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Suplica a favor de los Cristianos

Suplica a favor de los Cristianos

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Published by Ivan Sallen
Hacia 177-178 compuso Atenágoras una Súplica en favor de los cristianos, escrito que envió a los emperadores Marco Aurelio Antonino y su hijo Lucio Aurelio Cómodo. En dicha Súplica defiende a los cristianos de las tres principales acusaciones que contra ellos se lanzaban desde la parte pagana: ateísmo, antropofagia e incesto. Desde las primeras frases, la Apología se hace notar por la moderación y por la cortesía de sus expresiones. Es una pieza maestra por su alto vuelo literario, por la lealtad de su argumentación y por la vasta erudición que en ella revela el autor. En ella, a una habilidad dialéctica, mayor que la demostrada por San Justino en sus escritos, se añade una actitud más benévola y comprensiva, con respecto a la filosofía, que la demostrada por Taciano, contemporáneo suyo.
Hacia 177-178 compuso Atenágoras una Súplica en favor de los cristianos, escrito que envió a los emperadores Marco Aurelio Antonino y su hijo Lucio Aurelio Cómodo. En dicha Súplica defiende a los cristianos de las tres principales acusaciones que contra ellos se lanzaban desde la parte pagana: ateísmo, antropofagia e incesto. Desde las primeras frases, la Apología se hace notar por la moderación y por la cortesía de sus expresiones. Es una pieza maestra por su alto vuelo literario, por la lealtad de su argumentación y por la vasta erudición que en ella revela el autor. En ella, a una habilidad dialéctica, mayor que la demostrada por San Justino en sus escritos, se añade una actitud más benévola y comprensiva, con respecto a la filosofía, que la demostrada por Taciano, contemporáneo suyo.

