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Salomé ( Ilustrado) Oscar Wilde

Salomé ( Ilustrado) Oscar Wilde

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Salomé
Oscar Wilde
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Librodot Salomé Oscar Wilde
Librodot
22
Estudio preliminar
La importancia de llamarse Ernesto
y
Salomé
muestran cabalmente la ductilidad, el encanto yla agudeza del teatro de Oscar Wilde (1854–1900), así como de su entera producciónliteraria. Wilde nació en Dublin en el seno de una familia de la burguesía encumbrada, ymurió en París luego qué el escarnio, la reprobación de los "respetables censores", elescándalo público y la cárcel trocaran el pedestal de su gloria mundana y un tanto excéntrica por otro más sólido y duradero, basado en las calidades intrínsecas de una obra que supoextremar las virtudes de! esteticismo pero a la vez hincó el diente crítico en la mojigatería yel moralismo de una sociedad victoriana que entonces convirtió al gran escritor en chivoexpiatorio. La obra de Wilde abarca un amplio espectro, que incluye los cuentos de hadas (
El príncipefeliz
), la novela (
El retrato de Dorian Gray
), e! ensayo (
Intenciones
), el testimonio desgarrado(
De profundis
), junto con notables poesías, relatos y piezas teatrales (de las cuales sedestacan las dos mencionadas y cuyos avatares puntualiza Jaime Rest en el "Estudio preliminar").
Fue el mismo Oscar Wilde quien más contribuyó a que resultara imposible discriminar entreel hombre del clavel verde que frecuentaba los círculos artísticos londinenses y el autor queescribió algunos de los poemas, relatos y ensayos más significativos del esteticismofinisecular; por añadidura, consiguió que efectivamente se prestara más atención a suexistencia personal que a su labor poética, de conformidad con la observación casi aforísticaque ha llegado a suplir todo otro conocimiento del escritor y de su obra: “puse sólo el talentoen mi producción y el genio exclusivamente en mi vida". En tuna época en que todavía no sehabía, desarrollado el extravagante culto de la figura siempre iluminada por las candilejas,que los medios de comunicación de masas han promovido en nuestro siglo, el creador decomposiciones tales como
 El retrato de Dorian Gray
y
 La importancia de llamarse Ernesto
 logró que su trayectoria íntegra fuese motivo de comentario público o de comidilla privada,desde aquellos comienzos que Gilbert y Sullivan ridiculizaron en el personaje de Bunthorne,en la opereta
Patience
de 1881, hasta esa suerte de apoteosis al revés de publicidad que fue laestrepitosa caída y la condena a prisión. Es como si Wilde no hubiese dejado jamás de ser elactor que se interpretaba a sí mismo en el escenario de la Inglaterra de los
rebeldes noventa
,ese período de rebeldía en traje de noche que agitó las postrimerías de la era victoriana y quecausó escalofríos de ingenuo placer y de tímido atrevimiento cuando en los tabladoscomenzaba a dialogarse sobre mujeres "con pasado" y sobre hombres que recibían aencantadoras y casi candorosas
demimondaines
en sus aposentos del tradicional Albany o dealguna otra residencia urbana elegante; inclusive después de la catástrofe en que loprecipitaron sus gestos espectaculares destinados a suscitar la atención de los espectadores,Wilde todavía en sus últimos y trágicos cinco años de vida hizo un par de ademanes finales
 
Librodot Salomé Oscar Wilde
Librodot
33
para atraer la mirada de los contemporáneos, con una balada plena de indignación y con unaepístola cargada de angustia y de piedad.Hoy Wilde ha llegado a ocupar justicieramente y en forma definitiva una posición relevanteen la literatura de su tiempo como crítico, narrador, poeta y dramaturgo del ciclo decadentista.Pero, en apariencia, para la gente de su tiempo que estaba enterada de esas cosas fue menosun escritor que un individuo algo amanerado, de vestuario prolijo y hasta un tanto exagerado,de conducta un poco excéntrica y de conversación deslumbradora. Sus contemporáneos no sedieron cuenta de que era un artista inteligente, como sin duda lo fue, sino que advirtieroncierto deseo de figuración y de nombradía y un ingenioso don para la plática que supotrasladar impoluto al diálogo de sus comedias. E. F. Benson, un testigo confiable del período,refiere en su autobiografía que hasta 1895, año del desastre, Wilde "había difundido pocascosas que despertaran seria consideración" en la época: "sus poemas disfrutaron de gran éxitoal publicarse por primera vez, pero hacía mucho que habían sido olvidados"; y en cuanto a larestante producción, sólo
 El retrato de Dorian Gray
y las piezas reunidas en
 El príncipe feliz
 se contaban entre los libros suyos que alcanzaron una segunda edición. "En Inglaterra –agregael mismo comentarista–había una pequeña pero entusiasta pandilla de artistas y de allegados ala literatura que lo juzgaba el genio más notable de la coyuntura, pero fuera del país su obratanto en verso cuanto en prosa era absolutamente desconocida, e inclusive la critica inglesasolía tratar sus publicaciones con bastante menosprecio." Salvo
 El retrato de Dorian Gray
,que engendró feroces denuncias, el resto de la obra no tuvo mayor interés para el público, quepermaneció indiferente hasta que el escándalo, como suele ocurrir, precipitó la irónicaconsecuencia de otorgarle en la Europa continental una espuria notoriedad que, sin embargo,pudo facilitar a corto plazo el reconocimiento absolutamente legítimo de sus indiscutiblesvalores como sagaz y brillante ensayista, como notable cuentista y dramaturgo y, valga laparadoja, como uno de los autores que en aquel período más se preocupó, a su modo, enelaborar fábulas morales, pese a su taxativo precepto de que "no hay libros morales oinmorales" sino únicamente "bien escritos o mal escritos".No obstante, hubo un aspecto en la producción literaria de Wilde que atrajoconsiderablemente la atención pública entre febrero de 1892 y febrero del fatídico 1895, pesea que este interés de los espectadores no siempre fue respaldado por la crítica; se trata delciclo en que culminó su labor como dramaturgo y en el que se sucedieron rápidamente cuatrocomedias de significativo éxito y una pieza en un acto escrita en francés para SarahBernhardt, actriz que comenzó a ensayarla su en Londres en 1892, pero vio desbaratado suproyecto cuando la censura teatral británica prohibió la representación porque la obra ponía enescena personajes bíblicos, circunstancia considerada casi blasfema. Por cierto la actividaddramática londinense durante el período victoriano temprano fue bastante opaca, pero desde1880 comienza un renacimiento estimulado por una sociedad más mundana, bien dispuesta adisfrutar de los espectáculos, y por la creciente gravitación de Ibsen, que facilitó unacercamiento moderadamente realista a los problemas de la vida en la alta clase media. Eltratamiento de las anécdotas en los autores de moda –Arthur Wing Pinero y Henry ArthurJones– se hallaba muy lejos de internarse en audacias o de ensayar posturas radicales, y lamayoría de las composiciones corrosivas que por entonces estaba escribiendo Bernard Shawdebió aguardar hasta el filo de 1900 para su presentación sin restricciones. Sea como fuere,con extremo recato y mucha cautela empezaron a insinuarse situaciones humanas y conflictossociales que hasta ese momento habían sido excluidos sistemáticamente de los tablados, comoera el caso de algunos enfoques sobre aspectos de la conducta o de la posición femeninas queestaban anunciando criterios más flexibles y tolerantes en la evaluación de problemas. Al

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