2la t
é
cnica en cuanto tal, sino de su funci
ó
n en la econom
í
a actual. La necesidad que podr
í
a acaso esca-par al control central es reprimida ya por el control de la conciencia individual. El paso del tel
é
fono a laradio ha separado claramente a las partes. El tel
é
fono, liberal, dejaba aun al oyente la parte de sujeto. Laradio, democr
á
tica, vuelve a todos por igual escuchas, para remitirlos autoritariamente a los programaspor completo iguales de las diversas estaciones. No se ha desarrollado ning
ú
n sistema de respuesta y lastransmisiones privadas son mantenidas en la clandestinidad. Estas se limitan al mundo exc
é
ntrico de los
“
aficionados
”
, que por a
ñ
adidura est
á
n aun organizados desde arriba. Pero todo resto de espontaneidaddel p
ú
blico en el
á
mbito de la radio oficial es rodeado y absorbido, en una selecci
ó
n de tipo especialista,por cazadores de talento, competencias ante el micr
ó
fono y manifestaciones domesticadas de todo g
é
-nero. Los talentos pertenecen a la industria incluso antes de que
é
sta los presente: de otro modo no seadaptar
í
an con tanta rapidez. La constituci
ó
n del p
ú
blico, que te
ó
ricamente y de hecho favorece al sis-tema de la industria cultural, forma parte del sistema y no lo disculpa. Cuando una
branche
art
í
sticaprocede seg
ú
n la misma receta de otra, muy diversa en lo que respecta al contenido y a los medios ex-presivos; cuando el nudo dram
á
tico de 1a
soap
–
opera
en la radio se convierte en una ilustraci
ó
n peda-g
ó
gica del mundo en el cual hay que resolver dificultades t
é
cnicas, dominadas como
jam
al igual que enlos puntos culminantes de la vida del
jazz
, o cuando la
“
adaptaci
ó
n
”
experimental de una frase de Beet-hoven se hace seg
ú
n el mismo esquema con el que se lleva una novela de Tolstoy a un
film
, la apela-ci
ó
n a los deseos espont
á
neos del p
ú
blico se convierte en un texto inconsistente. M
á
s cercana a la reali-dad es la explicaci
ó
n que se basa en el peso propio, en la fuerza de inercia del aparato t
é
cnico y perso-nal, que por lo dem
á
s debe ser considerado en cada uno de sus detalles como parte del mecanismo eco-n
ó
mico de selecci
ó
n. A ello debe agregarse el acuerdo o por lo menos la com
ú
n determinaci
ó
n de losdirigentes ejecutivos de no producir o admitir nada que no se asemeje a sus propias mesas, a su concep-to de consumidores y sobre todo a ellos mismos.Si la tendencia social objetiva de la
é
poca se encarna en las intenciones subjetivas de los diri-gentes supremos,
é
stos pertenecen por su origen a los sectores m
á
s poderosos de la industria. Los mo-nopolios culturales son, en relaci
ó
n con ellos, d
é
biles y dependientes. Deben apresurarse a satisfacer alos verdaderamente poderosos, para que su esfera en la sociedad de masas
—
cuyo particular car
á
cter demercanc
í
a tiene ya demasiada relaci
ó
n con el liberalismo acogedor y con los intelectuales jud
í
os
—
nocorra peligro. La dependencia de la m
á
s poderosa sociedad de radiofon
í
a respecto a la industria el
é
ctri-ca o la del cine respecto a la de las construcciones navales, delimita la entera esfera, cuyos sectores ais-lados est
á
n econ
ó
micamente cointeresados y son interdependientes. Todo est
á
tan estrechamentepr
ó
ximo que la concentraci
ó
n del esp
í
ritu alcanza un volumen que le permite traspasar los confines delas diversas empresas y de los diversos sectores t
é
cnicos. La unidad desprejuiciada de la industria cultu-ral confirma la unidad
—
en formaci
ó
n
—
de la pol
í
tica. Las distinciones enf
á
ticas, como aquellas entre
films
de tipo a y b o entre las historias de semanarios de distinto precio, no est
á
n fundadas en la reali-dad, sino que sirven m
á
s bien para clasificar y organizar a los consumidores, para adue
ñ
arse de ellos sindesperdicio. Para todos hay algo previsto, a fin de que nadie pueda escapar; las diferencias son acu
ñ
a-das y difundidas artificialmente. E1 hecho de ofrecer al p
ú
blico una jerarqu
í
a de cualidades en seriesirve s
ó
lo para la cuantificaci
ó
n m
á
s completa. Cada uno debe comportarse, por as
í
decirlo, espont
á
-neamente, de acuerdo con su
level
determinado en forma anticipada por
í
ndices estad
í
sticos, y dirigirsea la categor
í
a de productos de masa que ha sido preparada para su tipo. Reducidos a material estad
í
sti-co, los consumidores son distribuidos en el mapa geogr
á
fico de las oficinas administrativas (que no sedistinguen pr
á
cticamente m
á
s de las de propaganda) en grupos seg
ú
n los ingresos, en campos rosados,verdes y azules.E1 esquematismo del procedimiento se manifiesta en que al fin los productos mec
á
nicamentediferenciados se revelan como iguales. E1 que las diferencias entre la serie Chrysler y la serie General