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The Gift of the Magi / El Regalo de los Reyes Magos- O.Henry

The Gift of the Magi / El Regalo de los Reyes Magos- O.Henry

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Short story by O.Henry about the Magi in the time of the Great Depression. Bilingual edition English-Spanish. / Relato breve de O.Henry sobre los Reyes Magos, en medio de la Gran Depresión. Edición bilingüe Inglés-Español.
Short story by O.Henry about the Magi in the time of the Great Depression. Bilingual edition English-Spanish. / Relato breve de O.Henry sobre los Reyes Magos, en medio de la Gran Depresión. Edición bilingüe Inglés-Español.

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12/10/2013

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The Gift of the Magi
“El Regalo de los Reyes Magos”
O. Henry
One dollar and eighty-seven cents. That wasall. And sixty cents of it was in pennies.Pennies saved one and two at a time bybulldozing the grocer and the vegetable manand the butcher until one's cheeks burned withthe silent imputation of parsimony that suchclose dealing implied. Three times Dellacounted it. One dollar and eighty- seven cents.And the next day would be Christmas.There was clearly nothing to do but flop downon the shabby little couch and howl. So Delladid it. Which instigates the moral reflection thatlife is made up of sobs, sniffles, and smiles,with sniffles predominating.While the mistress of the home is graduallysubsiding from the first stage to the second,take a look at the home. A furnished flat at $8per week. It did not exactly beggar description,but it certainly had that word on the lookout forthe mendicancy squad.In the vestibule below was a letter-box intowhich no letter would go, and an electric buttonfrom which no mortal finger could coax a ring.Also appertaining thereunto was a card bearingthe name "Mr. James Dillingham Young."The "Dillingham" had been flung to the breezeduring a former period of prosperity when itspossessor was being paid $30 per week. Now,when the income was shrunk to $20, though,they were thinking seriously of contracting to amodest and unassuming D. But whenever Mr.James Dillingham Young came home andreached his flat above he was called "Jim" andgreatly hugged by Mrs. James DillinghamYoung, already introduced to you as Della.Which is all very good.Della finished her cry and attended to hercheeks with the powder rag. She stood by thewindow and looked out dully at a gray catwalking a gray fence in a gray backyard.Tomorrow would be Christmas Day, and shehad only $1.87 with which to buy Jim apresent. She had been saving every penny sheUn dólar y ochenta y siete centavos. Eso eratodo. Y setenta centavos estaban en céntimos.Céntimos ahorrados, uno por uno, discutiendocon el almacenero y el verdulero y el carnicerohasta que las mejillas de uno se ponían rojas devergüenza ante la silenciosa acusación deavaricia que implicaba un regateo tanobstinado. Delia los contó tres veces. Un dólary ochenta y siete centavos. Y al día siguienteera Navidad.Evidentemente no había nada que hacer fuerade echarse al miserable lecho y llorar. Y Delialo hizo. Lo que conduce a la reflexión moral deque la vida se compone de sollozos, lloriqueosy sonrisas, con predominio de los lloriqueos.Mientras la dueña de casa se va calmando,pasando de la primera a la segunda etapa,echemos una mirada a su hogar, uno de esosdepartamentos de ocho dólares a la semana. Noera exactamente un lugar para alojar mendigos,pero ciertamente la policía lo habría descritocomo tal.Abajo, en la entrada, había un buzón al cual nollegaba carta alguna, Y un timbre eléctrico alcual no se acercaría jamás un dedo mortal.También pertenecía al departamento una tarjetacon el nombre de "Señor James DillinghamYoung".La palabra "Dillingham" había llegado hastaallí volando en la brisa de un anterior períodode prosperidad de su dueño, cuando ganabatreinta dólares semanales. Pero ahora que susentradas habían bajado a veinte dólares, lasletras de "Dillingham" se veían borrosas, comosi estuvieran pensando seriamente en reducirsea una modesta y humilde "D". Pero cuando elseñor James Dillingham Young llegaba a sucasa y subía a su departamento, le decían "Jim"y era cariñosamente abrazado por la señoraDelia Dillingham Young, a quien hemospresentado al lector como Delia. Todo lo cualestá muy bien.Delia dejó de llorar y se empolvó las mejillascon el cisne de plumas. Se quedó de pie junto ala ventana y miró hacia afuera, apenada, y vioun gato gris que caminaba sobre una verja grisen un patio gris. Al día siguiente era Navidad yella tenía solamente un dólar y ochenta y sietecentavos para comprarle un regalo a Jim. Había
 
