salida hacia España del nuevorey para ocupar el trono.
 Abajo,
escopeta queperteneció a Felipe V (litografía,siglo XIX).
D O S S I E R 
su infancia transcurrió entre ayas y preceptores ysu adolescencia estuvo regida por profesores y tu-tores, cuyo programa pedagógico incluía la forma-ción intelectual y el entretenimiento físico tenden-te a la preparación como soldado a través de lapráctica de juegos al aire libre (combinando la es-trategia y el esfuerzo corporal), del uso de las ar-mas de fuego y de los ejercicios de equitación y denatación.Así, Felipe vivió unos primeros años solitarios yfríos, creció en un mundo de desamparo y desa-pego familiar, que predispusieron su ánimo a la ti-midez y la depresión. Sin embargo, tuvo la fortu-na de encontrar parte del cariño que necesitabaen algunas personas. Isabel Carlota,
Madame Pa- latine 
, duquesa de Orleáns, le cobró afecto, lecontó cuentos y le llevó a ver comedias, al tiempoque bromeaba con él, diciéndole que parecía másaustria que borbón y llamándole premonitoriamen-te
mon petit roi d'Espagne 
por su porte carente dela arrogancia versallesca. Su médico, Helvecio, seinteresó por las tendencias depresivas de su jovenpaciente y trató de buscar la raíz de su melanco-lía y el remedio para sus mareos y desmayos.
47
En la portadilla deldossier 
, retrato deFelipe V, cuandocontaba alrededor de 60 años (por Louis-Michel van Loo, Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, Segovia).
En esta página,
Luis,Gran Delfín deFrancia, padre deFelipe V, y Luis XIV,rey de Francia y abuelo del primer Borbón español (ambos retratos son obra de HyacintheRigaud; el primerose conserva en el Museo Nacional delos palacios de Versalles y de Trianon; el segundo,en el Palacio Real deMadrid). Como pasedel dossier se utilizan la leyenda y el escudo quefiguran en el anverso de una onza, una de lasprimeras monedasacuñadas bajoFelipe V; obsérvenselas flores de lis de la casa de Borbón en el cuartel central del escudo.
Marina Alfonso Mola
Profesora de Historia Moderna UNED Madrid 
L
A HISTORIOGRAFÍA NOha sido benévola conFelipe V. Casi todos susbiógrafos han insistidoen su natural melancólico, ensu ánimo concupiscente, en sudebilidad de carácter, en sus es-crúpulos religiosos y en algunosotros aspectos negativos, como el des-pego hacia sus servidores o el duradero rencorhacia sus enemigos. Ahora bien, si quedan fuerade toda duda la permanente tendencia del sobe-rano a la depresión y las periódicas muestras dedesequilibrio mental, así como su continuo recur-so al confesor para aliviar la obsesiva inquietud deuna conciencia estrecha, todos los demás puntosprecisan de una discusión pormenorizada.Felipe,
petit-fils de France 
, duque deAnjou, hijo de Luis, Gran Delfín deFrancia, (hijo de un rey y padre dedos reyes, pero que nunca pudoreinar) y de María Ana CristinaVictoria, princesa electora de Ba-viera, y nieto de Luis XIV y deMaría Teresa de Austria (a quiendebía los derechos sucesorios a lacorona española), nació el 19 dediciembre de 1683 en el suntuosopalacio de Versalles, en el marco deuna pomposa corte dominada por la res-plandeciente figura del Rey Sol. Aunque recibióinmediatamente el agua de socorro –
ondoiement 
para preservar su alma del limbo, Felipe no seríabautizado con la solemnidad requerida hasta más detres años después, el 18 de enero de 1687.Seguidamente, de acuerdo con las estrictas nor-mas vigentes en la corte versallesca, fue entrega-do a las nodrizas para ser amamantado. Después,
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El rey melancólico
 Aunque mal preparado para dirigir un Imperio en apuros,Felipe V se ganó el calificativo de
 animoso
en la labor degobierno durante sus primeros años de reinado; hacia 1717comenzaron sus depresiones, que le indujeron a dejar el trono y acabaron llevándole al extravío
 
49
Felipe V jura comorey de España en la iglesia de los Jerónimos deMadrid, el 8 demayo de 1701(Madrid, MuseoMunicipal deHistoria)
ñera adecuada a sus deseos, a la que amaría siem-pre y con la que hasta su muerte alcanzaría un al-to grado de compenetración.
