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Capítulo Introductoria de la Apuesta por el Decrecimiento (Latouche)

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¿QUÉ ES EL DECRECIMIENTO?
Capítulo introductorio de “La apuesta por el decrecimiento” de Serge Lotouche. (Icaria, Barcelona, 2009).
La ecología es subversiva porque pone en duda el imaginario capitalista quedomina el planeta. Cuestiona el motivo central, según el cual nuestro desti-no es el aumento imparable de la producción y el consumo. Muestra el im-pacto catastrófico de la lógica capitalista sobre el medio ambiente y sobre lavida de los seres humanos.
Cornelius Castoriadis 
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Es probable que estemos viviendo la sexta extinción de las especies
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. Éstas (vegetales yanimales), efectivamente, desaparecen a una velocidad de cincuenta a doscientas al día
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,es decir, a un ritmo comparable de 1.000 a 30.000 veces superior al de las hecatombesde los tiempos geológicos pasados
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. Como muy bien señala JeanPaul Besset: “En lamemoria de los hielos polares una cadencia parecida no tiene equivalencia”
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. La quintaextinción, que se produjo en el Cretácico hace 65 millones de años, vio el fin de los dino-saurios y otras grandes bestias, probablemente tras el choque de un asteroide, pero seprolongó por un período mucho más largo. Pero, a diferencia de las precedentes, el serhumano es directamente responsable de la “disminución” actual de los seres vivos y po-dría muy bien ser su víctima... Si creemos en el informe del profesor Belpomme sobre elcáncer y en los análisis realizados por el profesor Narbonne, célebre toxicólogo, el fin dela humanidad tendría incluso que llegar antes de lo previsto, hacia 2060, a causa de laesterilidad generalizada del esperma masculino bajo los efectos de los pesticidas y otrosPOP o CMR (para los toxicólogos, los POP son los contaminantes orgánicos persistentes,de los que los CMR -productos carcinogénicos, mutagénicos o tóxicos para la reproduc-ción- constituyen la especie más simpática)
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.Tras algunos decenios de frenético despilfarro, hemos entrado en la zona de tempesta-des, en el sentido literal y figurado... La aceleración de las catástrofes naturales -sequías,inundaciones, ciclones- ya está en marcha. El trastorno climático irá acompañado de gue-rras del petróleo, a las que seguirán las guerras por el agua
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, así como posibles pande-mias, sin mencionar las previsibles catástrofes biogenéticas. Todos sabemos que en losucesivo vamos directos al precipicio. Lo que queda es determinar a qué velocidad nosprecipitaremos y cuándo se producirá la caída. Según Peter Barren, director del Centro deInvestigación para el Antártico, de la Universidad de Victoria, Nueva Zelanda, “seguir conla dinámica de crecimiento actual nos enfrenta a la perspectiva de la desaparición de lacivilización tal como la conocemos, no en millones de años, ni tan sólo en milenios, sinodesde ahora y hasta el fin de este siglo”
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. Cuando nuestros hijos tengan sesenta años, sitodavía existe, el mundo será muy diferente...Sabemos también que la causa de todo esto es nuestro modo de vidabasado en un cre-cimiento económico ilimitado. Y sin embargo, el término “decrecimiento” suena como unreto o una provocación. La imposición en nuestro imaginario de la religión del crecimiento y de la economía es tal, que hablar de decrecimiento necesario es literalmente blasfemo,y aquel que se arriesga es tratado como mínimo de iconoclasta. ¿Por qué? Sencillamenteporque vivimos en plena esquizofrenia. Oímos al Presidente Chirac declarar en Jo-hannesburgo: "La casa se quema y mientras tanto nosotros miramos a otro lado...”. Aña-dió que nuestro modo de vida era insostenible y que nosotros, europeos, consumíamos elequivalente a tres planetas, lo que es rigurosamente exacto. Pero en el mismo momentode su discurso, los representantes de Francia en Bruselas, siguiendo sus instrucciones,conseguían que el Gaucho y el Paraquat, pesticidas terroríficos que matan a las abejas,
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provocan cáncer y vuelven estériles a los hombres, no fueran inscritos en la lista de pro-ductos prohibidos. Paralelamente, con sus colegas Blair y Schroeder, Chirac se dedicabaa vaciar de todo contenido la directiva REACH (Registration, Evaluation and Authorisationof Chemicals)
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.La lista de las catástrofes ecológicas presentes y anunciadas ya está hecha. La conoce-mos bien, pero no la asumimos. No podemos imaginar la magnitud del choque hasta queno se haya producido. Sabemos asimismo muy bien lo que se tendría que hacer, es decir,cambiar de orientación, pero no hacemos prácticamente nada más. “Miramos para otrolado....” mientras la casa se acaba de quemar. Tenemos que decir en nuestra defensa quelos “responsables”, tanto políticos como económicos, nos invitan a ello -Chirac o el Me-def
