PASÓ LO QUE PASÓ | @davidrjordan2- ¡Calla! No metas más el dedo en la llaga. Cada vez que lo pienso… Quién me iba a decir a mí que me perdería la boda de mi hermana. ¡Ay, Dios mío! -suspiró Manuela.Juan le sirvió una copa y poniéndose en pie, tomó la suya y dijo:- Me gustaría hacer un brindis.Todos callaron y lo miraron expectantes.- Como sabéis esta será probablemente nuestra última Navidad en compañía de familiaresy amigos por mucho tiempo -tomó la mano de Ángela mientras hacía una pequeña pausa-.Mañana partiremos en tren rumbo a Francia donde esperamos poder formar nuestra propiafamilia con prosperidad. Sabemos que con nosotros nos llevamos parte de vuestros corazones-dijo mirando a Manuela- que nos darán el calor y las fuerzas necesarias en los momentos deflaqueza, que seguro que los habrá. Pero sabed amigos que por muy lejos que estemos, nuncaolvidaremos los momentos vividos junto a vosotros, buenos y malos -detuvo un segundo lamirada en Rafael-, porque todos forman parte de nuestra vida. Hemos reído y llorado juntos,y juntos nos hemos arropado los unos a los otros. Vosotros sois parte de nuestra vida, unavida que no sería la misma sin cada uno de vosotros. Os queremos y os echaremos de menos.¡Por la amistad! -exclamó alzando su copa.- ¡Por la amistad! -respondieron todos levantándose copa en mano.Durante la cena las risas y cuchicheos son continuos. Rafael no para de contar chistes y de beber una copa de vino tras otra. Esperanza, la mujer de Hilario habla sin parar con Carmen,la mujer de José. De vez en cuando miran a Ángela y a Manuela y vuelven a cotillear al oído.Las carcajadas y voces son el centro de atención del Restaurante. Juan bromea conManuela sobre cómo son los franceses, su forma de hablar, y parodia la forma de andar delas
francesitas
. Ángela parece divertirse con las ocurrencias de su marido. Manuela no puedeevitar sentir un poco de envidia de Ángela. Por un momento se siente feliz viendo reir a suhermana.-
Cuñá
, qué guapa estás -acierta a balbucear Rafael mientras pone su mano sobre elhombro de Ángela.Juan, sin mediar palabra, le aparta la mano clavando sus ojos en los de Rafael.- Ni se te ocurra volver a poner un dedo sobre mi mujer. ¿Ya estás borracho?- Tengamos la fiesta en paz. ¿O nos vamos a
enfadá
por tener en la mesa a las mujeresmás guapas de Sevilla? ¡Que se entere
to’el
mundo! ¡Aquí están las mujeres más guapas! -dice Hilario metiéndose entre los dos con signos claros de haber bebido alguna copa de más.- Juan, ¿a qué hora dijiste que teníamos que levantarnos para llegar a tiempo a la estación?-pregunta Ángela atrayendo su atención.Juan calla. Manuela mira a Ángela.- Yo os acompañaré hasta casa, ¿no te importa verdad, Rafael? -dice Manuela.- Sí, vete tú, que yo me voy a
quedá
un rato más con mis
compadres
-responde Rafael.- Tienes razón, Ángela. Ya va siendo tarde -comenta Juan sin apartar la mirada de Rafael.Los demás permanecen ajenos, riendo y bebiendo.Juan se acerca al guardarropa a por los abrigos de Ángela, Manuela y el suyo.- Amigos. Nos tenemos que ir ya, que el tren sale temprano. ¡Felices fiestas y hasta lavista!- ¿Ya? ¡Hombre, vamos a tomarnos la última! -grita Hilario.- De verdad que nos gustaría. Pero, por favor, continuad vosotros. ¡Y tomaros una anuestra salud!Ángela y Manuela se despiden de Carmen, de Esperanza y las demás. Juan se abraza aHilario y da la mano primero a José, mientras palmea su espalda, y después a Rafael y losdemás.- ¡Buen viaje! -exclama Rafael.
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