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Resumen - Crear la Nación (2008)

Resumen - Crear la Nación (2008)

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Resumen completo del libro y de cada uno de sus artículos
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02/08/2013

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1
José Carlos Chiaramonte - Carlos Marichal Salinas - Aimer Granados García
(Compiladores)
 
(2008)CREAR LA NACIÓN
 Introducción: Orígenes históricos de las identidades políticas y nacionales
El debate sobre la formación de los Estados latinoamericanos ha sido transformado por la incorporación
 
de
 
hipótesis y herramientasmetodológicas que han permitido una relectura de fuentes con considerable riqueza de perspectivas analíticas. Estos enfoques han permitido reinterpretar tanto la crisis generalizada que sufrieron los imperios español y portugués a principios del siglo XIX como laemergencia de nuevos Estados a partir de las guerras de independencia. Uno de los problemas fundamentales es el contrapunto entre lacultura política colonial y las innovaciones políticas surgidas en el contexto iberoamericano. Esta disyuntiva abarca un abanico detemas, entre ellos las innovaciones a través de la imprenta, de la lectura de nuevas obras y periódicos, y de las sociedades patrióticas,etc. Plantearse una historia de
los nombres de los países
que conforman el continente latinoamericano complementa el entendimientodel proceso de construcción de los nuevos Estados, especialmente en ámbitos como la adopción de un determinado régimen político,delimitación de fronteras, construcción de identidades nacionales y creación del mito de la nación. El estudio de los orígenes colonialeso republicanos de los nombres de las naciones latinoamericanas ha sido materia de algunos trabajos aislados, pero rara vez se hananalizado colectivamente, permitiendo establecer comparaciones y contrastes. Esas denominaciones, tras la independencia, se adoptaronen función de dos procesos o fenómenos complementarios: la lenta construcción política y administrativa de los nuevos Estados y loscomplejos proceso de formación de identidades nacionales en los distintos países de la región. La elección de un nombre para cada unode los Estados nacionales desprendidos de la Corona española y portuguesa dependió de la forma de gobierno que adoptara cada unode ellos, de la delimitación de sus fronteras y de las formas de identidad política adquiridas. En relación con la forma de gobierno, lasdisputas entre federalistas y centralistas o entre monárquicos y republicanos no resolvieron de la misma forma la arquitectura de losEstados, aún cuando tendió a predominar una tendencia hacia la centralización política. En cuanto a la delimitación de las fronteras,aunque muchas de las divisiones administrativas coloniales sirvieron de base para la posterior conformación territorial de las repúblicas,en algunos casos esto no se verifica. Vinculado con la forma de gobierno adoptada y la delimitación territorial, se destaca el problemade las formas de identidad política que fueron forjando los pobladores