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y, por supuesto, el World Business Council for Sustainable Development (WSCSD),ese grupo de industriales preocupados a la vez por mantener sus ganancias y por el pla-neta, entre los cuales, sin embargo, se encuentran los principales contaminadores, a losque un antiguo primer ministro del Medio Ambiente no dudó en calificarlos de “club decriminales de cuello blanco”
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. Y, durante ese tiempo, esos bomberos-pirómanos ponenmás gasolina (los últimos bidones de petróleo) en el fuego, a la vez que claman a voz encuello que es la única manera de apagarlo. En un libro premonitorio poco conocido, el so-ciólogo de Québec Jacques Godbout planteaba en 1987 la pregunta: “¿Es el crecimientola única salida a la crisis del crecimiento?”
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.¡Afirmativo!, responde el director general de nuestra aldea global, el jefe de los bombe-ros-pirómanos, George W Bush. Declaraba, en efecto, el 14 de febrero de 2002 en SilverSpring, ante la administración norteamericana de Meteorología, que “Por ser la clave delprogreso ambiental, por ser el proveedor de los recursos que permiten invertir en tecnolo-gías limpias, el crecimiento es la solución, no el problema”
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. Al invocar de manera hipnó-tica “¡Crecimiento, crecimiento, crecimiento!” durante sus deseos para el año 2006, el pre-sidente Chirac no se quedó atrás. Es verdad que esta, posición se encuentra conforme ala más estricta ortodoxia económica. “Es evidente, según el economista Wilfred Becker-man, que, aunque el crecimiento económico conduzca habitualmente a deterioros am-bientales durante los primeros tiempos, al final, la mejor -y probablemente la única- mane-ra para la mayoría de los países de tener un medio ambiente decente es enriqueciéndo-se”
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.Esta posición “procrecimiento” es, en el fondo, largamente compartida. El anuncio de ace-leración económica americana o china en los diarios siempre reviste un aire triunfalista. Ylos planes de recuperación(francoalemán, italiano o europeo) se basan invariablementeen grandes obras (infraestructuras de transporte), que no hacen más que deteriorar la si-tuación, especialmente la climática. Frente a ello, nos encontramos con el silencio, de laizquierda, de los socialistas, de los comunistas, de los verdes, de la extrema izquierda...incluso de los “altermundialistas”. Éstos, además, consideran que el crecimiento, al crearempleos y favorecer un reparto más equitativo, es también la solución al problema social.Jean Gadrey resume muy bien esa posición. “Aunque es cierto, escribe, que el crecimien-to no lo arregla todo, éste representa para muchos, y con justicia, la posibilidad de poseermás margen de maniobra y de mejorar ciertas dimensiones de la vida cotidiana, del em-pleo, etc. [... ], esquivando el tema sobre su contenido cualitativo (¿qué es lo que se mejo-ra?), o sobre su reparto (el “reparto del valor añadido”), por no hablar de ciertos proble-mas de medida que son, sin embargo, peligrosos y que debilitarían a la “religión” del índi-ce de crecimiento si se conocieran”
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. Sólo algunas pequeñas voces discordantes (JeanMarie Harribey, Alain Lipietz y los responsables de Attac) proponen una “desaceleracióndel crecimiento”. Proposición desafortunada ya que, aunque parte de un buen sentimien-to, nos priva a la vez de las ventajas relativas del crecimiento y de las ventajas del decre-
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cimiento... Michel Serres compara la ecología reformista “a la figura de una embarcaciónque navega a 20 nudos hacia una barrera rocosa contra la cual, invariablemente, colisio-nará, y sobre cuya pasarela el oficial de guardia recomienda reducir la velocidadenunadécima sin cambiar de dirección”
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. Esto es, de manera muy exacta, en lo que consiste ladesaceleración.En 2004, el comentarista político de la revista Politis, tras haber cargado las tintas contrala débil oposición política, fue forzado a dimitir. El debate que siguió es revelador del ma-lestar de la izquierda. La verdadera razón del conflicto, escribe un lector de la revista, essin duda, “atreverse a ir contra una especie de pensamiento único, común a casi toda laclase política francesa, que afirma que nuestra felicidad debe pasar imperativamente porel aumento del crecimiento, aumento de productividad, aumento delpoder de compra y enconsecuencia, aumento del consumo”. Como subraya Hervé Kempf, que relata el inciden-te: “¿Es posible que esta izquierda acepte proclamar la necesidad de reducir el consumomaterial, un imperativo que se encuentra en el centro del enfoque ecologista?”
