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Dossier 089 - La Alquimia, Entre La Magia y La Ciencia

Dossier 089 - La Alquimia, Entre La Magia y La Ciencia

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11/15/2014

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DOSSIER 
Entre la magia y la ciencia
Conseguir la perfección entodos los órdenes de laNaturaleza impulsó la laborde los alquimistas. En suslaboratorios, rodeados desecreto y misterio,pretendieron transformardiversos metales en oro y plata, al tiempo quebuscaban el elixir de laeterna juventud y remediospara las enfermedades. Susensayos alcanzaronpreponderancia y difusiónen Europa durante la EdadMedia y el Renacimiento y, aun sin pretenderlo,posibilitaron el desarrollode la química y la medicinamodernas. El dossier revisalos fundamentos teóricos dela alquimia, sus experimentos y el perfil de sus cultivadores,entre los cuales destaca elsuizo Teofrasto Paracelso
80.
Transformando la Naturaleza. El Alquimista
Chiara Crisciani 
88.
La cumbre del arte oculto. Paracelso
 José María López Piñero
94.
El Escorial. Un laboratorio de vanguardia
 José María López Piñero
LA ALQUIMIA
1
Representación simbólica de los compuestos del antimonio. Grabadode
Quinta Essentia,
1574, obra del médico paracelsista L. Thurneyser.
 
23
ENTRE LA MAGIA Y LA CIENCIA. LA ALQUIMIA 
Transformando la Naturaleza
ELALQUIMISTA
T
ratando de unificar en unasola definición las formas dealquimia que se dieron en va-rias civilizaciones (en China,en el mundo helénico, en territorios delIslam), puede decirse que se trata deuna práctica operativa de transforma-ción concreta de sustancias materiales,realizada en un laboratorio. Tal trans-formación está dedicada a “perfeccio-nar” todos los niveles materiales de locreado (el cuerpo humano incluido) y la mayoría de las veces se efectúa a tra- vés de un agente perfeccionador queno existe en la Naturaleza. Y este agen-te (lápiz, elixir, medicina) es el princi-pal objetivo de las operaciones alquí-micas, por cuanto transmite la propiaperfección a los cuerpos oportuna-mente preparados sobre los que es pro- yectado.Sobre esta base –también en el casode la alquimia medieval (siglos XII-XV)– son varios los objetivos particulares delas intervenciones del alquimista. Paraempezar, la transmutación de los me-tales, la llamada alquimia metalúrgica,es decir aquella serie de operaciones porlas que los metales viles, por medio dellápiz, son llevados a la perfeccióndeloro y la plata. Junto a este objetivoprincipal, se registra también la produc-ción de sustancias inalterables (perlas y gemas artificiales, cristales y pigmentosespeciales) y la búsqueda de “medica-mentos” equilibrados, capaces de con-ferir incorruptibilidad al cuerpo huma-no o, aún mejor, en la cultura cristiana,la curación rápida y completa de lasenfermedades y la prolongación de lasalud y la eficiencia en vida hasta el“término previsto por Dios” para el or-ganismo (alquimia del elixir o alquimiade la prolongevidad).Resulta evidente la proximidad entrelas prácticas de los alquimistas y las delos artesanos (vidrieros, tintoreros, jo- yeros, herreros, farmacéuticos), pero en-tre unos y otros existe una diferenciafundamental.
Un arte filosófico
Si las instalaciones y los procedimien-tos a menudo son realmente bastante si-milares, los alquimistas se distinguen delresto porque encuadran sus operacionesen el manejo de reflexiones científico-filosóficas y religiosas que las justifican,apoyan y orientan. Las prácticas artesa-nales, por el contrario, remiten a una tra-dición oral, a un aprendizaje de taller, arecetarios; la alquimia –en la que tam-bién se dan estos aspectos– se estructu-ra, además, como una disciplina, o seacomo un conjunto bastante amplio dedoctrinas y textos. Así, la teoría resultasupeditada a la receta; junto a la tradi-ción oral se desarrolla una tradición es-crita, la más sólida forma de legitimaciónde una sabiduría que se define filosófica(la alquimia es “la parte más noble y ex-celente de la filosofía”, y “arte filosófi-ca”). Por otra parte, se hace referenciaa muchos libros y a su estudio, que re-sultan indispensables para practicar el
C
HIARA
C
RISCIANI
es profesora de FilosofíaMedieval, Universidad de Pavía.
La solución perfecta,
ilustración delmanuscrito alquímico
Pretiossimum Donum Dei,
siglo XVII, París, Biblioteca del Arsenal.
El laboratorio dealquimia, porGiovanni Stradano,1570, Florencia,Palazzo Vecchio,Gabinete deFrancisco I.
Riqueza y salud estaban en el punto de mira de unos hombres, mitadmagos, mitad científicos, que con sus teorías filosóficas y sus prácticas delaboratorio configuraron un saber, el de la alquimia, que pretendíaperfeccionar los más diversos ámbitos del universo creado. C
HIARA
C
RISCIANI
sigue sus pasos y explica su auge durante la Edad Media
 