de cada uno de los nuevos Estados.Libro que ofrece un panorama de la génesis y trayectoria de los nombres de una buena parte de las naciones de Latinoamérica queobtuvieron su independencia en el siglo XIX y en el que cada autor ha adoptado su propio camino y método de aproximación a las preguntas comunes planteadas. En algunos casos la atención se centra en los orígenes coloniales de los diversos nombres heredados oinventados para designar a los territorios y regímenes coloniales.
José Murilo de Carvalho
se interroga acerca de la relación entre mitoy país, utopía y realidad, progreso y devastación, esperanza y frustración. Hace hincapié en la persistencia de estos contrapuntos desde principios del siglo XVI hasta nuestros días. Una óptica diferente es la que adopta
Rafael Sagrado
en su interpretación de los orígenesde la nacionalidad chilena., al argumentar que la singular y difícil geografía de su país contribuyó desde fechas tempranas a forjar unasociedad consciente de su marginalidad y caracterizada por la existencia de su dureza cotidiana. De acuerdo con los estudios de
Chiaramonte
, los orígenes de la Argentina se vinculan con las emergencias de las ciudades como soberanías independientes,convertidas luego en cabeceras de Estados provinciales también con pretensiones soberanas, al tiempo que se produjeron repetidos einfructuosos intentos por lograr la organización de un Estado nacional. No cabe duda de que en su origen, ³provincias unidas´ reflejabala calidad confederal de la forma de unión entre pueblos soberanos. Ello daría pie a debates políticos a lo largo de decenios sobre lalegitimidad de las denominaciones Provincias Unidas del Río de la Plata y Confederación Argentina, antes de concluir por aceptarse eluso de República Argentina.El estudio de los orígenes de la denominación República Oriental del Uruguay no es menos complejo, como lo revela el ensayo de
AnaFrega
que comienza por repasar la compleja geometría de alianzas de alianzas y oposiciones que signó el proceso de edificación delEstado en los decenios que siguieron a la independencia, con énfasis en las distintas denominaciones iniciales de los ciudadanos delEstado/República Oriental del Uruguay, y en la opción de ³orientales´ o ³uruguayos´. Igualmente interesante fue la experiencia de lacolonial Provincia del Paraguay, que comenzó a ser sustituido desde el decenio de 1840, de manera sistemática, por el de República delParaguay, como señala
Pablo Buchbinder
.Distinto es el enfoque adoptado por 
Esther Aillón
al estudiar las raíces históricas del nombre de Bolivia y del gentilicio boliviano.Explica la complejidad de las identidades coloniales en la Audiencia de Charcas antes y después de su incorporación al Virreinato delRío de la Plata, en un proceso profundamente conflictivo, en el que las diferentes etnias de Bolivia siempre han tenido un papelfundamental. En el caso del Perú, observa
Jesús Cosamalón
, el indígena no se integró como símbolo a la lucha anticolonial ni a lasnuevas tradiciones políticas, aunque una vez lograda la independencia, el pasado prehispánico apareció como fuente de legitimidad para
 
