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David R. Jordandavidrjordan@ymail.comTwitter.com/davidrjordan1.600 palabras.PASÓ LO QUE PASÓpor David R. Jordan
Se había entretenido algo más que de costumbre arreglándose. Rafael la agarraba del brazo con fuerza. Parecía como si la empujara. Su gesto serio, sin mediar palabra,evidenciaba su enfado. Andaban a prisa, sin descanso. Al girar la esquina se detuvieron. Através de los cristales pudieron ver que ya estaban todos sentados a la mesa. Rafael se alisó lachaqueta y se apretó el nudo de la corbata. Sin hablarle, la miró con un gesto que lo decíatodo: “has visto, ya han llegado todos, somos los últimos”. Rafael le ofreció su brazo paraque ella lo agarrara; su expresión se iba relajando conforme se acercaban a la puerta delRestaurante.- Muy buenas -saludó Rafael nada más entrar.- ¡Hombre!, por fin habéis llegado -dijo Hilario mientras se levantaba-, ya pensábamosque no vendríais.- ¡Cómo íbamos a faltar! -respondió Rafael- ¡Felices fiestas a todos!Ángela estaba sentada junto a Juan, su marido. Manuela corrió a abrazarla al tiempo queÁngela se ponía en pie.- ¿Cómo estás hermana? -le susurró Ángela al oído.- Bien. Aunque no puedo evitar estar triste. ¡Qué voy a hacer yo sin ti! -contestó Manuela.- No pienses ahora en eso. Vamos a celebrar las fiestas y a divertirnos esta noche.- Pero es que, con este hombre… ¿con quién voy a desahogarme ahora?- Tienes que ser fuerte. Ya sabes lo que dice mamá.Ángela le hizo un gesto con la mirada, Rafael se acercaba.- Sentémonos, cariño -dijo Rafael.Les habían reservado un hueco en una de las esquinas, frente a su hermana y Juan, junto aHilario y su esposa.Rafael, como queriendo evitar a Juan, se puso a hablar con Hilario. Juan no le quitaba losojos de encima.- Cuñado, no he tenido oportunidad de darte la enhorabuena -dijo Manuela atrayendo laatención de Juan.- Muchas gracias, Manuela. Sabes que me habría gustado mucho tenerte a nuestro lado enel día más importante de nuestras vidas, pero… -miró a Rafael mientras movía ligeramente lacabeza de lado a lado y apretaba los dientes.- Te echamos mucho de menos en la boda -interrumpió Ángela-. Mamá y papá se lo pasaron en grande, ¡hasta bailaron!
 
PASÓ LO QUE PASÓ | @davidrjordan2- ¡Calla! No metas más el dedo en la llaga. Cada vez que lo pienso… Quién me iba a decir a mí que me perdería la boda de mi hermana. ¡Ay, Dios mío! -suspiró Manuela.Juan le sirvió una copa y poniéndose en pie, tomó la suya y dijo:- Me gustaría hacer un brindis.Todos callaron y lo miraron expectantes.- Como sabéis esta será probablemente nuestra última Navidad en compañía de familiaresy amigos por mucho tiempo -tomó la mano de Ángela mientras hacía una pequeña pausa-.Mañana partiremos en tren rumbo a Francia donde esperamos poder formar nuestra propiafamilia con prosperidad. Sabemos que con nosotros nos llevamos parte de vuestros corazones-dijo mirando a Manuela- que nos darán el calor y las fuerzas necesarias en los momentos deflaqueza, que seguro que los habrá. Pero sabed amigos que por muy lejos que estemos, nuncaolvidaremos los momentos vividos junto a vosotros, buenos y malos -detuvo un segundo lamirada en Rafael-, porque todos forman parte de nuestra vida. Hemos reído y llorado juntos,y juntos nos hemos arropado los unos a los otros. Vosotros sois parte de nuestra vida, unavida que no sería la misma sin cada uno de vosotros. Os queremos y os echaremos de menos.¡Por la amistad! -exclamó alzando su copa.- ¡Por la amistad! -respondieron todos levantándose copa en mano.Durante la cena las risas y cuchicheos son continuos. Rafael no para de contar chistes y de beber una copa de vino tras otra. Esperanza, la mujer de Hilario habla sin parar con Carmen,la mujer de José. De vez en cuando miran a Ángela y a Manuela y vuelven a cotillear al oído.Las carcajadas y voces son el centro de atención del Restaurante. Juan bromea conManuela sobre cómo son los franceses, su forma de hablar, y parodia la forma de andar delas
 francesitas
. Ángela parece divertirse con las ocurrencias de su marido. Manuela no puedeevitar sentir un poco de envidia de Ángela. Por un momento se siente feliz viendo reir a suhermana.-
Cuñá
, qué guapa estás -acierta a balbucear Rafael mientras pone su mano sobre elhombro de Ángela.Juan, sin mediar palabra, le aparta la mano clavando sus ojos en los de Rafael.- Ni se te ocurra volver a poner un dedo sobre mi mujer. ¿Ya estás borracho?- Tengamos la fiesta en paz. ¿O nos vamos a
enfadá
por tener en la mesa a las mujeresmás guapas de Sevilla? ¡Que se entere
to’el 
mundo! ¡Aquí están las mujeres más guapas! -dice Hilario metiéndose entre los dos con signos claros de haber bebido alguna copa de más.- Juan, ¿a qué hora dijiste que teníamos que levantarnos para llegar a tiempo a la estación?-pregunta Ángela atrayendo su atención.Juan calla. Manuela mira a Ángela.- Yo os acompañaré hasta casa, ¿no te importa verdad, Rafael? -dice Manuela.- Sí, vete tú, que yo me voy a
quedá
un rato más con mis
compadres
-responde Rafael.- Tienes razón, Ángela. Ya va siendo tarde -comenta Juan sin apartar la mirada de Rafael.Los demás permanecen ajenos, riendo y bebiendo.Juan se acerca al guardarropa a por los abrigos de Ángela, Manuela y el suyo.- Amigos. Nos tenemos que ir ya, que el tren sale temprano. ¡Felices fiestas y hasta lavista!- ¿Ya? ¡Hombre, vamos a tomarnos la última! -grita Hilario.- De verdad que nos gustaría. Pero, por favor, continuad vosotros. ¡Y tomaros una anuestra salud!Ángela y Manuela se despiden de Carmen, de Esperanza y las demás. Juan se abraza aHilario y da la mano primero a José, mientras palmea su espalda, y después a Rafael y losdemás.- ¡Buen viaje! -exclama Rafael.
 