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could for months, with this result. Twentydollars a week doesn't go far. Expenses hadbeen greater than she had calculated. Theyalways are. Only $1.87 to buy a present forJim. Her Jim. Many a happy hour she had spentplanning for something nice for him.Something fine and rare and sterling--something just a little bit near to being worthyof the honor of being owned by Jim.There was a pier-glass between the windows of the room. Perhaps you have seen a pier-glass inan $8 flat. A very thin and very agile personmay, by observing his reflection in a rapidsequence of longitudinal strips, obtain a fairlyaccurate conception of his looks. Della, beingslender, had mastered the art. Suddenly shewhirled from the window and stood before theglass. her eyes were shining brilliantly, but herface had lost its color within twenty seconds.Rapidly she pulled down her hair and let it fallto its full length.Now, there were two possessions of the JamesDillingham Youngs in which they both took amighty pride. One was Jim's gold watch thathad been his father's and his grandfather's. Theother was Della's hair. Had the queen of Shebalived in the flat across the airshaft, Della wouldhave let her hair hang out the window some dayto dry just to depreciate Her Majesty's jewelsand gifts. Had King Solomon been the janitor,with all his treasures piled up in the basement,Jim would have pulled out his watch every timehe passed, just to see him pluck at his beardfrom envy.So now Della's beautiful hair fell about herrippling and shining like a cascade of brownwaters. It reached below her knee and madeitself almost a garment for her. And then shedid it up again nervously and quickly. Once shefaltered for a minute and stood still while a tearor two splashed on the worn red carpet.On went her old brown jacket; on went her oldbrown hat. With a whirl of skirts and with thebrilliant sparkle still in her eyes, she flutteredout the door and down the stairs to the street.Where she stopped the sign read: "Mne.Sofronie. Hair Goods of All Kinds." One flightup Della ran, and collected herself, panting.estado ahorrando cada centavo, mes a mes, yéste era el resultado. Con veinte dólares a lasemana no se va muy lejos. Los gastos habíansido mayores de lo que había calculado.Siempre lo eran. Sólo un dólar con ochenta ysiete centavos para comprar un regalo a Jim. SuJim. Había pasado muchas horas felicesimaginando algo bonito para él. Algo fino yespecial y de calidad -algo que tuviera justamente ese mínimo de condiciones para quefuera digno de pertenecer a Jim.Entre las ventanas de la habitación había unespejo de cuerpo entero. Quizás alguna vezhayan visto ustedes un espejo de cuerpo enteroen un departamento de ocho dólares. Unapersona muy delgada y ágil podría, al mirarseen él, tener su imagen rápida y en franjaslongitudinales. Como Delia era esbelta, lo hacíacon absoluto dominio técnico. De repente sealejó de la ventana y se paró ante el espejo. Susojos brillaban intensamente, pero su rostroperdió su color antes de veinte segundos. Soltócon urgencia sus cabellera y la dejó caer cuanlarga era.Los Dillingham eran dueños de dos cosas queles provocaban un inmenso orgullo. Una era elreloj de oro que había sido del padre de Jim yantes de su abuelo. La otra era la cabellera deDelia. Si la Reina de Saba hubiera vivido en eldepartamento frente al suyo, algún día Deliahabría dejado colgar su cabellera fuera de laventana nada más que para demostrar sudesprecio por las joyas y los regalos de SuMajestad. Si el rey Salomón hubiera sido elportero, con todos sus tesoros apilados en elsótano, Jim hubiera sacado su reloj cada vezque hubiera pasado delante de él nada más quepara verlo mesándose su barba de envidia.La hermosa cabellera de Delia cayó sobre sushombros y brilló como una cascada de pardasaguas. Llegó hasta más abajo de sus rodillas yla envolvió como una vestidura. Y entoncesella la recogió de nuevo, nerviosa yrápidamente. Por un minuto se sintiódesfallecer y permaneció de pie mientras un parde lágrimas caían a la raída alfombra roja.Se puso su vieja y oscura chaqueta; se puso suviejo sombrero. Con un revuelo de faldas y conel brillo todavía en los ojos, abriónerviosamente la puerta, salió y bajó lasescaleras para salir a la calle.Donde se detuvo se leía un cartel: "Mme.Sofronie. Cabellos de todas clases". Delia subiórápidamente Y, jadeando, trató de controlarse.
 
