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Palabras eróticas

Palabras eróticas

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08/16/2013

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l  l  ó ó  
Isabel Sharpe 
Multiserie Hotel Hush, 02 
Palabras eróticas (19.7.2006)Título Original:
Thrill me (2005)
S
erie:
 
Hotel Hush, 02 Editorial:
Harlequin Ibérica
 
S
ello / Colección:
 
Fuego 123 Género:
Contemporáneo
 Protagonistas:
Beck Desmond y May Ellison
 Argumento:
 El siguiente capítulo de su vida sería sin duda apasionado y desenfrenado«
 A sus veintiocho años, May Ellison esperaba comenzar una aventura sexual.Después de que su novio la abandonara por considerarla aburrida y predecible, Mayse dirigió al hedonista hotel Hush de Manhattan para acudir a una cita con unhombre«Pero resultó que el tipo no se presentó y May se perdió la aventura que tantodeseaba. ¿Qué haría durante toda la semana en aquel hotel para parejas?El famoso escritor Beck Desmond había acudido al hotel Hush con la intención derevisar su último libro. Pero con sólo ver a May, decidió reescribir el próximocapítulo de sus vidas«
apítulo 1
Para: PersonalDe: Janice Foster, directora, hotel HushFecha: domingo, 6 de julioReferente a: Trevor LittleEl señor Trevor Little traerá otra nueva invitada esta semana. Seguiremos la pauta de regalos acostumbrada: el lunes flores, el martes visita al spa, elmiércoles pulsera, el jueves negligé y el viernes escultura de chocolate.Importante: todo el mundo debe tratar a su invitada con total cordialidad y fingir no haber visto nunca al señor Little. Como de costumbre, las llamadas asu habitación se desviarán a su buzón de voz y si alguien pregunta por él, no sealoja en el hotel.
 
 Nota en el tablero del personal de limpieza:
Que otro se ocupe de limpiar la habitación de Trevor Little. A mí me tocó laúltima vez. ¡Puagh!
Si imaginó el avión de Midwest Airlines como una especie de útero y el pasillodesde el mismo hasta la terminal del aeropuerto de Newark en las afueras deNueva York como el canal del parto, May Hope Ellison estaba a punto de volver anacer. Sus primeras respiraciones simbólicas de su nueva vida estaban a tan sólounos metros, justo al otro lado de la puerta B40.Bueno, quizá era un poco exagerado.May había pensado tomar un avión con destino al aeropuerto de La Guardia, yaque su destino era Manhattan, pero Trevor había insistido en que volara a Newark,en Nueva jersey para ahorrarse el tráfico y las molestias de La Guardia, le habíadicho. Y con suerte, él podría librarse antes de la reunión que tenía en Nueva jerseyese mismo día y reunirse con ella en el tren de las once y treinta y cinco que ibadesde la terminal del aeropuerto hasta la estación Penn en Manhattan.La madre de May, nacida y criada en Wisconsin, que vivió dos años en NuevaYork antes de contraer matrimonio con su padre, se había encogido de hombros yle había asegurado que nunca había tenido problemas con el aeropuerto de LaGuardia.Ni que decir tiene que May no le había mencionado ni una sola palabra de Trevor.Su madre creía que iba de viaje a la Gran Manzana con su compañera de instituto yamiga Ginny. A las madres no solía emocionarlas que sus hijas volaran al otroextremo del país a pasar una semana de pasión y arrebato en un hotel de lujo conun hombre a quien apenas conocían.Un paso más, sólo tenía que doblar la esquina, y allí estaría la primera imagen dela nueva vida que la esperaba para la próxima semana. Oh, un montón increíble depuertas. Un ruido ensordecedor. Y muchísima gente. Aquello no era Milwaukee, ymucho menos su ciudad natal, Oshkosh.May no se dio cuenta de que se había detenido en seco hasta que alguien tropezócon ella y masculló una maldición. Más bien una palabrota bastante desagradable.Continuó caminando, siguiendo la corriente de personas que avanzaban con pasosacelerados por el pasillo interminable en dirección a la terminal principal.Allí había más gente, y más puertas, y más ruido.
 
Tras mucha confusión y más de un error, May consiguió por fin encontrar laterminal ferroviaria y subir al tren, en concreto al tercer vagón detrás de lalocomotora, el que Trevor le había indicado.Por desgracia, Trevor no estaba allí. O por suerte, dependiendo de a quien se lopreguntaran. No es que May no estuviera encantada de haberse atrevido a haceraquello, pero... ¿cómo comportarse durante un largo trayecto de tren con alguien aquien apenas conoces y con quien piensas pasarte toda una semana en la cama enun lujoso hotel de Manhattan?Quizá sería mejor que se vieran en el hotel.Media hora después, May se apeó del tren en un andén subterráneo, caluroso yoscuro, y subió por las escaleras arrastrando la maleta. Comparado con la estaciónde tren, el aeropuerto parecía una ciudad fantasma.May había conocido a Trevor hacía un mes, durante una visita de éste a launiversidad de Wisconsin, en concreto a la facultad de empresariales donde ellatrabajaba como ayudante del decano.Trevor rápidamente pasó de una cordial conversación a una invitación para tomarun café, que fue seguida de una invitación a tomar unas copas, después de unainvitación a cenar, y al final de la cena de una invitación a su habitación del hotel,invitación que ella había rechazado cortésmente. Cuando Trevor se fue, el hombreempezó a mandarle correos electrónicos y a llamarla por teléfono, una y otra vez.Hasta que hablar con él se convirtió en una agradable costumbre diaria que laayudaba a superar la depresión en la que había caído desde que Dan decidieracortar definitivamente su relación de seis años, porque, según sus palabras, lo suyose había convertido en algo monótono y aburrido, y no quería pasar así el resto desu vida.Por supuesto, May no podía impedirle que hiciera lo que quisiera, aunqueconociéndolo como lo conocía, no podía evitar pensar que tras un tiempo debuscar nuevas aventuras, emociones y descargas de adrenalina, Dan volvería a sulado y sus vidas avanzarían tranquilamente y sin sobresaltos hacia el futuro quesiempre habían planeado juntos.Y ahora era ella la que iba en busca de unas emocionantes descargas de adrenalina,probablemente como respuesta a lo que Dan había dicho sobre ella y sobre susaburridas y previsibles vidas.¿Aburricias y previsibles? Desde luego no esa semana. Los mensajes y las llamadascon Trevor habían ido aumentando en intimidad y complicidad, y el tono se habíahecho también más sensual, por no decir claramente sexual. ¿Por qué no? Sólohabía estado con un hombre, Dan, y sentía curiosidad. Además, Trevor debía deestar encantado con ella, porque de repente la invitó a pasar una semana con él enel hotel Hush de Manhattan.

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