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12/24/2012

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SUPLICA EN FAVOR DE LOS CRISTIANOS
ATENÁGORAS DE ATENAS (SIGLO II)A los emperadores Marco Aurelio Antonino y Lucio Aurelio Cómodo, vencedores de los Armenios y de losSármatas y, lo que es máximo título, filósofos.
ExordioI. Denuncia de la intolerancia y de la suerte peculiar e injusta reservada a los cristianos; primer catálogo de héroes; el nombre de cristiano; las persecuciones
1. En el imperio de ustedes, oh grandes entre los reyes, unos usan de unas costumbres y leyes y otros deotras, y a nadie se le prohíbe, ni por ley ni por miedo a castigo, amar sus tradiciones patrias, por ridículasque sean. Así, el troyano llama dios a Héctor y adora a Helena, a la que cree Adrastea; el lacedemonio daculto a Agamenón, como si fuera Zeus, y a Filonoe, hija de Tíndaro, bajo el nombre de Enodia; elateniense sacrifica a Erecteo Poseidón; y a Agraulo y Pandroso celebran los atenienses iniciaciones ymisterios, aquellas a quienes se tuvo por sacrílegos por haber abierto la caja. Y en una palabra, loshombres, según las naciones y los pueblos, ofrecen los sacrificios y celebran los misterios que les da lagana. En cuanto a los egipcios, tienen por dioses a los gatos, cocodrilos, serpientes, áspides y perros.2. Todo eso lo toleran ustedes y sus leyes; pues consideran impío y sacrílego no creer en absoluto enDios; pero necesario, que cada uno tenga los dioses que quiera, a fin de que por el temor de la divinidadse abstenga de cometer impiedades. A nosotros, en cambio, -si bien nos les ofende, como al vulgo, desólo oírlo-, se nos aborrece por el solo nombre, siendo así que no son los nombres merecedores de odio,sino que la injusticia solamente merece pena y castigo. De ahí que admirando su suavidad ymansedumbre, su amor a la paz y humanidad en todo, los particulares son regidos por leyes iguales, y lasciudades, según su dignidad, participan también de igual honor, y la tierra entera goza, gracias a lasabiduría de ustedes, de una profunda paz3. Nosotros, en cambio, los que somos llamados cristianos, al no tener también providencia de nosotros,permiten que sin cometer injusticia alguna, antes bien, portándonos, como la continuación de nuestrodiscurso demostrará, más piadosa y justamente que nadie, no sólo respecto a la divinidad, sino tambiéncon relación al imperio de ustedes, permiten, digo, que seamos acosados, maltratados y perseguidos, sinotro motivo para que el vulgo nos combata, sino nuestro solo nombre (cf. Mc 13,13; Mt 10,22). Sinembargo, nos atrevemos a manifestarles nuestra vida y doctrina, y por nuestro discurso de comprenderánque sufrimos sin causa y contra toda ley y razón, y les suplicamos que también sobre nosotros ponganalguna atención, para que dejemos de ser víctimas de los delatores.4. Porque no es pérdida de dinero lo que nos viene de nuestros perseguidores, no es deshonor en eldisfrute de nuestros derechos ciudadanos, no es el daño en alguna de las demás cosas menores; puestodo eso lo menospreciamos, por muy importante que al vulgo le parezca, nosotros que hemos aprendidono sólo a no herir al que nos hiere, sino a no perseguir en justicia a quienes nos roban y saquean; másbien, a quien nos abofetea una mejilla, debemos volverle la otra, y a quien nos quita la túnica, darle elmanto (cf. Mt 5,40; Lc 6,29); contra lo que atentan, al renunciar nosotros a las riquezas, es contranuestros cuerpos y contra nuestras almas, al esparcir muchedumbre de acusaciones, que a nosotros nonos tocan ni por sospecha; sí a los que la propalan y a los de su casta.
II. Llamado a la justicia y a la imparcialidad; el nombre de cristiano
1. Si alguno es capaz de convencernos de haber cometido una injusticia pequeña o grande, no rehuimosel castigo, antes pedimos se nos aplique el que hubiere de más áspero y cruel; pero si nuestra acusaciónno pasa del nombre, y por lo menos hasta el día de hoy lo que sobre nosotros propalan no es sino vulgar y estúpido rumor de las gentes, y ningún cristiano se ha demostrado haya cometido un crimen, asunto deustedes es ya, como príncipes máximos, humanísimos y amiguísimos del saber, rechazar de nosotros por ley la calumnia, a fin de que como toda la tierra, individuos y ciudades, goza del beneficio de ustedes,también nosotros les podamos dar las gracias, glorificándolos por haber dejado de ser calumniados.2. En efecto, no dice con su justicia que, cuando se acusa a otros, no se los condena antes de ser convictos; en nosotros, empero, puede más el nombre que las pruebas del juicio, pues los jueces notratan de averiguar si el acusado cometió crimen alguno, sino que se insolentan, como si fuera un crimen,contra el solo nombre. Ahora bien, un nombre, en sí y por sí, no puede considerarse ni bueno ni malo;sino que parece bueno o malo según sean buenas o malas las acciones que se le supongan.3. Ustedes saben esto mejor que nadie, como formados que están en la filosofía y en toda cultura. Por eso, incluso los que son juzgados delante de ustedes, aunque se los acuse de los mayores crímenes,están confiados, y, sabiendo que ustedes examinan su vida y no atacan sus nombres, si son vacíos, ni
 
