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Eltit, Diamela. Intereses Creados

Eltit, Diamela. Intereses Creados

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Published by: LiteraturaLatinoamericana Arcis on Jan 05, 2012
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01/05/2012

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INTERESES CREADOS La democracia chilena opera como una mera fachada. Laspolíticas asistencialistas de este tiempo devastador cumplen con elpropósito de sostener –mediante redes precarias– a los ciudadanosmás pobres. Pero el punto más urgente es cómo poner coto a lariqueza, establecer en ese ámbito (ferozmente concentrado) loslímites más estrictos para restituirle al aparato social la democraciaperdida.Se enriquecen de manera desmedida a costa de la salud, laeducacn, la vivienda, y cada uno de los servicios sicos. Seenriquecen extenuando los cuerpos materiales, concretos,contingentes de más del 90% de los ciudadanos.Desde luego el binominalismo (sostenido y auspiciado por laderecha y parte importante de la Concertación), las restriccioneselectorales, las insoportables politiquerías partidistas, los conflictosde interés alojados en el Congreso Nacional y en los altos cargos delEstado, la posición acrítica de los medios de comunicación han sidofundamentales para aumentar las máquinas de riqueza que resultantan destructivas para la integridad de la ciudadanía como unaquina de guerra. Chile sigue encabezando la lista trágica ypeligrosa de la desigualdad. La concentración de riqueza ha sido elterritorio salvaje liberado por la política hace ya casi cuarenta años.La desigualdad provocada por una acumulación conseguidamediante la aguda, insoslayable y científica explotación, transcurreen todas las áreas sociales. No existe en los imaginarios políticos delgobierno y de la centroizquierda concertacionista el deseo ni eldiseño de espacios igualitarios.La desigualdad recorre la realidad chilena como una pestemedieval, arrasa los sentidos, naturaliza la explotación y el silencio,rearma las dominaciones arcaicas, legitima la constancia del abuso.Los ámbitos culturales y literarios experimentan idénticasformas de desigualdad, no lo a través del control mediático yeditorial de parte de los reconocidos grupos de poder sino también enlo más pétreo de la desigualdad como es la “cuestión” de género.Aunque la desigualdad en materia de género es planetaria, mevoy a referir someramente al intenso “caso” chileno desde laespecificidad del espacio literario. Pienso en las literaturas quetrabajan la exploración y proliferación de signos sin incluir a losbestsellers y su pacto con las leyes del mercados.Basta recorrer los medios impresos, los blogs literarios (cual detodos más alucinante, incluyendo la literalidad del de la Sociedad deEscritores, SECH) los espacios críticos mediáticos, los ránquines, parapercibir que la trama literaria está pensada en Chile, desde todos losángulos, como un reducto masculino. Espacio perfecto paraperfeccionar y profundizar la dominación masculina (como dia
 
Bourdieu).El canon literario nacional se funda en escritores, salvo lapresencia siempre polémica de Gabriela Mistral. Esa lista se repiterobóticamente en parte importante de las escuelas y lasuniversidades. Así se sigue inoculando la exclusión y la noción de unaliteratura como patrimonio masculino desde una estructura políticafundada en la violencia.Más aún, algunas veces, las propias mujeres escritoras quecomprenden que los espacios para ellas son irrisorios, se alían (contralas mujeres) a estos masculinos literarios pensando (mediante unoportunismo ingenuo) sobrevivir y acaso vivir en el sistema. Lo queno comprenden (o no quieren comprender) es que ellas ocupan unespacio meramente cosmético (subordinado) en estos grupos de“chicos” y le dan el aura democrática que necesitan para seguircautivos en un imaginario completamente anacrónico y rígido. Porquea la hora de las grandes disputas, de las discusiones, de lanegociación o la guerra por el espacio, la batalla es “entre hombres”.Nada ha evolucionado en Chile desde la primeras décadas del sigloXX cuando Pablo Neruda, Pablo de Rokha y Vicente Huidobro sedespedazaban por ser “el mejor de todos”.Pero estamos en el siglo XXI. Las izquierdas chilenas, continúantan conservadoras como la derecha en materia de nero, sconservadoras aún las izquierdas en materias artísticas y literarias.Los escritores, más allá de sus declaraciones de modernidad, de suglobalización, de sus viajes por el mundo, del uso de nuevos soportestecnológicos, continúan absortos en una forma de tribalismo,profundizan las prácticas antidemocráticas literarias y así colaboran,desde el frente cultural, a la profundización de la desigualdad..Las mujeres en Chile ganan escandalosamente menos que loshombres y las escritoras tambn ganan mucho menos que losescritores porque su presencia pública es ultra restringida en: viajesliterarios, jurados de concursos, columnistas, participaciones encongresos y eventos literarios, traducciones, en fin, una abiertaasimetría en toda las áreas de actividades remuneradas yproductivas. Lo que quiero señalar aquí es que el ámbito literariochileno se sostiene y pervive desde una forma de totalitarismogracias a la infra representación pública de las escritoras.Desde luego hay gestores culturales, escritores, críticosliterarios y lugares que apuestan a modificar este “estado de cosas” ybuscan “producir” democracia y eso es muy positivo, pero son gestos,lugares minoritarios aunque memorables porque están insertos en laépica de lo que Ranciere conceptualiza como “emancipación”.El neoliberalismo traza mercados, ordena sumisiones, generanones. Las editoriales y los diversos espacios de producciónliteraria no están fuera de este proyecto, piden la generación deescrituras que les sean funcionales como, por ejemplo, el cultoactico, desmesurado, y modo de las literaturas del yo, muy

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