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Los clubes sociales de cannabis en España: Una alternativa normalizadora en marcha

Los clubes sociales de cannabis en España: Una alternativa normalizadora en marcha

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Los clubes sociales de cannabis (CSC) son asociaciones de personas usuarias que se organizan para autoabastecerse sin recurrir al mercado negro. Se basan en el hecho de que el simple consumo de drogas ilícitas no ha sido nunca un delito en la legislación española. Aprovechando ese hueco legal, desde hace años existen clubes privados que producen cannabis para su distribución sin ánimo de lucro en un circuito cerrado de adultos previamente usuarios.
Los clubes sociales de cannabis (CSC) son asociaciones de personas usuarias que se organizan para autoabastecerse sin recurrir al mercado negro. Se basan en el hecho de que el simple consumo de drogas ilícitas no ha sido nunca un delito en la legislación española. Aprovechando ese hueco legal, desde hace años existen clubes privados que producen cannabis para su distribución sin ánimo de lucro en un circuito cerrado de adultos previamente usuarios.

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Published by: Joaquín Vicente Ramos Rodríguez on Jan 28, 2012
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Reforma legislativa en materia de drogas|1
Los Clubes Sociales de Cannabis (CSC)son asociaciones de personas usuariasque se organizan para autoabastecerse sinrecurrir al mercado negro. Se basan en elhecho de que el simple consumo dedrogas ilícitas no ha sido nunca un delitoen la legislación española. Aprovechandoese hueco legal, desde hace años existenclubes privados que producen cannabispara su distribución sin ánimo de lucroen un circuito cerrado de adultos previa-mente usuarios.
Desde su aparición, alrededor de 2002, losCSC han permitido que varios miles depersonas dejen de financiar el mercadonegro y conozcan la calidad y origen de loque consumen, generando puestos detrabajo y recaudación de impuestos, y todoello sin necesidad de denunciar los tratadosde la ONU sobre drogas.El presente trabajo resume la naturaleza yforma de funcionamiento de dichos clubes,planteando además un debate acerca de laconveniencia de dejar de lado la defensa demodelos alternativos de regulación basadosen la creación de un circuito comercialabierto, similar al del alcohol o el tabaco,optando en cambio por un modelo consu-merista y no lucrativo, que evita muchos delos riesgos inherentes a un mercado domi-nado por la búsqueda de beneficioseconómicos.
Los Clubes Sociales de Cannabis en España
Una alternativa normalizadora en marcha
Por Martín Barriuso Alonso
1
 
Federación de Asociaciones Cannábicas
Serie reforma legislativa en materia de drogas
No. 9
Enero 2011
Conclusiones & Recomendaciones
En España, desde la aparición de los clubessociales de cannabis (CSC) en 2002, miles depersonas logran abastecerse de forma legal demarihuana ejerciendo control sobre sucalidad, para su consumo personal.
Aprovechándose de un hueco jurídicoexistente en la legislación española, y a travésde un sistema de registro legal de grupos deconsumidores y un cultivo colectivo, losclubes se perfilaron de forma creciente entodo el país.
El
boom 
de los clubes se dio luego devarias sentencias del Tribunal Supremo, quedefinieron el ámbito de cultivo para usopersonal ya no como un delito, por no estardirigido al tráfico.
Es hora de que el debate sobre políticas dedrogas se distancie de la simplificación delegalización o prohibición, y se considerenformas alternativas para enfrentar elfenómeno de las drogas.
 
 
2|Reforma legislativa en materia de drogas 
ANTECEDENTES HISTÓRICO-LEGALES
España firmó la Convención Única sobreEstupefacientes de la ONU en 1966, que alaño siguiente se tradujo en la aprobaciónde la Ley 17/1967 sobre Estupefacientes,donde se establece que la tenencia dedrogas ilícitas solo estará permitida previapara fines médicos o científicos. Sinembargo, dicha ley solo prevé la incauta-ción de las sustancias no autorizadas, sinningún tipo de sanción.En 1973 el Código Penal incorpora el delitode tráfico de drogas en su forma actual y alaño siguiente el Tribunal Supremo dicta laprimera sentencia en la que se establece queel simple consumo de drogas y la tenenciadestinada al mismo no son delito. A partirde ahí arranca una jurisprudencia unánime,que se irá concretando en sentencias poste-riores donde se establece que tampoco esdelito el consumo compartido, la donacióncon fines compasivos, ni la compra manco-munada por parte de un grupo de adictos,siempre que sea sin fines de lucro.Sin embargo, la despenalización no condu-ciría a una regulación clara de la produc-ción y la tenencia destinadas al consumopersonal. En el caso del cannabis, existendirectrices de la fiscalía del estado encuanto a las cantidades de cannabis cuyaposesión, aunque siga siendo ilícita, noconstituye delito por sí sola. En el caso delas plantas que se pueden cultivar para elpropio consumo, no existe ni esa mínimaregulación, lo que provoca actuacionesabsolutamente dispares dependiendo de lazona, e incluso del talante personal e ideo-lógico de los policías o jueces implicados.Ello provoca una gran inseguridad jurídica,que se traduce en numerosas intervencio-nes policiales contra pequeños cultivos queacaban casi siempre en archivo o absolu-ción de la causa.En la actualidad, el tráfico de cannabis secastiga con penas de uno a tres años dercel. La primera condena no suele acabarcon el ingreso en prisión, ya que la legisla-ción española establece que las penas dehasta dos años de cárcel se suspendancuando no existan antecedentes. Sin em-bargo, en caso de una segunda condena, sesuman las penas, lo que produce que hayamiles de personas encarceladas en Españapor tráfico de cannabis. El tipo agravado(tráfico organizado, grandes cantidades,venta a menores, etc.) es de tres a nueveaños. En ambos casos hay también multasimportantes, calculadas en base al precio demercado de lo incautado.En cuanto a la tenencia y consumo, sesiguen castigando con la incautación en elcaso de lugares privados, lo cual suelesuponer en la práctica la impunidad, ya queel domicilio particular es inviolable, excep-to con orden judicial o en caso de delitoflagrante. En los lugares, vías y estableci-mientos públicos, además de la incautaciónde la sustancia, existen sanciones de entre300 y 30.000 euros, desde que se aprobaraen 1992 la Ley Orgánica de SeguridadCiudadana. Las sanciones pueden suspen-derse sometiéndose a un tratamiento dedeshabituación, lo que infla artificialmentelas cifras de asistencia por problemasrelacionados con el cannabis, ya que secalcula que el 75% de las peticiones detratamiento se deben a esta causa
2
. 
NACIMIENTO DEL ASOCIACIONISMO DEPERSONAS USUARIAS DE CANNABIS YPRIMEROS CULTIVOS COLECTIVOS
Hacer frente a la prohibición de consumiren lugares públicos fue uno de los primerosobjetivos del llamado movimiento
canná- bico 
, que hizo su aparición en 1993 a travésde la asociación ARSEC de Barcelona. Otroobjetivo era acabar con la inseguridad jurídica del cultivo, encontrando la manerade autoabastecerse de manera legal. ARSECenvió una carta a la fiscalía anti-drogapreguntando si sería delito cultivar canna-bis con destino al consumo personal de ungrupo de usuarios adultos. La respuesta fueque, en principio, aquella no era unaconducta delictiva y ello dio lugar a una
 