atienden a las acusaciones, si son falsas, con el mismo ánimo reciben la sentencia absolutoria que lacondenatoria.4. Pues también nosotros reclamamos el derecho común, es decir, que no se nos aborrezca y castigueporque nos llamemos cristianos -¿qué tiene que ver, en definitiva, el nombre con la maldad?-, sino quecada uno sea juzgado por lo que se le acusa, y se nos absuelva, si deshacemos las acusaciones; o senos castigue, si somos convictos de maldad; que no se nos juzgue, en fin, por el nombre, sino por eldelito, pues ningún cristiano es malo, si no es que fingidamente profesa la fe.5. Así vemos que se procede con los filósofos. Ninguno, antes del juicio, por el solo hecho de su ciencia oprofesión, le parece ya al juez ser bueno o malo, sino que, si se le convence de injusto, se le castiga, sinque por ello se haga a la filosofía acusación alguna, pues el malo es el que no la profesa como es de ley;pero la ciencia no tiene culpa; y si se defiende de las acusaciones, se le absuelve. Procédase de igualmodo con nosotros. Examínese la vida de los que son acusados y déjese el nombre libre de todaacusación.6. Necesario me parece, oh máximos emperadores, rogarles al empezar la defensa de nuestra doctrinaque se muestren oyentes ecuánimes y no se dejen llevar de prejuicio alguno, arrastrados por los vulgarese irracionales rumores, sino que apliquen también a nuestra doctrina su amor al saber y a la verdad. Deeste modo, ustedes no pecarán por ignorancia, y nosotros, libres de los estúpidos cuentos del vulgo,dejaremos de ser combatidos.
III. Las tres acusaciones: ateísmo, antropofagia, incesto
1. Tres son las acusaciones que se propalan contra nosotros: el ateísmo, los convites de Tieste y lasuniones edípeas. Pues bien, si eso es verdad, no perdonen ninguna familia, castiguen esos crímenes,extermínenos de raíz con nuestras mujeres e hijos, si es que hay entre los hombres quien viva al modode las bestias. Porque incluso las bestias no atacan a los de su especie, y se unen entre sí por ley denaturaleza, y en solo un tiempo, el de la generación, y no por disolución, y conocen, en fin, a quienes leshace un beneficio. Si alguno, pues, es más feroz que las mismas fieras, ¿qué castigo habrá quecorresponda a tantos crímenes?2. Pero si ello es puro cuento y calumnias vacías, pues es de razón natural que el vicio se oponga a lavirtud y de ley divina que los contrarios pugnen entre sí, y ustedes son testigos de que nosotros nocometemos ninguno de esos crímenes, al mandarnos (solamente) no confesar nuestra fe; a ustedes tocaya hacer una investigación sobre nuestra vida y doctrinas, sobre nuestra lealtad y obediencia a su casa yal Imperio, y así concedernos, en fin, a nosotros lo mismo que a los que nos persiguen; porque nosotroslos venceremos, dispuestos como estamos a dar intrépidamente hasta nuestras vidas por la verdad.
Primera parte: la religión cristiana frente a la paganaIV. Lo absurdo de la acusación de ateísmo; los cristianos confiesan a un solo Dios
1. Ahora bien, que no seamos ateos -voy a entrar en la refutación de cada una de las acusaciones-,mucho me temo que no sea hasta ridículo refutar tal cargo. A Diágoras, sí, le reprochaban con razón losatenienses su ateísmo. Pues no sólo exponía públicamente la doctrina órfica y divulgaba los misterios deEleusis y de los Cabiros, y hacía pedazos la estatua de madera de Heracles para hacer cocer las astillas,sino que abiertamente afirmaba que dios no existe en absoluto; pero a nosotros, que distinguimos a Diosde la materia y demostramos que una cosa es Dios y otra la materia, y que la diferencia entre uno y otraes inmensa -porque la divinidad es increada, eterna, accesible sólo a la inteligencia y la razón, mientrasque la materia es creada y corruptible-, ¿no es absurdo darnos el nombre de ateos?2. Si, en efecto, pensáramos como Diágoras, teniendo tantos argumentos para venerar a Dios: el perfectoorden del mundo, su perpetua armonía, su grandeza, color, forma y disposición, entonces sí tendríamoscon razón reputación de impíos y habría motivos para perseguirnos; pero nuestra doctrina admite a unsolo Dios, creador de todo este universo, y Ése no ha sido creado -pues no se crea lo que es, sino lo queno es-, sino creador Él de todas las cosas por medio del Verbo que de Él viene; y, por tanto, ambas cosaspadecemos sin razón, la calumnia y la persecución.
V. Itinerario común de los poetas, filósofos y cristianos; testimonio de los poetas a favor delmonoteísmo; Eurípides y Sófocles
1. Los poetas y filósofos no fueron considerados ateos porque reflexionaron sobre Dios. Así Eurípides,testimonia su confusión respecto de aquellos que, según la opinión común, se llamaninconsideradamente dioses: “Zeus, si es que está en el cielo, no debiera hacerle siempre desgraciado al
 