2
el nuevo régimen político de la elite criolla. Cosamalón insiste en que el nombre Perú no fue causa de mayores conflictos por sucarácter neutro pero que, en cambio, facilitó cierta continuidad entre los tiempos coloniales del virreinato y la república.Al estudiar el nombre Ecuador,
Ana Buriano
analiza el imaginario de un sector ilustrado construido en torno de la existencia de unmítico reino de Quito, tradición que disputó a otra, también ilustrada y científica, afecta al nombre de Ecuador. Uno de los puntoscentrales en la perspectiva de
Aimer Granados
al estudiar el nombre Colombia es identificar es ³la definición de un imaginario político-estatal y territorial que a la vuelta de un siglo trasegó de lo local a lo nacional´. Si bien la denominación colonial NuevaGranada estuvo fuertemente presente en el imaginario político de la elite criolla, Granados pone énfasis en la constitución de un espaciocultural asociado con el afán de la nueva clase política por entronizar en la población un nombre, Colombia.
Dora Davila
, analiza el nombre Venezuela. Uno de sus planteamientos centrales es que detrás del acto de nombrar a la nación seencuentra una lucha ideológica y por el poder mismo. En el nombrar entonces hay un acto de poder y de conquista, de manera que ³elnacimiento de una nacionalidad´ estaba contenido en estas primeras cartografías, así como en ³la demarcación de su territorio como parte de una identidad´. A diferencia de los demás ensayos, el estudio de
Margarita Silva
se centra en el análisis de una denominaciónsupranacional, el nombre Centroamérica. Aquí la perspectiva alude a la formación de una región integrada por varios Estados-nacionales. El interés de Silva es el de ubicar tres momentos históricos: conquista, siglo XIX y siglo XX, a través de los cuales la regiónfue ganando en autonomía y por momentos en unidad.En el caso de México, el nombre se refería durante la época colonial a la ciudad capital del virreinato de la Nueva España, mientras queel gentilicio mexicano se utilizaba para designar a la población indígena. Sin embargo, como señala,
Dorothy Tanck 
, hacia mediadosdel siglo XVIII un importante número de letrados comenzaron a publicar obras en las que intentaban extender su aplicación también ala población criolla. Que eso fuera el origen de una conciencia nacional es cuestionado por 
Alfredo Ávila
, quien destaca que puederesultar un grave error de pensamiento el pensar el virreinato como un estado nación.Haití fue el primer país de América Latina en lograr la independencia, cuya estrecha relación con el fenómeno conjunto de la luchacontra el dominio colonial francés y en contra del régimen esclavista s expuesta por 
Guy Pierre
. La historia de la parte oriental de lamisma isla, conocida en la época colonial primero como La Española y luego como Santo Domingo, estuvo forzosamente sujeta a unaserie de tensiones duraderas. Las más importantes estaban determinadas -expone el ensayo de
Pedro San Miguel
- por esfuerzostenaces por delimitar el espacio nacional y elaborar una identidad que sirvieran como barreras a las amenazas externas.La complejidad histórica de los intentos de analizar las identidades de los habitantes de otras islas españolas en el Caribe se hace palpable en el ensayo de
Rafael Rojas
sobre Cuba, que efectúa un análisis original y sugerente del concepto de de
 patria
antes de laexistencia del Estado nacional cubano. Igualmente complejo y contradictorio que el caso cubano es el análisis del nombre de una naciónque no ha llegado a alcanzar la independencia: Puerto Rico. Para
L
aura Nater
y
Mabel Rodríguez
no existen dudas de una identidad puertorriqueña, históricamente persistente. Sin embargo, su sentido ha variado sustancialmente a lo largo del tiempo.
José Murilo de Carvalho
(2008)BRASIL, BRAZIL: SUEÑOS Y FRUSTACIONES
 L
a palabra y la cosa
¿El nombre hace al país o es el país el que fabrica su nombre? ¿Hay países que crean su nombre y otros que son moldeados por suapelativo? ¿Es igual un país que se autonombra a uno nombrado por otros?
 Muchas palabras para la misma cosa
Una de las características de la llegada de españoles y portugueses al continente hoy llamado América fue la incertidumbre acerca dela naturaleza de la cosa. ¿Eran las Indias un mundo nuevo, una isla o eran un continente? Éste fue el caso de las tierras visitadas por Cabral en 1500. A lo largo de los siglos XVI y XVII, fue bautizada con varios nombres. La disputa sobre cómo deletrear el nombre deBrasil se extendió hasta el siglo XX, y hasta hoy se sigue discutiendo sobre los orígenes del nombre.
 Donde entra el demonio
La intensa actividad en torno del palo de brasil tuvo como efecto inmediato la adopción del nombre
 Brasil 
para las tierrasrecientemente descubiertas. El mapamundi de Marini, de 1511, registra por primera vez el nombre de Brasil para denominar esa tierra.
 