PASÓ LO QUE PASÓ | @davidrjordan3Ángela asiente moviendo ligeramente la cabeza. Se ponen los abrigos y los tres salen delRestaurante.Mientras caminan, Manuela abraza el brazo derecho de Ángela, reclinando su cabezasobre el hombro de su hermana pequeña.- Me mandarás alguna foto, ¿verdad? -pregunta Manuela a Ángela.- Claro que sí. Te escribiré todos los meses.- Sabes que yo no sé leer muy bien. Mándame fotos, ¿vale?- Tienes que prometerme que vas a intentar aprender a leer. Ahora que yo no voy a estar,¿qué vas a ir a
la Paquera
a que te lea las cartas y lo pregone por todo el barrio?- Sí, lo voy a intentar. De verdad que me pondré a aprender, pero tú mándame tambiénfotos. Quiero verte.- Manuela, también nos tienes que prometer que vas a cuidar de ti -le dice Juan-. Con esemalnacido a tu lado tienes que tener mucho cuidado.- ¡Ay, Juan! Y qué voy a hacer yo ahora sin mi hermana. Si toda mi vida ella me haayudado a ser fuerte. ¿Qué voy a hacer ahora que no va a estar a mi lado?- Si alguna vez te hace algo a ti… ¡déjalo! Déjalo y vente con nosotros. En Francia podrías empezar una nueva vida -le sugiere Juan.- Que más quisiera yo. Pero, ¿qué iba a hacer yo sola con un niño de dos años?- En Francia son más modernos. Me han dicho que allí muchas mujeres se separan de susmaridos y no pasa nada.- Pero Juan, a mis padres los mataría de la vergüenza. No mi alma, no puedo. Mi sitio estáaquí y aquí debo quedarme.Sus manos arrugadas se funden con las de Manuel, su hijo. Desde pequeño había asumidosu papel de protector y allí estaba, apoyándola en uno de los trances más duros que habíavivido. El banco sobre el que estaban sentados era incómodo y la sala fría.- No te preocupes mamá. Tú sólo responde a lo que te pregunten -la intenta tranquilizar Manuel.- ¡Ay!, si hubiese sabido pararlo todo cuando
 pasó lo que pasó
con tu tía… -suspiraManuela.- Manuela del Río Sánchez -llama el oficial del Juzgado nada más abrir la puerta.- Sí, yo soy -responde mientras se levantaba con la ayuda de su hijo.- Sé fuerte, mamá -le susurra Manuel mientras besa su mejilla-, estaré en la primera fila.- Llevo toda mi vida siendo fuerte. No temas.Entra en la Sala siguiendo al oficial. Puede ver en la primera fila a su hija Lourdes con sumarido, Alfredo. El pañuelo en la mano y los ojos rojos delatan que la mañana estaba siendoespecialmente dura para ella. Manuel entra en ese momento sigiloso por la puerta del fondo yse sienta junto a su hermana. El oficial le indica dónde debe sentarse. Mira a su alrededor. Aun lado puede ver a Rafael, sentado con la cabeza gacha. No parece el mismo de siempre. No puede evitar que se le venga a su cabeza esa mirada constante, altiva, autoritaria, temeraria,mientras le grita “¡quién va a creerte!, ¡no eres nadie!”.- ¿Es usted Manuela del Río Sánchez? -pregunta el juez.- Sí, yo soy.- ¿Es usted esposa de Rafael Serrano Guerra?- Sí.- Se le ha llamado a declarar en condición de testigo en el caso abierto contra su esposo,Rafael Serrano Guerra, ante la supuesta agresión sexual de éste a Lucía González Serrano, sunieta. ¿Lo entiende?

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