hombre mismo” (fragmento de Eurípides, 900 Nauck, conocido sólo por Atenágoras); pero sobre el Ser inteligible que es cognoscible, en quien ve a Dios, dice: “¿Ves en la altura ese éter infinito, que rodea latierra con sus húmedos brazos? A éste créele Zeus, a éste tenle por dios” (fragmento de Eurípides, 941Nauck).2. Porque de los primeros constataba que no había sustancia para proveer un fundamento a los nombresque se les había aplicado fortuitamente: “Porque a Zeus, quién Zeus sea, no lo conozco sino de nombre”(fragmento falsamente atribuido a Sófocles, 1025 Nauck); ni que los nombres se atribuyeran a cosassubsistentes; pues donde no hay esencias subsistentes, ¿qué valor tienen los nombres? Pero a Dios, aquien lo veía a través de sus obras, distinguiendo en las cosas visibles -aire, éter, tierra- aquellasinvisibles (cf. Rm 1,20).3. Así, pues, comprendió que el autor de la creación, quien tiene las riendas por su espíritu, es Dios. Ycon él concuerda Sófocles: “Uno en verdad, uno solo es Dios, que fabricó el cielo y la vasta tierra”(fragmento 1025 Nauck, falsamente atribuido a Sófocles); en lo que enseña respecto a la naturaleza deDios, que llena de su belleza (el universo), no sólo dónde ha de estar Dios, sino que debe ser necesariamente uno.
VI. Testimonio de los filósofos: los Pitagóricos; Platón y Aristóteles; los Estoicos
1. También Filolao, al afirmar que “Dios encerró todo como en una cárcel” (fragmento 15 Dielz-Kranz, sóloconocido por Atenágoras), demuestra que Dios es uno y que está por encima de la materia. En cuanto aLisis y a Opsimo, el uno define a Dios como el número inefable; el otro, como la diferencia entre elnúmero máximo y su inmediato. Ahora bien, el número máximo, según los pitagóricos, es el diez, pues es“tetractus” (suma de los primeros cuatro números: 1+2+3+4=10), que comprende todas las proporcionesaritméticas y armónicas, y el inmediato a éste es el nueve; luego Dios es la mónada, es decir, uno, puesen uno supera el número mayor a su inmediato inferior.2. Platón y Aristóteles -advierto, ante todo, que no es mi intento exponer con absoluto rigor las doctrinasde los filósofos al citar lo que han dicho acerca de Dios; pues sé bien que ustedes sobrepasan a todospor su sabiduría y por el poder de su Imperio, así también les superan por la profundidad y amplitud de sucultura, practicando cada una de las disciplinas con un maestría que no conocen ni siquiera losespecialistas de una sola de entre ellas; pero como no era posible, sin citar nombres, demostrar que nosomos sólo nosotros los que ponemos a Dios en la unidad, acudí a los florilegios (o colecciones desentencias)-. Platón, pues, dice así: “El hacedor y padre de todo este universo, no sólo es trabajosohallarle, sino, una vez hallado, imposible manifestarlo a todos” (Timeo 28c); con lo que da a entender queel Dios increado y eterno es uno. Es cierto que reconoce a otros como el sol, la luna y las estrellas, perolos conoce como creados: “Dioses de dioses de que yo soy el artífice y el padre, criaturas que, si yo noquiero, no son desatables; pues todo lo atado es desatable” (Timeo 41a, incompleto). Si, entonces, Platónno es ateo por entender que el artífice de todas las cosas es un solo Dios increado, tampoco lo somosnosotros porque reconocemos y afirmamos como Dios a aquel por cuyo Verbo todo ha sido creado y por cuyo Espíritu es todo mantenido.3. Aristóteles y su escuela, que conciben un solo Dios, como una especie de ser viviente compuesto,dicen que Dios está dotado de alma y cuerpo, y tienen por cuerpo suyo el espacio etéreo, las estrellaserrantes y la esfera de las estrellas fijas, todo él dotado de un movimiento circular; y por alma, la Razónque dirige el movimiento del cuerpo, sin que ella se mueva, siendo, en cambio, ella causa del movimiento(opinión de Aristóteles conocida sólo por Atenágoras).4. En cuanto a los estoicos, si bien en los nombres multiplican lo divino en las denominaciones que ledan, según los diferentes estados de la materia que penetra el espíritu divino; sin embargo, en realidadpiensan que Dios por uno. Pues si Dios es el fuego artesano que marcha por un camino para lageneración del mundo y comprende en sí todas las razones seminales según las cuales todo se produceconforme al destino, y si el espíritu de Dios penetra por todo el mundo, entonces Dios es uno para ellos;que se llama Zeus, si se mira el hervor de la materia, Hera si al aire, y así sucesivamente, conforme acada parte de la materia por donde atraviesa.
VII. Superioridad del pensamiento cristiano sobre el filosófico: conjetura e inspiración divina
1. Como quiera, pues, que en viniendo a tratar de los principios del universo todos, generalmente, loadmitan o no, están de acuerdo en que lo divino es uno, nosotros afirmamos que quien ha ordenado todoeste universo, ése es Dios, ¿qué motivo hay para que a unos se les permita decir y escribir librementesobre Dios lo que les dé la gana, y haya, en cambio, una ley dictada contra nosotros? En tanto quenosotros podemos establecer con pruebas y argumentos de verdad lo que entendemos y rectamentecreemos, a saber, la existencia de un Dios único.

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