3
Al final de la segunda década del siglo XVI, el nombre de
 Brasil 
ya superaba al de
 Isla de Vera Cruz
,
Tierra de Santa Cruz
,
Tierra delos Papagayos
,
 Mundo Nuevo
y
 América
, para indignación de muchos.
¿Producto comercial o isla encantada?
Entre los que adoptan la versión generalizada de la época de que el nombre Brasil provenía de la madera roja, continúa la disputa acercade cómo deletrear la palabra. La propia Academia Brasileira de Letras, cuando fue recién creada, se enredó en este debate. Pero lamayor polémica en torno del nombre del país estaba por llegar, no tratándose tanto de la ortografía como del origen del nombre. Si entrelos cronistas coloniales era virtualmente unánime la versión de que el nombre de la nueva tierra provenía del apelativo de la madera brasil, desde inicios del siglo XX comenzó a ganar fuerza otra versión que defendía un origen distinto, alternativo o complementario.De acuerdo con el historiador 
Capristano de Abreu
, se trataba de una isla mítica supuestamente localizada en el Atlántico a la alturade las costas irlandesas, siendo una de las islas o tierras fantásticas que poblaron el imaginario europeo desde la Edad Media. Noobstante, ninguno de los autores contemporáneos a la llegada de los portugueses al nuevo continente menciona la Isla
 Brazil 
como posible inspiración para el bautismo de la nueva tierra. Todos coinciden en atribuir el nombre de
 Brasil 
a la madera encontrada allí. Por otra parte, y pese a algunas hipótesis, no se ha demostrado relación alguna entre la
 Isla Brazil 
y la madera. Quien más defendió la nuevaversión fue
Gustavo Barroso
en un libro de 1941. Argumentando que era una hipótesis plausible que los navegantes portuguesesconociesen la
 Isla Brazil 
por estar reproducida en varios mapas de la época, Barroso afirmaba que se había producido una fusión deambas vertientes de la palabra
 Brasil 
en la definición del nombre del país. Barroso revelas el mismo desprecio por el árbol que fueexhibido por los cronistas coloniales, pero su desprecio consistía tanto en su fe católica, como en un profundo antisemitismo. Una posición semejante a la de Barroso pero sin el antisemitismo es la propuesta por 
Geraldo Cantarino
en un libro publicado en 2004.Allí, a pesar de reconocer la dificultad de relacionar el nombre del país con la isla mítica, se pregunta por qué no se puede imaginar talorigen. En sus conclusiones sugiere que la isla paradisíaca sería un mejor origen para el nombre del país.Así como el nombre de brasil-madera incomodó a muchos, lo mismo ocurrió con el adjetivo
brasileiro
, usado como gentilicio.Brasileiro era un comerciante de palo de brasil; una profesión cualquiera, como herrero o carpintero.
 L
a naturaleza y el imperio de la fantasía
Ya no existe sustento histórico para la hipótesis defendida por Barroso de una influencia conjunta del palo de brasil y de la fantásticaIsla Brazil en el nombramiento del país. El énfasis en las riquezas naturales como seña de identidad de la nueva tierra estuvo presentedesde la llegada de los conquistadores portugueses. La expresión más contundente de ese sentimiento salió de la pluma de AméricoVespucci en su carta
 Mundus Novus
. A partir de su obra, la visión de motivo edénico dominó los textos de los cronistas coloniales. Lascitas pueden multiplicarse fácilmente. La fuerza política de la visión edénica se hizo sentir por primera vez en la época de laindependencia. En 1820, año de la revuelta liberal de Porto que puso fin al absolutismo en 1822 y marcaría el inicio de la independenciade Brasil, se produjo un intenso debate acerca de la conveniencia de mantener la unidad con Portugal o proclamar la independencia.Había portugueses que argumentaban que sin Portugal, Brasil no era nada. En cambio, el canónigo
L
uis Gonçalves dos Santos
salió endefensa del país y contestó a los ataques portugueses. Para tal fin recurrió al testimonio de los cronistas coloniales y de viajerosextranjeros, reafirmando la excelencia del clima, la fertilidad del suelo y las bellezas naturales. En la década de 1820, un extranjero,
Ferdinand Denis
, también insistió en que la literatura brasileña debía basar su originalidad en la descripción de la naturaleza tropical ylas costumbres exóticas de los indígenas. El romanticismo literario, iniciado en la década de 1830 fue exactamente eso: se exaltaba lafigura idealizada del indígena, que nada tenía que ver con los indios reales, vanagloriándose de la naturaleza. En 1900, el conde de
Alfonso Celso
publicó un libro titulado
 Por que me ufano de meu país
, que fue concebido como el paradigma del
ufanismo
, es decir,del orgullo ingenuo de la patria. El libro había sido dedicado a los niños y a la juventud en general. El autor quería incitarlos al patriotismo, con la intención de combatir el complejo de inferioridad que afectaba a muchos brasileños. En este sentido, debedestacarse que el inicio de la República (1889) fue marcado por el esfuerzo de varios literatos que inculcaban a los niños el amor a la patria, usando para ese fin textos escolares de educación cívica.
 L
a destrucción del paraíso y la búsqueda de otra tierra prometida
Lo trágico es que la persistencia de la visión idealizada de la naturaleza convivió con una actividad sistemática, desde 1500, paradestruir esa misma naturaleza el ³brasileiro´ era, por profesión, un devastador del medio ambiente. La destrucción de seis milkilómetros cuadrados de selva atlántica continuó después de la independencia, y hoy queda poco de esos bosques tropicales. Otras

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