Febrero - julio 2011
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UNIVERSITARIOS
NACER PARA COMPARTIR
Por Jorge Luis Cortina Montiel
México (Aunam). Sentada en su escritorio,revisa libros y papeles. Al mismo tiempo,
explica el periodo al que cada uno de ellos
reere; después de todo, cada uno guarda un
poco de la historia del periodismo nacional.
Abandona su lugar para buscar más libros enel estante que completa los bienes inmueblesde su cubículo. Ella es la investigadora de laBiblioteca Nacional, Martha Celis de la Cruz,también maestra en la Facultad de CienciasPolíticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM.
En su interior, la perspectiva de esta inves-tigadora se colma de satisfacción por su
labor. No importa que el espacio para trabajar
sea apretado. Al caminar por los pasillos y
cubículos de la Biblioteca, Celis de la Cruzderrocha energía, pero sobre todo, amor por su labor indagatoria. Es, después de todo,
una de las investigadoras del periodismodecimonónico mexicano más respetadas.
Al fondo del cubículo, un pequeño ventilador no deja de resoplar, lo cual contribuye amantener un ambiente fresco en el lugar. Desemblante serio, aunque tranquila; sonriente,aunque no risueña, Martha Celis vuelve a
sentarse en su silla. Acomoda un poco su
lugar y casi de inmediato comienza a discurrir sobre su decisión por estudiar periodismo.
“El registro de la memoria de la vida cotidia-na fue lo que siempre me gustó”. Desde el
momento en que eligió estudiar Periodismoy Comunicación Colectiva, tuvo en claro este
aspecto de su carrera, porque “lo que a míme llamó la atención del periodismo fue esaparte de tener que salir a preguntar”.
Pasaría poco tiempo para que el interéspor periodismo se combinara, tras la mo
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dicación de materias en la carrera, con
estudios de sociología, ciencia política y
psicología, abriéndosele un nuevo mundo:
la investigación.Termina por confesar, con un dejo de humor:
“si me hubiese dedicado al periodismo, hubie
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ra trabajado en el de investigación, no
comoreportera. Andar persiguiendo a la gente
para conseguir su opinión no iba conmigo.En realidad, eso me ayudó a descubrir quemi interés estaba en la investigación”.En sus primeros años dedicaría su tiempo al
análisis de contenido en la prensa mexicana.
“Primero, lo hice dentro de una de las ocinas
de prensa que existían en aquel entonces.
Posteriormente, lo haría para la Dirección
de Información de la UNAM, en donde meenfoqué a la imagen que la universidad pro-
yectaba hacia la sociedad”.
Las complicaciones en el camino
“En mi generación era mal visto que las muje-res preguntaran, de por sí, era difícil que pu-diéramos andar en la calle. Existían muchas
restricciones que, tal vez para la generación
actual son intrascendentes, pero que durante
la etapa que me tocó vivir, complicaban ylimitaban la posibilidad de estudiar”.
El hecho de poder estudiar ya representa-
ba, por sí solo, un logro. No obstante, su
respuesta a este asunto se encuentra muyalejada de una perspectiva de emotividad.
Su voz se mantiene dulce y serena, aunque
segura por lo que va a decir, como si se pla-
ticara sobre el tiempo que hacía afuera.“Ahora, si se trataba de investigar o inquirir sobre el entorno, el asunto se complicabatodavía más. Creo que esas condicionespersonales y del ambiente que rodearon midesarrollo estudiantil terminaron por inuir
en mi decisión por estudiar periodismo, asícomo para elegir mi profesión”.
El interés por la historia
Tras incorporarse a la Dirección de Informa-ción, la novel investigadora se internó más enel estudio de la ciencia política y la sociología
¿y la historia? “Por azares del destino, tras
casarme, me voy a vivir a Nicaragua, puesmi esposo viene de familia de diplomáticos.Estando ahí, me llamó mucho la atenciónel fenómeno político suscitado tras la re-volución nicaragüense, por lo cual decidí
investigar sobre ello”.Con voz calma, aunque amena, continúo:“Cuando yo preguntaba e inquiría a los jó
-venes y a la gente en general respecto a supaís, me di cuenta del gran atraso, en todos
sentidos, que existía dentro del pueblo nica
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ragüense. Igualmente, buscando libros dehistoria de Nicaragua, descubrí que casi no
existen. En todo caso, la poca historia que en-
contré era realizada por norteamericanos”.
“En ese momento, me cuestioné: ¿Qué tanto
sé de mi historia? Y, por lo mismo: ¿Cómoes que yo les pregunto a ellos? ¿Por quénadie sabía o le importaba conocer cuántas
Foto: Beatriz López García / IIB-UNAM
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