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Thich Nhat Hanh - La Practica Del Dharma Ante La Muerte

Thich Nhat Hanh - La Practica Del Dharma Ante La Muerte

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La práctica del dharma ante lamuerte
Enseñanza dada por Thây el 22 de abril de 1.999 en el primer retirofrancófono.Vivir es aprender a morirSois una mujer joven, o un hombre joven, y vuestro médico osanuncia que os queda solamente tres meses de vida. ¿Qué haréis?¿Perderéis ese tiempo en lamentaros, en consumiros en el dolor, ladesesperación? O bien, ¿estáis determinados a vivir cada momentode estos tres meses de una manera profunda? Para mí, tres meses esmucho.Hace una veintena de años, yo estaba entonces en Montreal, un joven se presentó a mí y me dijo que no le quedaban más de tresmeses de vida. Yo le invité a sentarse cerca de mí para tomar un té.Amigo, le dije, es preciso beber este té de tal manera que la vida seaposible, y vivir este momento juntos de una manera profunda. Yo leayudé a beber su té. Enseguida, el se hizo discípulo mío y vivió quinceaños más. Entonces, tres meses es la versión del doctor, pero vuestraversión es bien diferente. Una jornada es mucho.,Si preparáis un pic-nic, queréis que sea un éxito. Un pic-nic durauna jornada o una media jornada, pero esto vale la pena prepararlobien, ¿no es cierto? Un pic-nic no dura más que una jornada, pero sepuede vivirla plenamente, con mucha felicidad. ¿Porqué no tresmeses? Vuestra vida es una especie de pic-nic, hay que prepararla deuna manera inteligente.Conozco a una persona que ha pedido a su maestro, un maestrobudista: Maestro, quisiera hacer un pic-nic con usted. El maestroestaba muy ocupado y respondió: De acuerdo, de acuerdo, se hará unpic-nic uno de estos días. Pero pasó el tiempo y, cinco años después,ese pic-nic no había tenido lugar. Un día que maestro y discípulohabían partido juntos para un asunto cualquiera, se encontraronatrapados en un embotellamiento. Había tanta gente en la calle queel maestro pregunta al discípulo: ¿Qué hacen ahí?. El discípulo mira yve que se trata de un entierro. Se vuelve hacia su maestro y dice: Esun pic-nic.No esperéis para vivir. ¡Vivid ahora! Vuestra vida debe serverdadera en este minuto mismo. Entonces, ¡tres meses de vida esmucho! Podéis vivir cada momento de cada día de una maneraprofunda tomando contacto con las maravillas de la vida. Así aprendéis a vivir y, al mismo tiempo, a morir. La persona que nosaber morir no sabe vivir, y viceversa. Hay que aprender a morir,enseguida. Es una práctica. ¿Estáis preparados para morir ahora?
 
¿Estáis dispuestos a ordenar vuestro tiempo de tal manera que podáismorir esta tarde, en paz? Es un reto, pero es la práctica. Sino el pesaros minará para siempre. Para no sufrir, para no lamentar, la únicasolución es vivir cada minuto que nos es dado de vida de una maneraprofunda, eso es todo. Para plantar cara a la inseguridad, la únicarespuesta es vivir el momento presente de una manera intensa,profundamente; entonces no deploraréis nada. Es esto lo que escogióhacer ese joven: vivir cada minuto de su vida de una manera muyprofunda. Él sintió las fuentes de su desesperanza abandonarle y sereestableció. Era un milagro. Estaba condenado y vivió aún quinceaños. Yo le di un nombre de dharma: Chân Sinh – Vida Verdadera.Antes, él no había conocido la verdadera vida. Después, él conoció laverdadera vida porque él estaba ahí, en cada momento de la vidacotidiana.Albert Camus, en su novela El Extranjero, ha utilizado el términomomento de conciencia. Mersault, que ha cometido un asesinato,está en prisión. Algunos meses más tarde, sabe que va a morirejecutado, que sólo le quedan tres días de vida. Cuando comprendeesto, nacen en él la angustia, el miedo, la cólera. Acostado sobre sucama, mira al techo. Él ve por primera vez un cuadrado de cielo azula través del tragaluz. El cielo es muy azul y es la primera vez en suvida que entra en contacto profundo con el cielo azul. Cosa extraña,él ha vivido decenas de años, ya treinta, treinta y cinco años, sin jamás haber visto de verdad el cielo azul. Quizá miraba el cielo de vezen cuando, pero no le veía de una manera profunda; pero ahora, tresdías antes de su muerte, él es capaz de tocar el cielo azul con muchaprofundidad. Es entonces cuando el momento de conciencia semanifiesta.Él decide vivir plenamente, profundamente, cada minuto que lequeda de vida. He aquí un prisionero que practica la meditaciónprofunda. Él vivió sus tres últimos días en su celda, con un cuadradode cielo azul. Es su libertad. En el mediodía de la tercera jornada, unsacerdote católico quiso administrarle los últimos sacramentos. Elrehúsa, no quiere que el sacerdote entre. No quiere hablar con él.Piensa que es una pérdida de tiempo, que sólo le quedan algunashoras de vida. No quiere malgastar el tiempo que le queda hablandocon un sacerdote. Él declara: El sacerdote vive como un muerto, él novive como yo, yo estoy verdaderamente vivo. Esto es lo que haescrito Albert Camus.¿Quizá estemos viviendo como los muertos? Circulamos por la vidacon nuestro cadáver porque no tocamos la vida en profundidad.Vivimos de una manera artificial con muchos proyectos, muchaspreocupaciones, mucha cólera y jamás somos capaces de instalarnosen el aquí y en el ahora para vivir profundamente nuestra vida.¡Debemos despertarnos! Debemos actuar de manera que el momentode conciencia se manifieste. Es el Buda que nos salva, es laresurrección.¿Ha llegado ya el momento más maravilloso de vuestra vida? ¿Se
 
