de TRES MIL MILLONES de asiáticos, que entre todos alcanzan el 20 por 100, peroque quieren más, especialmente China. Desde luego, el Tío Sam también esresponsable de un porcentaje similar de la Buena Tierra. Para ayudarse en elcometido, también se apoya en el Pentágono, que, para colmo, es probablemente elmayor y menos visible contaminador individual del mundo.La cacareada productividad de la «nueva economía» de Clinton de la década de1990 quedó reducida a los ordenadores y a las tecnologías de la información (TI), eincluso eso demostró ser un engaño cuando la burbuja de las punto com estalló.Además, no sólo el aparente aumento de los «beneficios», sino también el de la«productividad» se incrementaban, en el fondo, debido a la eficacia de lostrabajadores de las fábricas, de las oficinas y de la venta o gracias a las jornadas detrabajo ampliadas. WALMART obliga a sus trabajadores no sindicados (de los otrosno tiene ninguno), bajo la amenaza del despido, a «marcar la salida» y regresar altrabajo sin compensación económica. En el nivel más alto, la productividad y losbeneficios fueron impulsados por la «contabilidad creativa» aplicada por Enron,Worldcom, Arthur Andersen y otros por el estilo que incurrieron en falsificacionesdocumentales.
EL TÍO SAM NO TIENE SALVACIÓN. ESTÁ ENGANCHADO AL CONSUMO Y AOTRAS DROGAS
¿Y eso por qué?, podríamos preguntarnos. La respuesta es muy simple: porque elTío Sam, que cada vez está más enganchado al consumo, por no hablar de otrasdrogas más duras, ahorra poco más del 0,2 por 100 de sus propios ingresos. Elgurú de la Reserva Federal, que tan pronto aparece como desaparece, doctor de lamagia financiera y de los medios, Alan Greenspan, observó recientemente que estoes así, porque el 20 por 100 de los Tíos Sam más ricos, que son los únicos queahorran realmente, han reducido sus ahorros a un 2 por 100. Pero incluso estosenclenques ahorros (otros países incluso más pobres ahorran e invierten el 20, el30 y el 40 por 100 de sus ingresos) resultan más que compensados por el déficitdel 6 por 100 del gasto del Gobierno del Tío Sam, tan generosamente gastado ennombre de ellos. Esto es el resultado de la media entre los dos con respecto a ese0,2 por 100. Es así como el Tío Sam tiene un déficit presupuestario reconocido demás de 400.000 millones de dólares, que en realidad son más de 600.000 millonessi contamos, como debe ser, los más de 200.000 millones que «toma prestados»del superávit temporal de su propio fondo para la Seguridad Social Federal, quetambién está llevando a la bancarrota [ 1 ] . Pero eso carece de importancia, puesel Tío Sam presidente Bush acaba de prometernos la privatización de gran parte deella dejando que los ciudadanos compren su propia «seguridad» para la vejez en elsiempre inseguro mercado.El rico Tío Sam, y en primerísimo lugar los más ricos entre sus asalariados yconsumidores y, desde luego, el propio Gran Tío de Washington, viven a costa delos demás países. Además de imprimir la moneda del mundo, el Tío Sam hace lomismo con sus «déficit gemelos», primero su presupuesto de más de 600.000millones de dólares y luego el arriba mencionado y relacionado déficit comercial demás de 600.000 millones de dólares, ahora a una cifra anual de 666.000 millones,el mes de diciembre de 2004, como ya vimos. Con ellos, el Tío Sam absorbe losahorros de los demás países que -muy a menudo- están muy lejos de la opulencia.En particular, sus bancos centrales colocan buena parte de sus reservas en la divisamundial, que es el dólar, en manos del Tío Sam de Washington y algunos tambiénen dólares en su propio país. Sus inversores privados envían a Wall Street, ocompran allí, activos en dólares, con la total confianza de que están colocando susrecursos en el paraíso más seguro del mundo, el del Tío Sam (que, por supuesto, esparte del antes mencionado fraude de confianza). Sólo de los bancos centrales se
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