a posiblemente no admitirá ser formulada como una respuesta fi nal,se formulará como encrucijada a atravesar,ontendrá el sembradode voces que la dan lugar, permitirá la
pertura
a su vez a nuevosposibles, y dará cuenta del
desvío
que ha sido necesario tomar parallegar a ella.
Cómo comenzar sin reproducir lo ya sabido
Se nos ha hecho necesaroabandonar el terreno conocdo, encontrndonos fuera de las certdum-bres, en la posibilidad de lo descentrado. Y así poder estableceruna suerte de
gualdad de las condiciones
en el punto de partida.Aproximarnos a ese momento del conocimiento naciente, a propósi-o del cuál, al igual que tantos otros, Bachelard intuye como en labase de las certidumbres queda aún el recuerdo de una ignoranciaesencial. Hemos querido comenzar también nosotros un poco ignoran-es. Hemos salido de la ciudad, y con ello del sistema de relacio-nes en el que estamos suetos. En esa salda nos hemos deado llevarpor la cada natural del ro encontrando los vertederos de la cudaddel progreso. Los últimos Paus no han tenido más remedio que llegarhasta allí, quedan también los últimos campos de cereal, y de ahídesiertos hasta el horizonte. Este desierto no ha estado ahí siem-pre, es la otra cara del sistema de concentración de suelo y capi-al. Y aún así estos lugares erráticos guardan tesoros - paisajesmaterias. Pequeños oasis, poblados
uera de normativa
, y formasde vida periféricas. Hemos tomado este
desvío geográfi co
, fuera deodo centro, y con él un
desvío histórico
que nos ha permtdo, deuna vez, atravesar tambn el tempo. En esta perfera hemos dadocon el primer asentamiento prehistórico de la ciudad, y cerca de élotras tantas formas singulares de poblar lo específi co de cada lugar.Ese territorio está a su vez atravesado por la línea de kilómetrosde guaridas y trincheras, aún abiertas al cielo, de la defensa popu-lar de Madrid.Hemos visto cómo el espacio periférico adquiría diferentes densi-dades, derramándose en el territorio y permaneciendo en un estadomvl, referdo tanto a acontecmentos mnsculos que le atravesancomo a la totalidad de la bóveda celeste. En esta situación nos he-mos encontrado con el tiempo no desplegándose en línea, sino
brotan-do
a la superfi cie, trayendo consigo en ese impulso otros tiempos yformas simultáneos. Las coordenadas que la arquitectura legitimadaha tratado de fi jar y limitar a toda costa quedan ahora movilizadas,dispuestas también para otro modo de proyecto. Y en estas condicio-nes, acordándonos de Bergson, hemos visto la posibilidad de pensar yproyectar según una suerte de tiempo transhistórico.
arecería queel pasado llevara sus fuerzas al porvenir, y también parecería queel porvenir fuera necesario para dar salida a las fuerzas del pasadoy que un solo y único impulso vital solidarizara la duración.
rse de aventuras, viajar en el tiempo, quizá no muy lejos, a lasalida misma de las ciudades, la periferia explorada por Pasoli-ni. Eriales,
ugares pobres, donde aparentemente nada pasa
, en losque intuye Gilles Clement que
puede producirse de tanto en tanto loesencial
Y sorprendidos ante esa especie de nuevo mundo volveríamosdespués, como Humboldt y los científi cos exploradores, con formas deranscripción también nuevas de esos territorios.
Cómo manejar grafías experienciales
Hemos ido constatando cómo lasrepresentaciones gráfi co-arquitectónicas habituales son incapacesde abordar la realidad y de soportar la densidad de las vidas queen él tienen lugar. Si acaso pudiéramos reducir la distancia entrela multiplicidad que surge de la vida y las formas gráfi cas que nospermten pensarla. S partmos de la perfera de los lugares y delas ideas nos resulta necesario pasar también por una búsqueda de
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