 
Reforma legislativa en materia de drogas|3
plantación divulgada a tras de los mediosde comunicación y destinada a unas 100personas. La plantación fue incautada perola audiencia provincial absolvió a losresponsables, aunque el caso fue recurridoante el Supremo.Mientras surgieron otra serie de grupos queiban a seguir el camino de ARSEC. La pri-mera en hacerlo fue la asociación Kalamu-dia, de Bilbao, que llevó a cabo en 1997 unaplantación de unas 600 plantas destinadas aalrededor de 200 personas, entre las quehabía parlamentarios regionales y conceja-les de varios partidos políticos, además deartistas, sindicalistas, médicos, etc. El casose archivó al poco de abrirse y el cultivo serecogió sin obstáculos legales.El caso ARSEC, que llevaba más de dosaños pendiente de resolución, fue zanjado alos pocos días con una condena mínima deprisión (que quedó suspendida) y sancioneseconómicas contra los directivos de laasociación. El Tribunal Supremo entendióque, aunque estaba claro que en este casono se pretendía traficar, el cultivo decannabis era peligroso per sé y debía sercastigado. De esta forma, en principio, secerraba la puerta a los cultivos asociativos.No obstante, en 1999, la asociación Kala-mudia decidió tomar el camino de ladesobediencia y repetir su plantaciónpública y colectiva de marihuana. Lafiscalía no intervino. La cosecha se volvió arecoger con normalidad, en presencia de lascámaras, y en 2000 se llevó a cabo la terceraedición, que tampoco provocó accioneslegales. Ante la falta de oposición, lasasociaciones decidieron entonces dar uncarácter estable a los cultivos.
NACE EL MODELO DE CLUB SOCIAL DECANNABIS (CSC)
Mientras tanto, el gobierno regional deAndalucía encargó un informe jurídicosobre la posibilidad de poner en marchaestablecimientos en los que se podríaobtener cannabis respetando el marco legal.Los autores, Juan Muñoz y Susana Soto,tras analizar exhaustivamente la jurispru-dencia sobre el cannabis y otras sustanciasilícitas, llegaron a la conclusión de quedebería tratarse de
“centros no abiertos a un público indiscriminado, sino de acceso restringido a fumadores de hacs o mari juana, en los que se exigiría como medida de control del acceso el tener la condición de consumidor habitual. Se trataría, por tanto,de lugares de consumo privado entre consumidores habituales en los que spodría adquirir y consumir cantidades que no sobrepasen el límite de un consumo normal” 
.El informe nunca se publicó oficialmente,aunque sí apareció en una prestigiosarevista jurídica
3
. Y aunque era un simpledictamen técnico no vinculante, diversasinstituciones parecen haber tomado encuenta sus conclusiones. Poco a poco, lasasociaciones empezaron a regularizar susituación: De ser estar inscritas comoasociaciones “de estudio del cannabis”pasaron a ser “de personas usuarias decannabis” y a mencionar en sus estatutos laposibilidad de crear espacios privados parael consumo y el cultivo social. El pionerofue el Club de Catadores de Cannabis deBarcelona (CCCB), en 2001.Mientras, el Tribunal Supremo, en senten-cias de 1 de octubre de 2001 y 9 de julio de2003, contradijo la sentencia sobre ARSEC,estableciendo que la posesión de cannabis,incluso en grandes cantidades, no es delitosi no existe intención clara de traficar. Enlos años posteriores, el informe de Muñoz ySoto y las sentencias citadas servirían debase para diversas resoluciones judicialesque consideraban legales los cultivos devarios clubes cannábicos.Entre estos casos, el que tuvo más trascen-dencia fue el que se produjo en 2005 contrala asociación Pannagh. Cuatro miembrosdel grupo fuimos detenidos y el cultivo dela asociación incautado. Este hecho diolugar en enero de 2006 a una preguntaparlamentaria a la Comisión Europea del

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