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Origenes de la Civilizacion Adamica T4 - Josefa Rosalía Luque Alvarez

Origenes de la Civilizacion Adamica T4 - Josefa Rosalía Luque Alvarez

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¿Para quiénes ha sido escrito este libro? Para los buscadores sinceros de la Verdad.Para los que no tienen más religión que la Justicia, la Verdad y el Bien.Y finalmente para los que conociendo la grandeza y eternidad del espíritu humano buscan su felicidad cultivándolo hasta el más alto grado de perfección que es posible sobre el plano terrestre.Los lectores que no estén circunscriptos en esta órbita, no sólo no lo comprenderán sino que su lectura lesdejará tan vacíos como antes de haberlo abierto.
¿Para quiénes ha sido escrito este libro? Para los buscadores sinceros de la Verdad.Para los que no tienen más religión que la Justicia, la Verdad y el Bien.Y finalmente para los que conociendo la grandeza y eternidad del espíritu humano buscan su felicidad cultivándolo hasta el más alto grado de perfección que es posible sobre el plano terrestre.Los lectores que no estén circunscriptos en esta órbita, no sólo no lo comprenderán sino que su lectura lesdejará tan vacíos como antes de haberlo abierto.

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Published by: Marisol Legón Perez on Jan 21, 2012
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ORÍGENESDE LACIVILIZACIÓN ADÁMICA
Época:Ocho mil trescientos años a. J. C.JOSEFA ROSALÍA LUQUE ALVAREZ(Sisedón de Trohade)
Tomo 4
1
 
ENTRE LAS NIEVES DEL NORTE
Pocos días después como una hermosa bandada de aves viajeras se dispersaban en distintas direccioneslos huéspedes de Nunmaki, dejando profunda impresión, de amor y de tristeza a la vez, en los que quedabanen la vieja mansión de Aranzán y de Shiva.Bohindra, Ada y Evana se unieron a la caravana que hacía el viaje periódico desde el Irán al Eufrates;Vladiko y Mabi atravesaban con su escolta de arqueros las montañas Sagrón para encontrarse de nuevo en laciudad de Asagg donde les esperaba su pueblo. Abel, acompañado de un buen número de Kobdas, seincorporó a la caravana que hacía viajes al País de Manh (Armenia) hasta la costa del Ponto Euxino, donde unbuque velero debía llevarles a la orilla opuesta del mar, a Escitia Teutonia y a los países del Báltico dondeinnumerables tribus tenían repartido entre sí aquellos vastos territorios.Los países de Roxolana, de Aghafir, de Escordisca y de Getta eran los principales que formaban el vastodominio que había sido gobernado por Lugal Marada desde muchísimos años atrás. Llevaba consigo a Erick, elhijo mayor del gran Jefe del Norte, y varios Kobdas originarios de aquellos países y que estaban vinculados por lazos de sangre con casi todos los caudillos jefes de tribus.Habiendo tenido conocimiento tiempo atrás que en el país de Roxolana era donde se hallaban cautivos loshijos de Etchebea, Abel llevaba consigo también a Kaínc a los fines de que se encontrara con su padre, que encalidad de esclavo de un poderoso magnate desempeñaba el cargo de guardián de sus inmensas majadas derenos.Para hacer menos amarga la humillación de Kaíno cuya desastrosa vida pasada lo llenaba a él mismo devergüenza y amargura, Abel y los Kobdas que le acompañaban hacían inauditos esfuerzos por sembrar en sunuevo camino, flores de esperanza y de optimismo.Debido a lo accidentado del terreno, pues desde Nunmaki hasta el Ponto era una casi ininterrumpidacadena de montañas, habían decidido realizar el viaje en asnos y muías, viéndose obligados a veces a avanzar con abrumadora lentitud.Kaíno había enflaquecido notablemente y su espíritu, abatido por lo que él llamaba
la derrota de su vida,
