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Los hombres que no amaban aLas mujeres 
 
“La dad  qu   p dplícula. Auquupg qu‘Bbac Mua’ía u buad d dmía...”
reflexiona el director David Fincher a propósito de su den-sa, intensa y controvertida
 Los hombres que no amaban a lasmujeres.
Y, sin embargo, su gélida y sombría adaptación del
bestseller 
póstumo de Stieg Larsson podría ser la gran sor-presa de la temporada. “¿Has leído el guión?”, sonríe. “Nome imagino a nadie en su sano juicio diciendo: ‘¡Vaya, uncaballo ganador en los Oscar!”.Tiene razón, por supuesto. Éstos son los hechos. Lapelícula va de una chica con cresta que odia a la gente.La flor y nata de las actrices de Hollywood se presentó alcásting para el papel pero, en lugar de elegir a Scarlett Jo-hansson o Carey Mulligan, Fincher se quedó con RooneyMara, a la que vimos en un minipapel en
 La red social 
yen el pésimo
remake
de
 Pesadilla en Elm Street.
La película deDavid Fincher es en sí misma la versión estadounidensede otra sueca, que recibió buenas críticas, estrenada en2009. Tiene un montón de personajes con complicadosnombres suecos y seguir la trama es una pesadilla. Hablade tortura y nazis suecos y contiene algunas de las esce-nas más fuertes de violencia sexual que hemos visto enpantalla. Es, según un eslogan oficial, la ‘Película del MalRollo de estas navidades’.La cuestión es que a Fincher, el hombre que sabe ro-dar la miseria con brillantez (como ya demostró en
Seven, El club de la lucha
y
Zodiac),
no parece importarle. “Tengo unapelícula que debo estrenar el 21 de diciembre y luego me voy a pasar cuatro meses durmiendo”, bromea. Fincher, alque Scott Rudin, el productor de
 Los hombres…
una vez des-cribió como “de mentalidad anarquista” (“Le gusta hacersaltar los sistemas por los aires”), parece encajar perfecta-mente con su material. “He tenido problemas para acatarla autoridad –admite–, pero no me veo como un anarquis-ta. Simplemente creo que los sistemas existen para que lospongamos a prueba”.Sistemas como las entrevistas. Cojamos nuestro inter-cambio inicial. Pregunta: “¿En qué punto se encuentrala película?”. Fincher: “En la fase del pánico”. Pregunta:“¿Qué implica esa fase?”. Fincher: “Estamos buscando alculpable; estamos intentando atrapar al culpable”. No esque esté poniéndonoslo difícil a propósito. Tras un pocomás de insistencia nos dice lo que queremos saber: “Em-piezo a montar el lunes así que es hora de dejar la películaa punto y tengo que comprometerme. ¡Compromiso, esta-mos en la fase del compromiso!”. Pero parece querer evitarlas convenciones y las expectativas creadas. Es, admite, “uncontrario por naturaleza”. “Sin duda le gusta ir contra elsistema, remover las aguas”, confirma Rooney Mara. “Yretar a los demás. Es un retador”.El último reto de Fincher echó a andar a principios de2010, nada más terminar el rodaje de
 La red social,
cuandoScott Rudin le contactó para decirle que había compradolos derechos, que el guionista de
 La lista de Schindler,
SteveZaillian, iba a ocuparse del guión y que debería leer el libro.“Así que no lo leí…”, ríe Fincher. “Esperé hasta que Steveterminó el guión. Me fascinó que algo tan pervertido se hu-biera hecho tan popular”.
