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Krishna, Gopi - Kundalini, el yoga de la energía

Krishna, Gopi - Kundalini, el yoga de la energía

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Published by: Ariadne Celada del Castillo A on Jan 01, 2012
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KUNDALINI
El yoga de la energía
Gopi Krishna
Título original: KUNDALINI (1976)Primera edición en español: 1988
 
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El potencial kundalini, el misterioso centro de poder, es conocido por místicos y yoguis indios desde hacemuchos siglos. Una vez activado a través del yoga, la kundalini puede ser la fuente de una energíainimaginablemente poderosa, concediendo al individuo un gran poder intelectual y espiritual. De hecho,según el autor, puede transformar a un ser humano medio en un genio.El presente libro -que ya es un clásico de fama mundial- es un relato autobiográfico de lo que sucede en lamente y el cuerpo cuando la kundalini despierta espontáneamente. Describe los peligros, los trastornos y laequilibrada entrada final a un nivel superior de la conciencia.Gopi Krishna ha creado una Fundación Kundalini en Jammu que proporciona una base científica para lapráctica del kundalini, igual que para difundir, lo más extensamente posible, los conocimientos que haadquirido a través de su experiencia personal.
 
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Una mañana, durante la navidad de 1937, estaba sentado con las piernas cruzadas en la habitación de unapequeña casa en las afueras de Jammu, la capital invernal del estado de Jammu y Kashmir en el norte de laIndia. Estaba meditando con la cara vuelta hacia la ventana del lado este, a través de la cual penetraban en lahabitación las primeras luces grises del alba que lentamente se aclaraba. Esta larga práctica me habíaacostumbrado a permanecer en la misma posición durante horas enteras sin sentir la menor molestia, y así estaba, sentado, respirando lenta y rítmicamente, con la atención concentrada en mi coronilla, contemplandoun loto imaginario en plena flor y que irradiaba luz.Permanecí sentado, erecto e inmóvil, con mis pensamientos siempre centrados en el loto resplandeciente,procurando evitar que mi atención se desviase y atrayéndola una y otra vez cuando se alejaba en alguna otradirección. La intensidad de la concentración interrumpió mi respiración, que disminuía gradualmente hasta elextremo de que a ratos era apenas perceptible. Mi ser entero estaba tan absorto en la contemplación del lotoque durante varios minutos seguidos perdí el contacto con mi cuerpo y con mi entorno. Durante estosintervalos sentía como si estuviese suspendido en el aire, sin la sensación de poseer un cuerpo que merodease. No era consciente más que de un loto brillante que emitía rayos de luz. Esta experiencia les hasucedido a muchas personas que practican la meditación con regularidad durante un período de tiemposuficientemente largo, pero lo que me ocurrió después, aquella mañana profética, cambiando el curso enterode mi vida y mi concepto de ella, les ha sucedido a pocos.Durante uno de estos momentos de concentración intensa, de repente tuve una sensación extraña en labase de la columna vertebral, en el punto que toca con el trasero, mientras estaba sentado con las piernascruzadas sobre una manta plegada en el suelo. La sensación fue tan extraordinaria y agradable que miatención fue atraída hacia ella. En el momento en que mi atención se desvió inesperadamente del punto en elque estaba enfocada, la sensación cesó. Creyendo que había sido un truco de mi imaginación para aflojar latensión, aparté la cuestión de mi mente y volví a centrar la atención en el punto del que se había alejado. Laenfoqué de nuevo en el loto, y, mientras la imagen se hacía más clara y definida en mi coronilla, la sensaciónapareció de nuevo. Esta vez intenté mantener fija mi atención y lo logré durante algunos segundos, pero lasensación, que se extendía hacia arriba, llegó a ser tan intensa y fue tan extraordinaria, en comparación concualquier cosa que hubiese experimentado con anterioridad, que a pesar mío mi mente se desvió hacia ella, yen ese mismo instante volvió a desaparecer. Ahora estaba convencido de que algo extraño había ocurrido yque la práctica diaria de la concentración probablemente había sido la causa.Había leído relatos brillantes, escritos por hombres sabios, sobre el enorme provecho que resulta de laconcentración, y sobre los poderes milagrosos que adquieren los yoguis mediante tales prácticas. Mi corazónempezó a latir frenéticamente, y me di cuenta de que me era difícil alcanzar el nivel necesario deconcentración. Poco después ya me sentía más tranquilo, y pronto estuve meditando tan profundamente comoantes. Cuando ya estaba totalmente inmerso, experimenté de nuevo la misma sensación, pero ahora, en vez depermitir que mi mente se apartase del punto en que la había enfocado, mantuve la concentración hasta el final.La sensación volvió a extenderse hacia arriba, aumentando en intensidad, y me sentí flaquear; pero con ungran esfuerzo mantuve la atención centrada en el loto. De repente, con el estruendo de una catarata, sentí unacorriente de luz líquida entrar en mi cerebro a través de mi columna vertebral.Puesto que no estaba preparado para tal acontecimiento, me sentí cogido completamente por sorpresa;pero, recobrando instantáneamente el dominio sobre mí mismo, me quedé sentado en la misma posición,manteniendo la mente en el punto de concentración. La iluminación se hizo más y más radiante, el bramidomás fuerte, y experimenté una sensación oscilante; y entonces sentí cómo salía de mi cuerpo, totalmenteenvuelto en un halo de luz. Es imposible describir la experiencia con exactitud. Sentí que el punto deconciencia que era yo mismo se ampliaba, rodeado de olas de luz. Se hizo cada vez más amplio,extendiéndose hacia fuera mientras el cuerpo, que normalmente es el objeto inmediato de su percepción,parecía haber retrocedido en la distancia, hasta que fui completamente inconsciente de él. Ahora era yo todoconciencia, sin ningún contorno, sin idea alguna de apéndice corporal, sin ningún sentimiento o sensación queproviniese de los sentidos; estaba sumergido en un mar de luz y simultáneamente consciente de cada punto,extendido, por decirlo así, en todas direcciones sin ninguna barrera u obstrucción material. Ya no era yomismo o, para ser más preciso, ya no era el ser que yo conocía, un pequeño punto de conciencia confinado enun cuerpo, sino que, en su lugar, era un vasto círculo de conciencia en el cual el cuerpo no era más que unpunto bañado en luz y en un estado de exaltación y felicidad imposible de describir.Poco rato después, cuya duración no pude calcular, el círculo empezó a reducirse; sentí que me contraía,

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