había caído en una especie de silenciosa melancolía que le impulsaba siempre a buscar la soledad.Al despedirse, Evana le había hecho prometer solemnemente que no se separaría de Abel bajo ningúnpretexto y que tornaría a "la Paz", donde ella y Adamú le esperaban.—Yo espero la felicidad para ti, hijo mío —le había dicho ella al abrazarlo por última vez— espérala tútambién. Y eran minuciosos los encargos que, a este respecto, la tierna madre había hecho a todos los Kobdasque acompañaban a sus hijos.—El uno es la luz —decía ella— el otro es todo tinieblas. Del desbordamiento de amor que dais a mi Abel,haced llegar unas gotas al pobre Kaíno que es más desventurado que malo.Bohindra por su parte, había hecho a Kaíno encargos especiales para alentarle, haciéndole comprender que necesitaba de sus aptitudes y servicios. Le había encomendado estudiar las organizaciones de las tribusmineras y su forma de comerciar y de purificar los metales.Mas era tan profundo el aplastamiento de aquel espíritu azotado por el vendaval de su propia miseria quellevaban ya muchos días de viaje y aún no había hecho observación alguna, ni estampado una sola anotaciónen su carpeta de tela encerada.Eran veintinueve Kobdas los que acompañaban a Abel en su gran misión a los países del Norte, y entreellos iban dos buenos notarios educados en Neghadá, varios con fuerza magnética de diversas formas deaplicación según se tratase de trastornos físicos o de corrientes astrales destructoras y dañinas. Lesacompañaban por vía de defensa de tribus salvajes o de bestias feroces, una escolta de cuarenta arquerosseleccionados entre el pueblo circaciano, unidos a los que vinieron del Norte acompañando al príncipe Erick.Era un total de setenta y cuatro hombres los que formaban la caravana, en la cual iban también los tresancianos jefes que habían conducido desde su país natal al hijo de Lugal Marada. Entre los Kobdas misioneroshabía uno que era originario del país de Roxolana, al norte del Ponto Euxino, y que era el que había llevado aNeghadá la noticia de que en tal país se encontraban cautivos los hijos de Etchebea.Bohindra, con su buen tino habitual para conseguir éxito en todas las empresas, encomendó a Kaíno conespecial interés a la solicitud de ese Kobda a quien llamaban Muref. Era un buen sensitivo y mejor instructor encuestiones espirituales formado en la escuela de Adonai y de Senio en lo que a aptitudes generales se refiere.Con cincuenta y nueve años de edad, había gastado treinta por lo menos, en recorrer los diversos países delcontinente como visitador de todos los Eefugios de Kobdas Misioneros, que existían diseminados como nidos
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de águilas entre las montañas o como plácidos nidos de garzas en las praderas regadas por ríos caudalosos.Conocedor de las costumbres, de los cultos y de las lenguas de todas aquellas comarcas, era la persona másapta para servir de buen auxiliar al joven Maestro en la misión que desempeñaba y a la vez el mejor confidentepara Kaíno que al cabo de pocos días decía:—Me aparté con dolor del Pangrave Abelio creyendo que su ausencia me arrojaría en una hosca soledad, yme encuentro cor vos Pangrave Muref que parecéis un archivo donde cada cabello de vuestra cabeza y cadapliegue de vuestra túnica parece un rollo de papiro con un conocimiento diferente."Decidme, ¿cómo habéis tenido tiempo para aprender tantas cosas?— "¡Oh, hijo mío!... El Eterno Amor fue tan bueno para mí que me arrancó de mi familia y de mi país a loscuatro años, en que una espantosa avalancha de hielo al irse retirando los glaciares, acabó con casi todas lastribus del Norte del Ponto Euxino, y yo con una hermanita que aún vive en Neghadá, fuimos salvados por unode los Kobdas montañeses del Hirca-nio, que entonces había huido de su santuario por las persecuciones de laShamurance. A esa temprana edad era yo huésped del orfelinato de Neghadá donde recibí la educaciónadecuada para ser un hombre útil para mí mismo y para la humanidad que me rodeaba. De mis cincuenta ynueve años, sacando los cuatro de mi niñez, todos los demás los he empleado en adquirir los conocimientosque a ti te parecen todo un Archivo de las Edades."