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El Jugador - Fedor Dostoievski

El Jugador - Fedor Dostoievski

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Published by: El Reportero de la Historia on Jan 11, 2012
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12/12/2013

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Fiodor Dostoievsky
El jugador
 
Por fin he vuelto, después de quince días de ausencia. Hace ya tres díasque los nuestros llegaron a Roulettenburg.
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Creí que me esperarían con lamayor impaciencia, pero me equivoqué. El general tenía un aire sumamentedesenvuelto. Me habló con arrogancia y me dijo que fuera a hablar con su hermana. Era evidente que habían conseguido que les prestaran dinero. Incluso me pareció que al general le molestaba mi presencia. María Filippovna estaba muy agitada. Apenas me dijo unas palabras, pero tomó el dinero, lo contóy escuchó mi relato hasta el fin. Esperaban que vinieran a comer Mezentzov, el frans y un inglés. Como siempre, así que tienen dinero, invitan a la gentea comer: a lo moscovita. Paulina Alexandrovna, cuando me vio, me preguntó por qué había estado tanto tiempo ausente, y se fue sin esperar mi respuesta. No hay duda de que lo hizo adrede. Sin embargo, es preciso que tengamosuna explicación. Necesito aligerar mi corazón.Me han dado una pequeña habitación en el cuarto piso del hotel. Aquí saben todos que yo formo parte del «séquito del general». Es evidente quehan conseguido hacerse notar. Aquí tienen al general por un riquísimo señorruso. Antes de comer, entre otros encargos, me dio dos billetes de mil fran-cos para que se los cambiase. Los cambié en la oficina del hotel. Ahora nosmirarán, por lo menos durante ocho días, como a millonarios. Fui a buscara Micha y a Nadia para llevármelas a pasear, pero cuando estaban en laescalera, el general me mandó llamar: le pareció conveniente enterarse dellugar adonde me llevaba a las niñas. Verdaderamente, este hombre no puedemirarme a la cara. A veces lo intenta, pero siempre le respondo con una miradatan insistente, es decir, insolente, que parece que va a sacarle de quicio.En un discurso enfático, lleno de paréntesis, en el que acabó por armarseun verdadero lío, me dio a entender que debía pasear con las niñas por el par- que, a cierta distancia del casino. Al final acabó por enfadarse y me dijo contono brusco: Si no, es usted capaz de llevarlas a la ruleta. Perdóneme —añadió—,pero sé que no tiene usted todavía muy sentada la cabeza y podría dejarseatraer por el juego. En todo caso, aunque yo no sea su mentor, ni tenga en
1
En un principio, Dostoiesvki había escogido para título de esta novela Roulettenburg. Hemospreferido conservar el nombre alemán de esta ciudad imaginaria, sin españolizarlo en«Ruletaburgo» o en un término similar.

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