ha producido ya el momento más maravilloso de vuestra vida?Haceros esta pregunta. La mayor parte de entre nosotrosresponderemos que no es el caso, pero que este momento puedellegar no importa cuando. Tenemos veinte, treinta, cuarenta,cincuenta años, y a pesar de todo, el momento más maravilloso denuestra vida no ha llegado todavía. Va a ser demasiado tarde. Peroesperamos aún. Por lo tanto sabemos muy bien que si continuamosviviendo en el olvido, es decir, sin la presencia de la Plena Conciencia,en los veinte años por venir, ese momento no llegará nunca.La enseñanza del Buda dice de manera clara y neta: debéis hacerdel momento presente el momento más magnífico, el másmaravilloso de vuestra vida. Debe convertirse en el momento másmaravilloso de vuestra vida. Sois inteligentes. Sabéis lo que hay quehacer para transformar este momento presente en un momentomaravilloso. Sólo la libertad puede ayudaros. Liberaos de vuestraspreocupaciones, de vuestras inquietudes sobre el pasado, el futuro,etc.Cuando se sabe morir, se comienza a saber vivir. Es la visiónprofunda de la impermanencia que nos ayuda. Es muy útil mantenerviva esta visión, esta concentración sobre la impermanencia. Pensáisque la persona que está ante vosotros existirá para siempre, peroesto no es así. Ella es impermanente como vosotros. Entonces, sipodéis hacer algo para hacerla feliz hay que hacerlo enseguida. Todoesto que podéis decir o hacer para aportarle felicidad, decidlo ohacedlo ahora... ahora... o jamás.En la práctica del budismo, morir es muy importante. Morir es tanimportante como vivir, como hacer. Pues el nacimiento y la muerteinter-son. Sin nacimiento no puede haber muerte. Sin muerte, no haynacimiento. Nacimiento y muerte son dos amigos bien próximos. Esprecisa una colaboración entre los dos para que la vida sea posible.No tengáis, pues, miedo de la muerte. La muerte es una continuación,el nacimiento también lo es.En nuestro cuerpo, la muerte se produce a cada instante. Lascélulas mueren para que nuevas células vean la luz. Si no hay muerteno hay nacimiento, no hay vida. La muerte es indispensable para lavida, como la izquierda lo es para la derecha. No hay izquierda si nohay derecha. No esperéis que la izquierda sea posible sin la derecha.Hay que aceptar los dos, el nacimiento y la muerte; si practicáis bien,podréis conseguir la visión profunda tocando la dimensión histórica.Cuando tocamos la dimensión histórica, tocamos la dimensión últimay vemos que nuestra naturaleza verdadera es el no-nacimiento y lano-muerte. Vivir es una alegría. Morir para recomenzar es una alegríatambién. Recomenzar es una cosa maravillosa, y se recomienza sincesar. El “comenzar de nuevo” es una de nuestras prácticas en laVillage des Pruniers. Se debe morir cada día para renovarse. Aprendera morir es una práctica muy profunda.Habéis oído hablar de Sudatta, este laico que apoyó toda su vida al

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