Cinemanía
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 enero 2012 
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La violenta y turbadora trilogía
 Millennium
deStieg Larsson es, seguramente, el fenómeno de lacultura popular más sorprendente de la década: apesar del poco apetecible tema del que trata, ya lle- va vendidos 50 millones de copias en todo el mun-do. La primera novela,
 Los hombres que no amaban alas mujeres,
arranca con un juicio contra el periodistaMikael Blomkvist. Tras caer en desgracia por pu-blicar un reportaje fraudulento, Henrik Vanger, unindustrial jubilado, le contrata para investigar ladesaparición de su sobrina, Harriet Vanger, ocu-rrida 40 años antes. Al mismo tiempo, Lisbeth Sa-lander, una sílfide andrógina con un pasado brutalque alquila sus servicios de
hacker,
se convierte en sucompañera en un caso que les llevará a realizar unaserie de descubrimientos demoledores.No es
Crepúsculo,
ni mucho menos. Pero si DavidFincher, Rooney Mara y Daniel Craig (que inter-preta a Blomkvist) se quedan para rodar las otrasdos partes de la trilogía, ésta podría ser la primerafranquicia adulta de éxito en décadas. “No tiene porqué ser
 Harry Potter”,
afirma Fincher. “No creo quelos lectores se recomendaran este libro unos a otrosdiciendo: ‘Te va a encantar la escena de la violaciónanal, no te la puedes perder”, dice Fincher. “Es unahistoria dura. No decidí hacer esta película por losmomentos escabrosos que contiene, sino porque elhecho de que los contenga no me disuadió en nin-gún momento”.Dejando a un lado las partes escabrosas, pre-guntadle a cualquiera cuál es el motor de la novela y la respuesta será Salander. Fue Salander quienenganchó a 50 millones de lectores, era a Salandera la que todas las actrices de primera fila querían in-terpretar y fue Salander la que dio lugar al procesode cásting que más dio que hablar de Hollywood.“Fue interesante observar cómo todo el mundo es-taba convencido de que tenía que ser de esta ma-nera o de esta otra”, dice Fincher. “Yo no parabade decir que está más cerca de una cicatriz que deuna herida. No es una persona herida, es una per-sona que ha dejado de sentir para que nunca máspuedan hacerle daño. Pero para cada uno es algodistinto. Es como si preguntas: ‘¿Quién es Batman?¿Quién es Drácula? ¿Qué aspecto tiene Jesús?’. De-pende de con quién hables”. ¿Y si hablas con Fin-cher? “Es Rooney. Es a ella a quien vi”.No fue fácil convencer al estudio de esta deci-sión de Fincher. Fue mucho más fácil con DanielCraig. Sin duda, el actual James Bond posee ungran poder de atracción para el público. Y ésta po-dría ser una buena oportunidad para ver una caradistinta de la estrella. “Siempre me han gustadola humildad y la alegría de Daniel. Tiene algo deRobert Mitchum y Kirk Douglas. También sabecómo ser un hombre sensible”, asegura Fincher. A Daniel Craig, lo que más le interesó de la historiafue la relación entre los dos protagonistas. “Es muyextraña”, dice. “Sobre el papel, no debería ocurrir.En la vida real nunca deberían haberse conocido,pero eso es lo que la hace interesante”.
CHRISTINA LINDBERG
en
Thriller. A Crel Pictre
(BoArne Vibenius, 1974).
Sueca, tuerta, drogada yprostituida. Tiene un rifle.Es la jefa. El parche deDaryl Hannah en
Kill Bill
 no es casualidad.
FANNY COTTENÇON
en
Fay Pelopaja
(VicenteAranda, 1984).
Un tiempo entre rejas da parapensar. Cuando Fanny salgaal chino de Barcelona, el tipoque se cargó a su marido notendrá mundo para correr.
ZOË TAMERLIS LUND
en
Ágel e vegaza
(AbelFerrara, 1981).
Sordomuda, violada yofendida, descuartizará atodo macho que se le cru-ce. La respuesta definitivaal patriarcado.
ELLEN PAGE
en
HarCay
(David Slade, 2005).
Adolescente se cita conmadurito por internet yle da tormento porque sí.Más que venganza, casti-go. Cine facha vestido deseda.
Rubén LARdín
Cenan frío y tienen razones. Uma Thurman es la reina, pero estas vengadoras son más exóticas
ELLAS SON LA JUSTICIA
Lisbeth curando aBlomkvist. Abajo, StellanSkarsgård, como el siniestroMartin Vanger.
“me gustan lahumildad y la alegríade daniel craig. tienealgo de robertmitchum y de kirkdouglas”
david fincher
Los hombres que no amaban aLas mujeres 
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