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Madame, large, too white, chilly, hardly lookedthe "Sofronie.""Will you buy my hair?" asked Della."I buy hair," said Madame. "Take yer hat off and let's have a sight at the looks of it."Down rippled the brown cascade."Twenty dollars," said Madame, lifting themass with a practised hand."Give it to me quick," said Della.Oh, and the next two hours tripped by on rosywings. Forget the hashed metaphor. She wasransacking the stores for Jim's present.She found it at last. It surely had been made forJim and no one else. There was no other like itin any of the stores, and she had turned all of them inside out. It was a platinum fob chainsimple and chaste in design, properlyproclaiming its value by substance alone andnot by meretricious ornamentation--as all goodthings should do. It was even worthy of TheWatch. As soon as she saw it she knew that itmust be Jim's. It was like him. Quietness andvalue--the description applied to both. Twenty-one dollars they took from her for it, and shehurried home with the 87 cents. With that chainon his watch Jim might be properly anxiousabout the time in any company. Grand as thewatch was, he sometimes looked at it on the slyon account of the old leather strap that he usedin place of a chain.When Della reached home her intoxicationgave way a little to prudence and reason. Shegot out her curling irons and lighted the gas andwent to work repairing the ravages made bygenerosity added to love. Which is always atremendous task, dear friends--a mammothtask.Within forty minutes her head was coveredwith tiny, close-lying curls that made her lookwonderfully like a truant schoolboy. Shelooked at her reflection in the mirror long,carefully, and critically."If Jim doesn't kill me," she said to herself,"before he takes a second look at me, he'll say Ilook like a Coney Island chorus girl. But whatcould I do--oh! what could I do with a dollarMadame, grande, demasiado blanca, fría, noparecía la "Sofronie" indicada en la puerta.-¿Quiere comprar mi pelo? -preguntó Delia.-Compro pelo -dijo Madame-. Sáquese elsombrero y déjeme mirar el suyo.La áurea cascada cayó libremente.-Veinte dólares -dijo Madame, sopesando lamasa con manos expertas.-Démelos inmediatamente -dijo Delia.Oh, y las dos horas siguientes transcurrieronvolando en alas rosadas. Perdón por lametáfora, tan vulgar. Y Delia empezó a mirarlos negocios en busca del regalo para Jim.Al fin lo encontró. Estaba hecho para Jim, paranadie más. En ningún negocio había otro regalocomo ése. Y ella los había inspeccionado todos.Era una cadena de reloj, de platino, de diseñosencillo y puro, que proclamaba su valor sólopor el material mismo y no por algunaornamentación inútil y de mal gusto... tal comoocurre siempre con las cosas de verdaderovalor. Era digna del reloj. Apenas la vio se diocuenta de que era exactamente lo que buscabapara Jim. Era como Jim: valioso y sinaspavientos. La descripción podía aplicarse aambos. Pagó por ella veintiún dólares y regresórápidamente a casa con ochenta y sietecentavos. Con esa cadena en su reloj, Jim iba avivir ansioso de mirar la hora en compañía decualquiera. Porque, aunque el reloj eraestupendo, Jim se veía obligado a mirar la horaa hurtadillas a causa de la gastada correa queusaba en vez de una cadena.Cuando Delia llegó a casa, su excitación cedióel paso a una cierta prudencia y sensatez. Sacósus tenacillas para el pelo, encendió el gas yempezó a reparar los estragos hechos por lagenerosidad sumada al amor. Lo cual es unatarea tremenda, amigos míos, una tareagigantesca.A los cuarenta minutos su cabeza estabacubierta por unos rizos pequeños y apretadosque la hacían parecerse a un encantadorestudiante holgazán. Miró su imagen en elespejo con ojos críticos, largamente."Si Jim no me mata, se dijo, antes de que memire por segunda vez, dirá que parezco unacorista de Coney Island. Pero, ¿qué otra cosapodría haber hecho? ¡Oh! ¿Qué podría haber

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