SoHo 93Edición 104
zona crónica
Por María Fernanda Ampuero
“¿Y tu mujer cómo es?”
, le pregunto a ‘Javy’, quese pone aún más tenso. Acaba la cerveza de un trago ypide otra antes de decir: “Prefiero no responder a eso”.Contraataca: “¿Y tu marido?”. “Bien, trabajando. Comoyo”. Me río y se ríe. Por fin hemos roto el hielo en una delas citas más extrañas de nuestras vidas: él busca teneruna aventura y yo, que me cuente por qué.Quedo con ‘Javy’ en un bar a una hora infa-me: dos de la tarde de un miércoles de verano. “Es laúnica hora, la de la comida —me explicará después—,que tenemos para quedar con… bueno, con alguien”.Hace un calor del diablo y entra con un casco de motobajo el brazo, sudadísimo, hecho un desastre. Se peinainútilmente con la mano. Aparenta menos edad de laque tiene. Y más aplomo. Está nervioso y yo también.Somos dos desconocidos que de repente vamos a hablarde algo tan íntimo como la infidelidad.“¿Anaïs?”, pregunta (no es difícil reco-nocerme, soy la única en el bar a esa hora). ‘Anaïs’es mi
nickname
como ‘Javy’ es el suyo en la páginawww.victoriamilan.es, una red social para encuentrosentre casados que rompió esquemas en toda Españaal promocionarse en carteles gigantes ubicados en lospuntos más estratégicos de las principales ciudades.Así como una marca de relojes o una cadena de comidarápida, Victoria Milan promocionaba en la calle ponerlos cuernos a tu pareja con el siguiente eslogan: “¿Estáscasada? Ten una aventura”.
Línea de fuga
Retrocedamos. Un día iba con mi maridopor la calle y de pronto ahí estaba esa señora —sospe-chosamente feliz— abrazando a un señor que, entende-mos, no era el
looser
de su esposo. Debajo de la estamparomántica, una estrellita roja: “Anónimo, 100% con-fidencial”. Ese fue mi primer encuentro con VictoriaMilan (que comenzó a funcionar en octubre del añopasado en Noruega y a comienzos de 2011 en España)y con las cada vez más populares páginas para que losque ya no encuentran lo que quieren en su matrimoniolo busquen en la inimaginable demografía de la red.Al llegar a casa decidí abrir una cuenta yver cómo es eso por dentro. Lo mismo habrán pensadotambién miles de hombres y cientos de mujeres (laproporción en España es mil hombres para 300 muje-res). El mensaje que da la bienvenida es clarísimo: “Siel yugo conyugal te mata de aburrimiento, cansancio,hartazgo, acuéstate con otra/o/os/as”. Es una invitacióna la infidelidad, sí, pero con buen gusto: no hay cuero niadolescentes asiáticas chupándose el dedo ni sostenescopa D ante una
webcam
.La página de Victoria Milan —como la de suarchienemiga www.ashleymadison.com, otra popularweb cuernos-
friendly
que se atrevió a usar como mode-los de infidelidad a Carlos de Inglaterra, Bill Clintony ¡a don Juan Carlos I, rey de España!— no tiene nadasórdido ni grotesco. Su tono es más cursi que sexual,como si los caballeros o damas usuarias pretendierancogerse de la mano y no cogerse a secas.El proceso es así: abres cuenta de Internetfalsa, pones nombre de usuario insinuante (elegí ‘Anaïs’por ser prácticamente sinónimo de infiel) y llenas tuficha: estatura, peso, pelo, ojos, etnia, si llevas tatuajes o
piercings
, tu mayor atractivo (y dan opciones como “mispectorales”, “mi trasero”, “mi billetera” o “quizá te lomuestre algún día”).Además, te preguntan si tienes un “nido deamor secreto” y te dan varias opciones de respuesta.“Sí tengo”, “no tengo” o “no te preocupes, encontrare-mos uno”.Ya casi está. Solo falta completar esto de“¿Qué te excita?”. Las posibilidades son variadas ycuriosas: “pantalones vaqueros”, “místico” (¿místi-co?), “el no usar condón” (¿el no usar condón?), “sinafeitar”, “colegiala”, “coches rápidos/motos” y un lar-guísimo etcétera.‘Anaïs’, que es pérfida, pero discreta, ha pre-ferido el “quizá te lo muestre algún día”.
Enter
.Al segundo, literalmente, empiezan a llegarmensajes, guiños, visitas... Hombres urgidos que sabenque compiten contra miles de congéneres y que solo hayuna mujer para cada tres. Esto, más que una conquista,parece una batalla campal. La cacería de un oso ham-briento en invierno.
TecnoLogía para eL engaño
En España, según una encuesta del portalMatch.com, cuatro de cada diez personas reconocehaberle sido infiel a su pareja en algún momento desu vida. La cifra sube cuando se habla de infidelidaden potencia: el 55% de los entrevistados coincidieronen que estarían con otra persona si supieran que supareja nunca se va a enterar. De la encuesta, además,se sacó en claro que las nuevas tecnologías (celulares,Internet, correo electrónico, redes sociales) “facilitanmucho” el engaño. Y si no, que les pregunten a losusuarios de Victoria Milan, gente que aparenta estartrabajando y lo que hace es mandar mensajes insi-nuantes todo el día.‘Javy’, informático, 37 años, esposo y padre.“¿Cuántas veces has hecho esto?”, le digo dando por sen-tado que lo de tener aventuras amorosas es común ensu vida. “Nunca he sido infiel en el sentido físico, perodisfruto charlando y saliendo con otras mujeres... Meencanta probar mis límites, pero lo que más me gustaen la vida es divertirme y disfrutar de ella”.“¿No es infidelidad coquetear con otrasmujeres mientras la tuya cree que estás en el trabajo?”,me pregunto a mí misma mientras ‘Javy’ me cuenta quees un “tío normal, ni un desgraciado ni un santo, quebusca que una mujer lo haga reír”.
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