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Pero volvamos a los verdaderos maestros. Si en verdad seinteresan por su traajo, tamién se interesarán por saercómo lo están haciendo, en comparación con otros. Yo mismo,ahora, al escriir este liro, sé que más tarde me interesará sa- er cuántos ejemplares se venden, qué es lo que los críticosdicen sore él, sea ueno o malo, etcétera. Nada de esto medará una idea exacta del efecto que hará tenido en cada unode sus lectores, porque eso es imposile saerlo, pero tendréal menos algunos parámetros. Lo mismo ocurre con las eva-luaciones educativas: es mejor tener parámetros que no tenerasolutamente nada, aunque el efecto profundo que tengaun maestro en cada uno de sus alumnos sea imposile deconocerse. Desde luego, si no me gustara escriir este liro, y únicamente lo estuviera haciendo para cumplir con uncontrato, no tendría ni el maldito interés en conocer si se vende o no o qué demonios ocurre con él. Las comparacio-nes se me harían odiosas y todos los parámetros irrelevantes.El Rector de la , el doctor José Narro, parece com-prender mejor que nadie el punto de vista de quienes ha-cen su traajo sin que les guste su traajo. Según él, todaslas comparaciones y evaluaciones educativas son inútiles eimposiles:
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¿Es comparale un estudiante de una escuela privada, quellega a su escuela en automóvil, que llega después de ha- er desayunado ien y que va a regresar a su casa a comer ien, que tiene en su casa todos los implementos, ilioteca,
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Reforma
, 12 de diciemre de 2009.
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