Crisis de melancolía
Sin embargo, a partir de entonces, no todos losaños de su vida transcurrieron en el clima de feli-cidad de los primeros momentos. Desde 1717, serecrudeció su tendencia depresiva, que la reina tra-tó de contrarrestar con una dedicación que se con-virtió en una de sus principales tareas como espo-sa y como soberana. Los remedios principiaron porla construcción de una hermosa residencia paraalejarse del tráfago cortesano y ahuyentar en unaamena soledad el fantasma de la melancolía: el pa-lacio de La Granja, que Teodoro Ardemans empezóa edificar en 1720. Los primeros años pasados enla nueva residencia restauraron el ánimo del rey,como puede observarse en el retrato cortesano pin-tado en 1723 por Jean Ranc, donde aparece enuna airosa actitud, presidiendo una escena militarcon paisaje agreste, cielo nuboso y destacamentode caballería al fondo.Un año más tarde, sin embargo, el rey optó porir aún más lejos en su búsqueda de quietud espiri-tual y adoptó una de sus resoluciones más sonadas,la abdicación en su hijo primogénito, Luis. Se haquerido interpretar de maneras bien distintas unadecisión de tal calibre. Unos se han confor-mado con la declaración del propio sobera-no, que confesaba su voluntad de reti-rarse junto con la reina a cuidar de lasalvación de su alma, literalmente,según un documento de 1720 dondeya manifestaba sus intenciones, a
penser uniquement à notre salut et à servir Dieu 
. Otros han querido ver co-mo trasfondo su ambición personalde convertirse en rey de Francia tras larenuncia a la corona española, segúnrezaba una ingeniosa sátira que ponía es-tos secretos anhelos del monarca en parale-
D O S S I E R 
F
ELIPE
LLEGA A 
M
 ADRID
P
ese a la política desplegada para lograr que CarlosII declarase heredero a su nieto Felipe de Anjou,Luis XIV tuvo dudas sobre la aceptación de la co-rona de España una vez que conoció oficialmente el tes-tamento, firmado por el agonizante rey en la tarde del 3de octubre de 1700: "Declaro ser mi sucesor (en el casode que Dios se me lleve sin dejar hijos) el duque de An-jou, hijo segundo del Delfín de Francia; y, como a tal, lollamo a la sucesión de todos mis reinos y dominios sin ex-cepción de ninguna parte de ellos". Finalmente, Luis XIV ordenó dar al Consejo de Estado español -encargado delGobierno en el interregno- una respuesta afirmativa el 12de noviembre.El 16, marqués de Castelldosrius, embajador españolen París, presentó, rodilla en tierra, su aceptación comorey a Felipe de Anjou, que contaba 17 años. Se asegura queen su breve discurso, Castelldosrius pronunció la famosa frase: "Ya no hay Pirineos". Como el heredero no sabía cas-tellano su abuelo, Luis XIV, respondió al diplomático espa-ñol, terminando su alocución con unas palabras para sunieto: "¡Sed un buen español!". Los dos semanas siguienteslas empleó el nuevo monarca a enterarse de los asuntos deEspaña y en esa época le retrató Hyacinthe Rigaud con unsombrío atuendo estilo de la corte de Madrid. El 4 de di-ciembre se despidió de su abuelo y partió hacia España,donde entró el 22 de enero de 1701, pero hasta el 18 defebrero no entró en Madrid... Un largo viaje que se pro-longó 76 días –en jornadas de camino que oscilaban entrelos 25 y los 35 km.– a causa del mal tiempo y de las múl-tiples recepciones que se le tributaron en Francia y, sobretodo, en España.Las ocho semanas trascurridas entre la llegada y su re-cepción oficial en Madrid el 14 de abril se dedicaron a preparar el viejo Alcázar de Madrid para el nuevo Rey,que pronto fue calibrado por los cortesanos como un jo- ven tan piadoso como abúlico, tan casto como melancó-lico, tan educado como perezoso. El 8 de mayo se efec-tuó su solemne jura como rey y ya para entonces circula-ban por Madrid las primeras coplillas:
"Anda niño anda Porque el Cardenal lo manda".
