La violenta y turbadora trilogía
Millennium
deStieg Larsson es, seguramente, el fenómeno de lacultura popular más sorprendente de la década: apesar del poco apetecible tema del que trata, ya lle- va vendidos 50 millones de copias en todo el mun-do. La primera novela,
Los hombres que no amaban alas mujeres,
arranca con un juicio contra el periodistaMikael Blomkvist. Tras caer en desgracia por pu-blicar un reportaje fraudulento, Henrik Vanger, unindustrial jubilado, le contrata para investigar ladesaparición de su sobrina, Harriet Vanger, ocu-rrida 40 años antes. Al mismo tiempo, Lisbeth Sa-lander, una sílfide andrógina con un pasado brutalque alquila sus servicios de
hacker,
se convierte en sucompañera en un caso que les llevará a realizar unaserie de descubrimientos demoledores.No es
Crepúsculo,
ni mucho menos. Pero si DavidFincher, Rooney Mara y Daniel Craig (que inter-preta a Blomkvist) se quedan para rodar las otrasdos partes de la trilogía, ésta podría ser la primerafranquicia adulta de éxito en décadas. “No tiene porqué ser
Harry Potter”,
afirma Fincher. “No creo quelos lectores se recomendaran este libro unos a otrosdiciendo: ‘Te va a encantar la escena de la violaciónanal, no te la puedes perder”, dice Fincher. “Es unahistoria dura. No decidí hacer esta película por losmomentos escabrosos que contiene, sino porque elhecho de que los contenga no me disuadió en nin-gún momento”.Dejando a un lado las partes escabrosas, pre-guntadle a cualquiera cuál es el motor de la novela y la respuesta será Salander. Fue Salander quienenganchó a 50 millones de lectores, era a Salandera la que todas las actrices de primera fila querían in-terpretar y fue Salander la que dio lugar al procesode cásting que más dio que hablar de Hollywood.“Fue interesante observar cómo todo el mundo es-taba convencido de que tenía que ser de esta ma-nera o de esta otra”, dice Fincher. “Yo no parabade decir que está más cerca de una cicatriz que deuna herida. No es una persona herida, es una per-sona que ha dejado de sentir para que nunca máspuedan hacerle daño. Pero para cada uno es algodistinto. Es como si preguntas: ‘¿Quién es Batman?¿Quién es Drácula? ¿Qué aspecto tiene Jesús?’. De-pende de con quién hables”. ¿Y si hablas con Fin-cher? “Es Rooney. Es a ella a quien vi”.No fue fácil convencer al estudio de esta deci-sión de Fincher. Fue mucho más fácil con DanielCraig. Sin duda, el actual James Bond posee ungran poder de atracción para el público. Y ésta po-dría ser una buena oportunidad para ver una caradistinta de la estrella. “Siempre me han gustadola humildad y la alegría de Daniel. Tiene algo deRobert Mitchum y Kirk Douglas. También sabecómo ser un hombre sensible”, asegura Fincher. A Daniel Craig, lo que más le interesó de la historiafue la relación entre los dos protagonistas. “Es muyextraña”, dice. “Sobre el papel, no debería ocurrir.En la vida real nunca deberían haberse conocido,pero eso es lo que la hace interesante”.
CHRISTINA LINDBERG
en
Thriller. A Crel Pictre
(BoArne Vibenius, 1974).
Sueca, tuerta, drogada yprostituida. Tiene un rifle.Es la jefa. El parche deDaryl Hannah en
Kill Bill
no es casualidad.
FANNY COTTENÇON
en
Fay Pelopaja
(VicenteAranda, 1984).
Un tiempo entre rejas da parapensar. Cuando Fanny salgaal chino de Barcelona, el tipoque se cargó a su marido notendrá mundo para correr.
ZOË TAMERLIS LUND
en
Ágel e vegaza
(AbelFerrara, 1981).
Sordomuda, violada yofendida, descuartizará atodo macho que se le cru-ce. La respuesta definitivaal patriarcado.
ELLEN PAGE
en
HarCay
(David Slade, 2005).
Adolescente se cita conmadurito por internet yle da tormento porque sí.Más que venganza, casti-go. Cine facha vestido deseda.
Rubén LARdín
Cenan frío y tienen razones. Uma Thurman es la reina, pero estas vengadoras son más exóticas
ELLAS SON LA JUSTICIA
Lisbeth curando aBlomkvist. Abajo, StellanSkarsgård, como el siniestroMartin Vanger.
“me gustan lahumildad y la alegríade daniel craig. tienealgo de robertmitchum y de kirkdouglas”
david fincher
Los hombres que no amaban aLas mujeres
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enero 2012
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Cinemanía
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