¿Quién no dijo en aquel entonces al vernos a mi hermanita y a mí llorar temblando de frío, sin familia y sinhogar, huyendo de enormes bloques de hielo que parecían blanco gigantes en danza, quién no dijo ¡pobreci-llos!... ¿ más os valdría morir ?"¡Y ya ves cuan errados son los juicios de los hombres! Hemos vivido, y con el favor de Dios hemossembrado y cosechado bastante en los campos del Señor de los mundos. ¿No es, dime, una casi infinitafelicidad el ver desfilar por la memoria como azul bandada de avecillas todos los seres a los que uno ha podidoiluminar, consolar, abrir caminos nuevos y hacer sonreír en la paz y en el amor? Mi hermana, más que yo,todavía, puedo decir, pues en su condición de mujer y de sensitiva hipnótica, con una bien marcada disposiciónpara la música, ha sido y es como el Bohindra del Santuario de Mujeres Kobdas de Neghadá. Parece como quela lira en sus manos hiciera olvidar las ligaduras de la materia y transportar a otros cielos y a otras esferas. Y nocreas, Kaíno, que esto lo refiero para vanagloriarme de ello; si lo menciono ante ti es buscando curar tupesimismo crónico que te hace encontrar la desgracia, el mal, lo insalvable, espantoso y terrible en todo cuantote sucede. Créeme, eso es una simple enfermedad del espíritu, fácil de curar cuando una firme y poderosavoluntad se decide a ello."Mientras tanto, Abel se dedicaba con gran empeño a tomar los conocimientos preliminares referentes a lascostumbres, religiones y lenguas de los pueblos que iba a visitar, a los fines de evitar rozamientos y choquespenosos con los
hombres del hielo
, como ellos graciosamente decían, amenizando con emocionantes relatos yanécdotas lo que ocurría de ordinario, entre aquella numerosa porción de humanidad con la que iba a entrar encontacto.Y cuando se sentía fatigado del cúmulo de ritos, ordenanzas y símbolos, de fórmulas y de sistemas deexpresión, dejaba caer sus brazos como abrumado sobre sus rodillas, sentado bajo su tienda de viaje y decía:—"Si más no puedo les diré que soy un mensajero del Amor y ese lenguaje lo comprenderán todos".Y entonces los Kobdas de más edad, le aplaudían entusiasmados, mientras le decían: —¡ No podéis negar que sois el piloto de la Legión de Amadores !Cuando llegaron al país de Manh (Armenia), el Kobda Muref indicó la conveniencia de acercarse al ríoMuradson, afluente del Eufrates y que arranca de las vertientes del Ararat. Las ciudades más importantes por entonces eran: Skiefdom y Asan-Heff, que estaban pobladas por dos tribus de Kuranos, que se habíanadueñado indebidamente de los dominios de aquel pacífico pueblo guiado por el viejo Caudillo Bayasid, uno delos más antiguos aliados del Thidalá, que había presenciado sus nupcias con la hija de Jebuz. Dicho caudilloera el padre de Selvia y Wilfrida, jóvenes Kobdas compañeras de Helia y también del Notario Menor que iba conAbel y cuyo nombre era Alodio. Se sabía que Bayasid estaba cautivo con los suyos en las grandes cavernas delas montañas, cuyas abruptas laderas costea el Muradson.—¡ Hombre Luz! —decía Muref—, ahora empezáis vuestra misión de iluminar los caminos de los queandan entre tinieblas.Aquella población estaba dividida entre mineros y pastores, que eran por entonces las dos grandesactividades comerciales de aquellos pueblos. Los labradores eran menos y habían sido como sofocados por losotros, mucho más numerosos que ellos. El antiguo jefe, Bayasid, había tenido la debilidad de complacer a losprincipales jefes de tribus que, por ambición, habían introducido a los Kurganos en pequeños grupos primero ya los fines de que extrajeran el oro que había en sus grandiosas montañas.
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