 Arriba
, María Luisa Gabriela de Saboya (1688-1714),primera esposa deFelipe V (por Miguel  Jacinto Meléndez,Madrid, MuseoCerralbo).
 Abajo,
el pretendienteaustriaco,archiduque Carlos,al que se titula Carlos III, rey deEspaña (Madrid,Biblioteca Nacional).
Madame de Maintenon,
laesposa secreta 
deLuis XIV, también se preocupó por el desvalidoduquesito, recomendando el nombramiento comosu preceptor de Fénelon, ya famoso pedagogo ydirector espiritual. El futuro arzobispo de Cambraise tomó muy en serio sus obligaciones, dando a supupilo una sólida formación literaria (que deriva-ría hacia el coleccionismo de libros y la constitu-ción de bibliotecas), así como también una normade conducta rigurosa y segura basada en un fer-viente religiosidad, que no obstante pudo ser labase del excesivo escrúpulo religioso del monarcaespañol.Designado titular de la Monarquía Hispánicapor el testamento de Carlos II, Felipe hubo deafrontar las responsabilidades del más extensoreino de la Cristiandad, un reto para el cual no es-taba preparado. Dispuesto, sin embargo, a cum-plir con su deber, Felipe cruzó la frontera el 22 deenero de 1701 e hizo su entrada en Madrid el 17de febrero siguiente. En esta época su figura res-pondía al retrato de Hyacinthe Rigaud, que lo pin-ta como un adolescente lozano, gentil y gallardo,embutido en un anticuado traje negro español. Y,también, a la famosa descripción del marqués deSan Felipe, ponderando la favorable impresióncausada a sus nuevos súbditos: “llenóles la vistay el corazón un príncipe mozo, de agradable as-pecto y robusto, acostumbrados a ver a un reysiempre enfermo, macilento y melancólico”.Esta imagen iba a perdurar en la retina y el áni-mo de los contemporáneos por más de una déca-da. En efecto, el rey dio pruebas en estos años deestar a la altura de las circunstancias en todos lossentidos, sucesivamente como político prudente,como esposo enamorado, como soldado valeroso ycomo convencido defensor del trono que le habíacorrespondido en legítima herencia. Fue, en efec-to, prudente en las Cortes de Barcelona de 1701-1702; se comportó como un joven enamorado na-da más conocer a su esposa, María Luisa Gabrie-la de Saboya, en Figueras; mostró su valor en lasjornadas de Italia, de Extremadura y de Cataluñay no escatimó ningún esfuerzo ni aceptó ningunacomponenda en la preservación íntegra de la Mo-narquía Hispánica, íntimamente persuadido comoestaba de la justicia de su causa y, en conse-cuencia, de la ayuda que no podía dejar de dis-pensarle la providencia. Fueron años de prueba enlos que se ganó merecidamente el apelativo de
Animoso 
.En esos mismos años, hubo de enfrentarse conlas tareas de gobierno y con las intrigas de la Cor-te, dos ámbitos de actuación con los que no estabafamiliarizado. Sin embargo, las lógicas vacilacionesiniciales fueron dando paso paulatinamente a unamayor seguridad en la toma de decisiones y en elmanejo del mundillo palatino. También tuvo quesufrir la tristeza de la pérdida de su joven esposa–muerta de tuberculosis en 1714– y cumplir con eldeber de contraer segundas nupcias, aunque el reyvolvería a encontrar en Isabel Farnesio una compa-
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