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hombre con lo que todos tenemos de común, nacidos bajo el pecado original,ignorantes pero capaces de conocer la verdad, en medio de peligros que vamosdescubriendo a medida que luchamos con las circunstancias, Hitchcock nosponía ante un espejo fascinante, luego de suspendernos de la vida cotidiana. Esoes lo que hacía a su cine verdaderamente -como ningún otro- universal, y lo queha hecho que, por tantas connotaciones manifestadas debajo de una simplehistoria de suspenso, los críticos se interesaran particularmente por su obra. Vamos a intentar llegar un poco más allá para entender porqué el cine deHitchcock era como era.Para entender el cine de Alfred Hitchcock hay que tener en cuenta enprimer lugar que el cine entraña una gran dificultad por su aparente facilidad,tanto para asimilar lo que es evidente como lo único interpretable, como por latentación hipercrítica de dotar de sentido a lo que carece de ello, además de queel cine de Hitchcock se resiste a ser reducido por una mirada no avisada odesatenta. Con esto decimos que lo que desde su cine Hitchcock afirma es que,precisamente, no podemos entender mirando simplemente lo que se nosmuestra, sino que debemos recuperar el sentido de lo que vemos a través de loque
no
se nos muestra. Entonces adquiere todo su sentido la
forma
en que senos muestran las cosas. Debemos desconfiar de las apariencias porque la verdades ardua y no siempre se aparece ante la sola mirada. Ejemplos más acabados deesto son
Vértigo
y
La ventana indiscreta
. Si no se entiende esto no se entiende
su cine, y se cae en la fórmula que justifique la propia comodidad: “maestro delsuspenso” u otros admirativos pero trillados y vacuos calificativos para quedarse
en mitad del camino.Una película es plantearse la forma que tiene que tener esa película, demanera que las ideas se correspondan con tal
forma
al punto de que es la forma
–
que parte de una idea previa- quien determina el contenido. Los malosdirectores proceden a la inversa, buscan sólo el asunto para cubrirlo luego conuna forma desvaída e irreflexiva. Primero está el árbol y luego viene el fruto,aunque la idea inicial sea obtener tal fruto. En la forma está predeterminado elfondo, por lo tanto, dilucidar el porqué de tal forma de ver las cosas de undirector como Hitchcock nos hará comprenderlo mejor. Ante todo hay una visión del mundo, segura y firme sobre la que se asienta la seguridad (que nocomodidad) del artista: es la del dogma católico. Por eso, si Hitchcock secomplace en hablar de sus métodos de filmación y de la técnica, se incomoda ose esconde a la hora de hablar del fondo de su obra, como todo artista que seprecie de tal, por otra parte, debe hacer. Un artista verdadero no explica su obra.¿Era consciente Hitchcock
–
preguntará alguno de los que nunca faltan- de todolo que hacía o de todo lo que podía haber dentro de sus obras? Tal vez no detodas las múltiples connotaciones que se desprenden de sus obras, porque elartista es alguien que da porque recibe y porque se eleva en determinadosmomentos por encima de la vida cotidiana para obtener las intuiciones quedevelan un poco del misterio que nos rodea, pero sí es evidente que, como decíaOscar Wilde, sin facultad crítica no hay creación artística posible. Nuestro
director puede decir que “no le interesa el mensaje”, pero éste subyace y se
encuentra en la forma total elegida para contar una historia. Conoce la
arquitectura secreta que sostiene su edificio. “Toda obra de imaginación bella –
decía Oscar Wilde- es perfectamente consciente y deliberada. Ningún poeta
canta porque debe cantar. Al menos, ningún gran poeta”. Desde luego, no lo
seguimos al irlandés cuando pretende que el crítico vea en las cosas lo que se leantoja, sino lo que, como luego él explica, esta Bel
leza “le susurra al oído mil
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