• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
DOSSIER 
45
64.
La apropiaciónnacionalista
 Jordi Canal 
59.
Una guerra literaria
 Pedro Rújula
54.
Orgía de sangre
 José Ramón Urquijo
52.
La dinastía carlista
 Antonio Manuel Moral  Roncal 
46.
Carlismo ycontrarrevolución
 Jordi Canal 
 A la muerte de Fernando VII, los absolutistas cerraron filas tras suhermano Carlos María Isidro y declararon la guerra al Estado liberal,representado por Isabel II. El carlismo, afín al tradicionalismoeuropeo y hoy reivindicado por muchos políticos nacionalistas,provocó un conflicto que durante cuatro décadas ensangrentó laPenínsula y lastró su desarrollo económico. En el 150 aniversario dela muerte de Don Carlos, cuatro especialistas plantean las claveshistóricas de esta profunda herida
La República pide a Figueras, jefe del Ejecutivo, que acabe con la hidra carlista (
La Flaca 
, abril de 1873).
El rompecabezas
CARLISTA
 
N
o resulta posible comprenderla Historia contemporánea deEspaña sin prestar una espe-cial atención al carlismo. Es-te movimiento contribuyó a provocar dosguerras civiles en el siglo XIX: la Prime-ra Guerra Carlista (1833-1840) y la Se-gunda (1872-1876). Participó, asimismo,en numerosas insurrecciones, algaradas,pronunciamientos y conflictos bélicosmenores. Y, ya en el siglo XX, sus parti-darios se unieron al bando insurrecto enla Guerra Civil española (1936-1939). Elcarlismo consiguió movilizar a millaresde hombres e implicar a otras tantas fa-milias. Su protagonismo no se limitaría,no obstante, al terreno armado. Los car-listas defendieron sus ideas en libros y periódicos, crearon centros políticos y sindicatos y participaron en las eleccio-nes, ocupando un número no despre-ciable de escaños en las Cortes españo-las. También dieron lugar, lógicamente,como todas las culturas políticas impor-tantes, a mitos, ritos y memorias.El carlismo forma parte de esta cate-goría más general que se ha venido adenominar contrarrevolución, presenteen el siglo XIX en la mayor parte de losEstados de Europa occidental. Liberalis-mo y revolución eran los principalesenemigos de estos movimientos contra-rrevolucionarios. El carlismo no sería, sinembargo, la única modalidad de con-trarrevolución desarrollada en España –piénsese, por ejemplo, en el realismodel Trienio Liberal, un movimiento quese encuentra en la línea que más ade-lante retomaría el carlismo–, aunque sí,sin ningún lugar a dudas, la más im-portante en todos los sentidos. De ahí que, en la Historia española, especial-mente para el siglo XIX, contrarrevolu-ción y carlismo se hayan convertido fre-cuentemente en sinónimos.
Dios, Patria, Rey
El carlismo es un movimiento sociopolí-tico de carácter antiliberal y antirrevolu-cionario, surgido en las postrimerías del Antiguo Régimen y que pervive todavía,aunque en una posición de franca mar-ginalidad, en nuestros días. Las voces“carlismo” y “carlista”, aparecidas duran-te la segunda restauración absolutista deFernando VII, entre 1823 y 1833, deriva-ban del nombre del infante Carlos Ma-ría Isidro de Borbón –el que iba a con- vertirse en el rey Carlos V de los legiti-mistas– y designaban la forma evolucio-nada de unas corrientes preexistentes, cu- ya principal materialización había sido elrealismo. Aunque fue a partir de 1833cuando el carlismo adquirió fuerza y pro-tagonismo, su surgimiento debe ser in-sertado en la continuidad de los movi-mientos realistas, que hunden sus raícesen los conflictos de principios del siglo XIX y tienen sus primeras manifestacio-nes importantes en la década de 1820.La cuestión dinástica, que enfrentó a lospartidarios de Isabel II y a los de su tíoCarlos María Isidro, no alcanza a explicarpor sí sola el nacimiento y la prolonga-da vida del carlismo. Los millares de car-listas que combatieron, en los campos debatalla o en la arena política, y los que enel empeño perdieron la vida, no lo hi-cieron por la persona de un Rey, sino porlo que la figura de este Rey encarnaba,esto es, una determinada visión del mun-do y los proyectos posibles para su ma-terialización. Sin embargo, la dinastía y los diferentes pretendientes se converti-rían en piezas esenciales, en un planosimbólico y emblemático, del movimien-to. El carlismo sin Carlos –Carlos V, Car-los VI, Carlos VII o Alfonso Carlos I– o sin Jaime, por consiguiente, tampoco hubie-
46
 J
ORDI
C
ANAL
es investigador, EHESS, París
.
Las guerras carlistas que asolaron España en el XIX hundían sus verdaderasraíces en el rechazo ideológico al gobierno liberal.Sin embargo, el carlismono hubiera existido sin la legitimidad que le otorgaba su lealtad dinástica.
 Jordi Canal
analiza el fenómeno desde sus orígenes, en 1833, hasta el finde la Guerra Civil, en 1939
CONTRA
Carlismo y
Portada de la
Constitución española de 1837
,bajo la regencia de María Cristina, que presentaa Isabel II como defensora de la libertad.
 
47
EL ROMPECABEZAS CARLISTA 
RREVOLUCIÓN
El semanario
La Risa 
denunció con esta caricaturala alianza entre
carlistas
y lossectores más reaccionariosdel
clero
español(15 de junio, 1872).
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...