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.Hay que reconocer que desde hace poco el tema del decrecimiento se ha convertido ensujeto de debate para los Verdes
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, evidentemente, en el seno de la ConfédérationPaysanne
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-lo que no es muy sorprendente-, en el del movimiento llamado “altermun-dialista”
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y también entre un público más amplio. El lanzamiento por la asociación
Cas- seurs de pub 
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de la revista La Décroissance también contribuyó en gran medida
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. Mu-chas personas se manifestaron a favor o en contra, sin informarse antes y deformando losescasos análisis disponibles. Al haber sido puesto en duda bastante a menudo en tantoque “teórico del decrecimiento” (incluso en el Monde DipLomatique)
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, es mi deber hacerlas puntualizaciones necesarias para disipar un cierto número de malentendidos y ponerlos puntos sobres las “i”. Se trata de demostrar que si un cambio radical es una necesidadabsoluta, la elección voluntaria de una sociedad de decrecimiento es una apuesta que va-le la pena intentar para evitar un retroceso brutal y dramático. Éste es el objetivo de estaobra.Así pues, el término “decrecimiento” es usado muy recientemente enel debate económi-co, político y social, aunque las ideas sobre las que se apoya tengan una historia bastanteantigua. Efectivamente, el proyecto de una sociedad autónoma y ahorrativa no nació ayer.Sin remontarnos a algunas utopías del primer socialismo, ni a la tradición anarquista re- novadapor el situacionismo, éste fue formulado en términos parecidos a los nuestrosdesde finalesde los años sesenta por Ivan Illich, André Gorz, François Partant y CorneliusCastoriadis. El fracaso del desarrolloen el Sur y la pérdida de referencias en el Norte hanllevado a muchos pensadores a replantearse la sociedad de consumo y sus bases imagi-narias, el progreso, la ciencia y la técnica. A su vez, la concienciación sobrelacrisis am-biental que vivimos aporta una nueva dimensión. La idea de decrecimiento tiene tambiénuna doble afiliación, ya que se ha formado por una parte en la concienciación sobre la cri-sis ecológica y por otra, al hilo de la crítica a la técnica y el desarrollo
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.Sin embargo, hasta estos últimos años, la propia palabra “decrecimiento” no figuraba enningún diccionario económico o social, mientras que sí encontramos algunas entradas so-bre sus correlatos “crecimiento cero”, “desarrollo sostenible” y por supuesto “estadoestacionario”.
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El término, no obstante, ya posee una historia relativamente compleja yuna indudable trascendencia analítica y política en economía. Sin embargo, aún hay du-das sobre su significado. Los comentadores y críticos más o menos malintencionadossubrayan la antigüedad del “concepto” para liquidar más fácilmente la dimensión subver-siva de las proposiciones avanzadas por los actuales “objetores del crecimiento”
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. Asípues, para François Vatin, en Adam Smith ya existiría una teoría del decrecimiento... Citael primer libro, capítulos VIII y IX, de su obra La riqueza de Las naciones, en el cual Smith
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