Cuando Duchamp deja denitivamente inacabada sugran obra,
La mariée mise à nu par ses celibataires,même
, consagra la suplantación del cuerpo humanocomo objeto y generador de deseo por la máquina, lanovia erótica que desprende la movilina, el gas quela hace existir. En ese momento, el cuerpo, que porotra parte y por obra y arte del
retour à l’ordre
regresaa la pintura, se encuentra en una encrucijada. La historia de las vanguardias había sido, en eecto,la historia de un gran desencuentro con la visión tra-dicional del cuerpo humano, especialmente con eldesnudo emenino, tan deseado y recreado en el arteoccidental.Las dos guerras mundiales, el horror ante el exter-minio, el estupor como indica Valeriano Bozal, antelo que es capaz de hacer el hombre, traerán consigonuevas hojas de ruta para el arte.Décadas de ausencia marcan ese espanto y, sinembargo, el cuerpo humano retorna al arte, no yacomo protagonista estático sino, en las décadas últi-mas de siglo, como el creador dinámico de un unnuevo espacio, el de las perormances y el de loshappennings.El cuerpo de nales del siglo XX y principios del XXI,el cuerpo que se apodera de nuevo de la obra, seacual sea su soporte, ya no es el cuerpo idealizado ybello de siglos anteriores: es un cuerpo por el quehan pasado varias guerras, terribles experiencias,dolores incontables y una enorme ansia por rompercualquiera de los límites existentes.Sin embargo, el cuerpo conserva en esencia su capa-cidad de atracción irresistible, el erotismo contenidoo desbordante que lo hace único, necesario, desea-ble aunque ya no esté presente. Pues el cuerpo, estéÁngeles Alemáno no de manera evidente en la obra, deja sus huellas.Igual que cualquier cuerpo real deja las suyas: desdeel hueco en una almohada, el olor en un espacio, elsonido distante o cercano de una voz, el sabor de unapiel…Las huellas que el cuerpo deja, el cuerpo en sí mismocomo huella de una historia o de una sociedad; losrestos que quedan tras la marcha, la percepción ina-sible del cuerpo que ya no está: refexiones, refejosde los cuerpos en el arte, en las múltiples ormasde la obra creadora. Los artistas escogidos para esteproyecto, siete artistas pues dos de ellos orman unapareja en el arte y en la vida, escogen muy dierentesmaneras de abordar este tema.Rocío Arévalo refexiona en sus vídeos, con aciertocrítico, sobre las medidas estéticas impuestas por lasociedad. Raquel Ponce, en una simbiosis entre laperormance y la gestualidad pictórica, acerca de larelación de su cuerpo con el espacio. Monique Ho-man, a partir de la otograía, en las imágenes sutilesde vestidos ahora solitarios. Pérez y Joel, en la relaciónentre la arquitectura y el cuerpo que la habita. DaviniaJiménez, desde el uso clásico del dibujo con grato,en multitudes que pueblan las calles o los interiores.Y como en un homenaje nal a esa ausencia casi tan-gible del cuerpo, Mónica Sardiña recrea las imágenesevanescentes e inquietantes de los antasmas, de losque ya no están, de los que se han ido.Las seis propuestas para habitar un espacio, paradotarlo del cálido aliento del cuerpo, refejan tam-bién distintos modos de entender la obra de arte, deutilizar, como demiurgos por un tiempo, la capaci-dad de crear una nueva historia del cuerpo. Una his-toria tan múltiple y cambiante como el tiempo quevivimos.
LAS HUELLAS DEL CUERPO
abr 11 > abr 12
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