Ingeniero Germán Urdaneta H La Interventoría del sigloXXI
su costo debe ser el resultado de la aplicación de las mencionadas tarifas y procedimientos, sobre la base de la mutua confianza expresada.
4.
El costo de los servicios de consultoría corresponde a un porcentaje muy bajo de los costostotales de un proyecto; sin embargo, dichos servicios llevados a cabo en forma óptima sonesenciales para su economía y eficiente realización, y su costo resulta aproximadamente el mismo, independiente del consultor seleccionado. Lo esencial es, pues, la calidad y experien-cia del consultor y no el menor precio que se pague.
Lo mencionado anteriormente está de acuerdo con los códigos de ética profesional de la SCI (Resolución5923/81 del MOPT) y de AICO. La Sociedad Colombiana de Ingenieros expresa “...
9.- No propiciar concursos en los cuales el valor de los honorarios profesionales sea uno de los factores que determinenla adjudicación, ni participar en ellos...
”. A su vez, AICO establece en su propio código “... c.
No par-ticipar en licitaciones para servicios profesionales
..”.Vale la pena anotar que el estatuto de contratación ha sacudido un tanto estos principios cuando, en ejerci-cio del principio de transparencia, equipara los concursos de méritos para Interventoría con las licitaciones públicas. Esto no quiere decir que se adjudiquen con base en el precio, pero la libertad aparente que ha es-tablecido el estatuto hace que se cometan abusos. Hay una entidad pública que está exigiendo, y puntuan-do, el valor del AIU del interventor!!. Tremendo contrasentido que solamente se puede combatir con actoséticos de no participación, previa protesta escrita y solicitud de modificación de los términos del concurso.Debe recordarse que la aceptación pasiva de los abusos no contribuye a la corrección de las situacionesirregulares.Considerando en primer lugar el concepto de la responsabilidad que debe asumir el Interventor, la cual le puede hacer responder a nivel patrimonial por su actuación, se estructura claramente que su remuneracióndebe responder al concepto de un honorario. Si bien es cierto que su intervención se refleja en el aporte de personal calificado, tanto a nivel profesional como de soporte, su visión nó es la misma de un contratistade construcción, que es un empresario que transforma materias primas en obras materiales.Por consiguiente, el concepto del valor agregado simple, como lo es el tradicional AIU de los contratis-tas, no es representativo. Se suele argumentar a este respecto que bajo un sistema de porcentajes, el Inter-ventor recibe estímulos para permitir que la obra valga más dinero. Pero por otra parte no se puede olvidar su compromiso con el cumplimiento de los objetivos de costo del proyecto mismo.Por otra parte, la participación del Interventor en el proyecto es función del tiempo de la dedicación. No puede ser responsable directamente por la duración del contrato, ya que si el contratista se atrasa y obtiene prórrogas a su plazo, como es muy frecuente que suceda, el Interventor no tiene por qué absorber los so- brecostos derivados del transcurso del tiempo. Pero por otro lado, su compromiso con los objetivos de plazo del proyecto, le impone la obligación de velar por que nó se dilate la terminación del mismo proyec-to.El considerar que el honorario del Interventor debe obedecer al concepto de una suma fija, es someterle alriesgo de los imprevistos, lo cual puede conducir a un descuido en la calidad de los servicios, lo cual seopone abiertamente con su compromiso con la calidad del proyecto.Y como si estas contradicciones fueran poco, se añade la costumbre derivada del hábito de muchos añosde cobrar según un sistema dado, sin reflexionar sobre lo que tal sistema de remuneración representa.
Sociedad Nortesantandereana de Ingenieros Junio 1996 Página No. 10-2