Fco. Javier Benítez Rubio
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Aquello ya estaba pasando de castaño oscuro. El Mando había informadoa su Mando de que la máquina decía que no había nada, pero los cincotripulantes del AEW juraban sobre cualquier versión de la Biblia que habíanvisto un artefacto suspendido en el aire. La cosa puede desbocarse, piensan enel Mando, si algún buque en ruta marítima hacia el Antártico se topa con elartefacto. O peor, incluso, si algún vuelo comercial termina avistando el puck,aunque sea de lejos.Es hora de poner a trabajar a la flor y nata de nuestra tecnología, lossatélites. Pero no cualquiera. Esos que no existen, esos que sólo salen en laspelículas de espías. Esos que orbitando a miles de pies pueden mostrarte la casadonde vives, pero con todo lo que hay dentro. Si la versión comercial delGoogle Earth es una pasada, imagina el nivel de detalle que tienen nuestros juguetitos. En el Mando ya se olfatea la victoria. Solo hay que pulsar las teclas
adecuadas. Esperar un poco, y… En el Mando, un minuto despué
s, se masca latragedia. Allí, o ahí, no hay nada. Nada no. Hay lo de siempre, agua, aire,nubes, viento, o sea, nada. La máquina, la súper máquina que todo lo ve, quetodo lo oye, que todo lo detecta, que nada se le pasa, la que cuenta la verdad delo que existe, dice que allí no hay nada más que lo de siempre.Ahora sí que sí, ahora las alarmas empiezan a encadenarse. Ahora losMandos técnicos y militares comienzan a levantar sus teléfonos para ponerse encomunicación con sus Mandos. Con los dueños del mundo que está detrás delmundo. Ese mundo que no se ve, ni se oye, del que solo se conocen susurros ycuchicheos. El estupor de los dueños del mundo es máximo. ¿Cómo no? C
ómoes posible que no detecte nada si lleva la tecnología más avanzada que existe en la faz dela Tierra
, les espetan a los técnicos y científicos. Claro, su juguete, el juguete queha costado un dineral, no es capaz de detectar un descomunal artefacto sólido amenos de 1.500 metros sobre el mar. Ni una foto de las de toda la vida, nisiquiera medio minuto de simple video. Nada.
Eso hay que verlo
, dicen. Hay quemandar a alguien sano y cuerdo que vaya hasta allí abajo y vea con sus ojos,con nuestros ojos, que aquel maldito puck negro está allí de verdad. Aquellanoche de 28 de abril más de uno tuvo pesadillas. Y con razón.
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