5
“arte filosófica”; los alquimistas necesitantambién la especial naturaleza de su “fi-losofía”, diferente en muchos aspectosde las concepciones filosófico-naturalis-tas y médicas de orientación aristotélica y de carácter eminentemente doctrinario.El alquímico es un conocimiento esen-cialmente operativo, un “conocimientoque nace de actuar”, en el sentido deque sólo con obrar el alquimista apren-de. Si necesarios son los libros, en el ha-cer filosófico del alquimista aún son másrelevantes el olfato, el gusto, el tacto y,sobre todo, los ojos aguzados y adiestrados y las manos ágiles y robustas,con las cuales percibe, manipula y en-saya con las sustancias materiales sobrelas que trabaja y a las que transforma.Por estas características propias la al-quimia no es una protoquímica, una téc-nica de los metales, quizá todavía in-cierta y errónea pero principalmente concontinuidad en la química moderna. Nolo es porque su finalidad y sus métodosson diferentes y son los propios de unafilosofía operativa del perfeccionamien-to. Aunque resulta cierto que la instru-mentación técnica y varios procedi-mientos transitan de la alquimia a la quí-mica. Pero la alquimia tampoco es sólouna técnica de elevación espiritual, quetendría que ver con las alteraciones delalma, alegóricamente expresadas por las vicisitudes de los metales, porque si bienes cierto que los alquimistas subrayan laimportancia de una evolución interiordel operador y de la revelación de cier-tas cualidades suyas, éstas son sólo al-gunas de las condiciones para que el tra-bajo concreto de efectiva transformaciónde sustancias materiales resulte eficaz.Por otro lado, es indudable que el pro- yecto alquímico volcado en perfeccio-nar aquí y ahora la materia, tiene evi-dentes connotaciones religiosas. El al-quimista, de hecho, se presenta comoun filósofo técnico que “se ocupa del
4
Cámaras secretas
Q
ué es lo que hacía exactamente el al-quimista, y cómo era su laboratorio? Alparecer, hasta hace pocos decenios, algunosprivilegiados pudieron visitar laboratoriosde alquimistas en Marruecos y hace años fue-ron hallados los restos de un laboratorio dedestilación, con todos los aparatos necesarios,en el centro de París; al parecer, este local fuedestruido –se desconoce la razón– en la se-gunda mitad del siglo XIV. También ha si-do descubierta recientemente, en el palacioreal de Palma de Mallorca, una cámara se-creta, quizá el laboratorio de un alquimistaal servicio del soberano. Estos testimonios yrestos arqueológicos, si bien confirman laexistencia de artífices dedicados no sólo ala redacción de tratados, no conservan pordesgracia suficientes rastros de la forma deproceder del trabajo alquímico: una vez másnuestros informadores privilegiados son losmismos alquimistas.No faltan, por ejemplo, descripciones deun laboratorio. Un texto del siglo XIV re-comienda que se monte de la siguiente ma-nera: “El artífice debe disponer de un edi-ficio especial, alejado de la vista de los hom-bres. En él deberá haber dos o tres cámarasen las que puedan llevarse a cabo las ope-raciones para sublimar, conseguir disolu-ciones y destilaciones”. En el mismo siglo,el franciscano Buenaventura da Iseo, en sucélebre
 Liber Compostille,
