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ARQUITECTURA INDOCENTE
“Arquitectura Indocente” es un juego de palabras que pretende reflejar lafalta de adecuación de la arquitectura escolar en general, para la labordocente que desempeñan. Cuando digo arquitectura escolar me refiero a laque para mí es la más importante de las escuelas, la escuela infantil. Alguiendijo que nada de lo que suceda después de cumplir los doce años esimportante en la vida de una persona. Esta frase, que encierra una gransabiduría, fue para mí durante el tiempo que estuve en la Unidad Técnica dela Delegación de Educación (septiembre de 1996 a diciembre de 2001), unareferencia a la hora de intentar conseguir, dentro de mis atribuciones, losespacios s agradables posibles para los niños.Y es que no existe ninguna otra etapa de la vida humana en la que tenganlugar cambios orgánicos, aumentos de masa viva, y modificacionesfuncionales tan importantes, sometidas además a un ritmo tan peculiar. Y estoscambios, no sólo son físicos sino también emocionales. En esta etapa el niño nosólo es inestable biológicamente sino también emocionalmente. El niño pasade la libertad de su casa o la guardería a un cierto grado de inmovilidad, tancontrario a su naturaleza, y a compartir su espacio vital con otros compañeroscon los que en general no le une ningún tipo de relación fuera de la escuela.Antonio Fernández Alba escribió en 1982 en la revista Cuadernos dePedagogía un artículo titulado “La miseria del espacio escolar” en el quedecía:
 
“Lo que más me preocupa de estas cárceles escolares que se están construyendo es que estamos, sin querer, introduciendo imágenes verdaderamente degradadas en lo que es el ambiente y la capacidad de creación del mundo del niño”.
 
A esta referencia hecha por un prestigioso arquitecto, podemos unir otrassacadas de las redacciones de las alumnas del Colegio de la Asunción deMadrid titulada Como querría mi colegio” en 1.960.
“..Y que no estuvieran las clases tan juntas que se oye todo lo que una clase dice.Con un palomar en el tejado, para que nosotras jugáramos con ellas en el recreo”.“..Las clases con el techo un poquito más bajo, porque alto resuena mucho la voz y además alto no es bonito, y el techo blanco y lo demás de un color”.”..Esto que he escrito los más seguro es que no se realice ni se haga un colegio así porque es un poco quizá para las personas mayores que entienden más que yo que sólo tengo doce años, les parecerá un poco loco pero a lo mejor un día podría yo ver mis ilusiones satisfechas” 
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Si observamos esta imagen (foto 1) de 1963 realizada en un colegio de estaciudad situado a la vuelta de la esquina, podemos ver que la luz (lo únicogratis en la arquitectura), a pesar de los grades ventanales brilla por suausencia. Entre ésta y la de un colegio de Conil (foto 2), del que soy autor delproyecto y director de la obra inaugurado en diciembre de 2001, en la que luzque no el sol, entra a raudales por las ventanas median cerca de 40 años.
 
 
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Mientras este grupo de colegiales ocupábamos en 1963 esta triste(arquitectónicamente hablando) aula de ingreso de un colegio de estaciudad, los niños daneses disfrutaban hacía años de la de este colegio enCopenhague, la escuela Munkegärd de Arne Jacobsen realizada en 1.951.(fotos 3 y 4).
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Pero es que entre esta imagen (foto 5) de unos niños tomando un baño de solhacia 1933 en la azotea del Grupo Escolar Cervantes de Madrid del arquitectoAntonio Flórez, realizado en 1931 en estilo neomudéjar madrileño con muros deladrillo visto y forjados de madera, a esta otra (foto 6) de un colegio enAmsterdam median 0 años.
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Es decir mientras en España necesitábamos que los niños se abastecieran devitamina D en las azoteas de los colegios, tanto por la falta de higiene en lascasas, como en las aulas de los propios colegios que seguían siendo las salasde antiguos conventos y hospitales, en Holanda la luz y el sol (tan escasos enesas latitudes) entraba a raudales por las ventanas de este colegioproyectado por Duiker. Hay que hacer constar sin embargo que la escuela deFlórez representó toda una referencia en la arquitectura escolar nacional deprincipios del siglo XX, al contar con piscina interior, grandes ventanales,comedor y aula de trabajos manuales. Es decir en ambos casos, y salvando lasdiferencias estilísticas, la arquitectura escolar se asocia a la vanguardiapedagógica.Hoy definitivamente es cierto que la situación está cambiando. Las diferenciasse van acortando (incluso las presupuestarias) entre nuestras escuelas y las deotros países. Basta ver este hall de este colegio japonés de Yoshio Taniguchiterminado en marzo de 1.992 (foto 7) y el de este Instituto en el Colorado Conilde la Fra (foto 8), proyecto de la arquitecta Carmen Albalá que actualmentedirijo, y que estará finalizado a principios del próximo año, es decir ya sólo 12años de diferencia.
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Sin embargo la situación política y económica que ha propiciado estatransformación y que ha hecho que nos vayamos equiparando a los paísesmás avanzados, no lleva todavía aparejada la mejora de ciertos aspectoseducativos que entiendo, y sólo hablo en lo referente a la arquitectura, sonmanifiestamente mejorables e indispensable para la educación de nuestroshijos. La equiparación se limita hasta ahora a aspectos formales y estéticos, enmuchos casos muy interesantes, pero que sólo son una parte del problema. Y sibien las nuevas teorías sobre la escuela datan de principios del siglo XIX, no eshasta el primer tercio del siglo XX, con el Movimiento Moderno cuando seempiezan a llevar a la práctica nuevas formas de estos edificios, queanteriormente no se diferenciaban de hospitales, cárceles o conventos.
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