añade, hablando dedichas estancias, que algunas deben ser lu-minosas y otras estar en penumbra, perosiempre bien dotadas de ventanas. Con-cuerda luego con la necesidad de que el la-boratorio esté aislado, ya sea para salva-guardar a quien en él trabaja de las protes-tas de los vecinos por culpa del ruido, hu-mos y olores emitidos, o para garantizarlecierta discreción. Buenaventura, como otros,dedica detalladas descripciones a los muchostipos de hornos, hornillos y recipientes pa-ra los diferentes usos que se hallan en un la-boratorio de alquimista. En numerosos ma-nuscritos –desde los más antiguos– estas cui-dadísimas descripciones van acompañadaspor dibujos muy detallados, para alegría delos historiadores de las técnicas y los ins-trumentos. En otros tantos casos, por el con-trario, las operaciones alquímicas están re-presentadas alegóricamente en espléndidasilustraciones simbólicas. Pero, a propósitode manuscritos y como ya hemos dicho, has-ta el siglo XIV escasean los latinos medie-vales: algunos han jugado con la hipótesisde que sea debido al hecho de que, hasta di-cha época, la práctica prevaleciera sobre eldesarrollo de la teoría, y que los escasos tex-tos, utilizados como prontuarios en la acti-vidad de laboratorios llenos de humo, entrefuego, ácidos y líquidos corrosivos, sufrie-ran a menudo daños y destrucción.
TRANSFORMANDO LA NATURALEZA. EL ALQUIMISTA 
ENTRE LA MAGIA Y LA CIENCIA. LA ALQUIMIA 
Miniatura medieval que representa
al alquimista árabe Zadith consultando la
Tabula Smaragdina,
un texto básico de la alquimia latina y árabe, atribuido a Hermes Trimegisto.
mundo” (instancia típica del hermetis-mo, que es uno de los campos de la al-quimia árabe y latina); que sabe insi-nuarse, con dulzura y competencia, enlos procesos naturales y teje con la Na-turaleza complejos vínculos de respetoreverente, de intervención auxiliadora,de colaboración; que actúa, en fin, co-mo quien recrea aspectos de la realidadmaterial, porque los hace concretamen-te perfectos. No es casualidad que el al-quimista medieval se declare cocreador,es decir, colaborador de Dios en el pro- yecto de restablecimiento de una plenaperfección de los cuerpos. Este trabajoes religioso y también filosófico, porquesu meta es perfeccionar pero según ladoctrina y la experiencia (o sea, nopor vía irracional o milagrosa).Todo eso ya se explicaba con cla-ridad en la
Tabula Smaragdina 
,texto sapiencial de fundación de laalquimia árabe y latina, atribuido aHermes, donde se afirma que lapráctica de sublimación y des-tilación que el alquimista lle- va a cabo replantea laestructura del Cosmos y puede transfor-marla: “Así fue creado el mundo y (deeste preparado confeccionado del mis-mo modo) se obtendrán en este mundomaravillas”.Frente a esta compleja sabiduría, encuyas teorías las esperanzas de salvación y las industriosas manos se integran enel trabajo concreto del laboratorio, pa-rece apropiada la advertencia del his-toriador contemporáneo N. Sivin, segúnquien, “es imposible que una compren-sión adecuada de la alquimia venga dela historia de la química o de las reli-giones por separado. La alquimia com-prendía a ambas en íntima unión”.
Del Islam a Europa
La alquimia –el término mismo, los tex-tos fundamentales– aparece en la cul-tura latina occidental sólo en el siglo XII, y los autores de la época hablan de ellacomo de una absoluta novedad, ignora-da totalmente por los latinos. ¿Por quénovedad? En la cultura clásica no falta-ban ciertamente conocimientos sobreminerales, metales, transformaciones
Un alquimista en sulaboratorio,
detalle de unaestampa del sigloXVIItitulada
La alquimia de los flamencos,
Roma,Museo Storico dell’ArteSanitaria.

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