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InmoralidadyRascacielos

InmoralidadyRascacielos

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Ensayo sobre la relación entre el estilo de ética e inmoralidad con las edificaciones y otros eventos sociales. ¿Qué tipo de ética proponen los grandes rascacielos?
Ensayo sobre la relación entre el estilo de ética e inmoralidad con las edificaciones y otros eventos sociales. ¿Qué tipo de ética proponen los grandes rascacielos?

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Published by: Carlos Valdés Martin on Jan 30, 2012
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DE LA INMORALIDAD AL RASCACIELOS
Por Carlos Valdés MartínUNA MAR SILENCIOSAComo agua de diluvio una forma de moralidad inundó la conciencia, que entonces era tanhonda como el fondo marino; así los códigos del deber anegaron a la conciencia, hastafiltrarse por todas sus grietas. Cuando un mar ancho y denso de integridad se extendióhabía destellos brillantes en la superficie, pero el fondo de la conciencia resultaba opaco ydifícil de percibir, pues ese fondo silencioso permanecía como un cuenco gigante y sin formadefinida. Durante siglos existió un código bien delimitado, establecido férreamente por lareligión cristiana que a Occidente le dictaba mandamientos con más fuerza que claridad ydecidía qué era lo bueno y malo. Mientras predominó un sistema bastante simple de remitir cualquier pregunta a un único libro (aunque la Biblia editada en latín permanecía inaccesibleal simple creyente) y sujetarse a una única institución religiosa, la moral social podíamantener su territorio cerrado y protegido con códigos cual murallas. Lo cual no significa queesa comunidad “moralizada” por la fuerza bruta resultara en verdad ética, pues las guerras ylos asesinatos santificados por la Iglesia católica eran cotidianos en el periodo medieval;vemos la santificación de lo inmoral mediante la intervención de sacerdotes convertidos enreyes y aristócratas. Además esto no ocurría sólo en Occidente, debemos recordar elOriente, pletórico de guerras santas y convulsiones masivas estallando de manera periódica.Las condiciones sociales cambiantes hicieron su labor de zapa contra las murallas: elRenacimiento mostró que la Tierra no estaba en el centro del Cosmos y los telescopiosseñalaron que entre las nubes no retozaban los ángeles de Dios. Además grandespensadores inconformes, buscaron senderos separados de la ética tradicional, por ejemplo,hace un siglo Nietzsche se ocupó de la transvaloración de todos los valores, canalizando elagua de la ética hacia cauces desconocidos y hacia territorios prohibidos, que no eran anti-morales pero sí sellados por una visión entonces exótica, definidos como el sentido de latierra ajeno al sentido del cielo
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. En el periodo más reciente, al perderse parte de la antiguamoral, resulta que su contraparte oscura
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como inmoralidad
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invade las extensiones y losrincones; y entonces se vuelve una sub-dimensión de la conciencia.Sin un código tradicional de moral, intocable por rodearse del nimbo religioso y protegersecon espadas de Inquisición, el
 problema
ético se expandió hacia el confín. Al amanecer elsiglo XIX, las reglas morales y los mandamientos se habían relativizado; por ejemplo, conSoren Kiergkegaard, incluso una conciencia devota tenía ante sí el campo abierto paraestablecer sus elecciones y definir sus decisiones éticas
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. El juicio cotidiano ya no pertenecíaa Dios (quien nunca lo ejerció en persona, sino por sus vicarios), ahora el individuo debíautilizar su propio juicio y conciencia, que desde entonces se encuentra claramente en eldilema: elegir su bien o su mal, su cielo o su infierno. Los griegos y romanos ya habíandescubierto ese dilema, de hecho, el problema de la elección siempre existió pues las ovejasse podían descarriar, pero las religiones se encargaban de simplificarlo todo, estableciendolos códigos ordinarios de la moral y las buenas costumbres. Los clérigos se convertían enlos agentes especializados de la ética, y ellos les decían a sus feligreses dónde colocar lafrontera de lo bueno y lo malo. En el periodo anterior de modo general, la facultad general dela decisión humana se restringía cómodamente y quedaba como oficio pastoral. Pero elproblema existió, de tal modo que simplemente perdieron su monopolio y prestigio losespecialistas, pues desde el Renacimiento se hace evidente que los seres humanos decidensobre su moral.Vivir exige decidir. Los mandatos externos, las rutinas y las costumbres simplifican las cosas
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y vuelven sencillo el decidir. La decisión presente,
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bajo la máscara de la tradición y lacostumbre
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nace del eco lejano de una decisión originaria, un acto de fundación. Sobre lasdecisiones de hombres y mujeres se generan el sentido y la preferencia, que están en labase de la valoración, por lo mismo la moral se crea. Nietzsche creyó que existía un actofundacional de los grandes hombres: personajes de resonancia religiosa y mítica comoJesús y Zaratustra, quienes establecían los grandes parámetros de la ética mediante losvalores trascendentales. Posteriormente la indagación fenomenológica y existencialistareveló que la ética se sigue recreando en el presente, y si un lejano valor trascendental (enel sentido de horizonte ético separado de la tierra) pervive es porque hoy los fieles asumenese valor, lo reviven en el fuego de sus corazones; por su capacidad de decidir ellos eligenrepetir una pauta recibida.DECISIÓN: LIBERTAD SIN MORALSi por moral entendemos un gran código ético, que a la manera de un catecismo religioso leindique a las personas cómo conducirse día a día hasta su momento del morir, entonces elser humano puede perfectamente vivir sin una sombra de esa moral. Si se reducen loscódigos éticos tradicionales a sus puntos más esenciales la discusión resultaría más rica
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,pero aún podemos ir más lejos, porque en la estructura de la práctica se encuentra elmomento de fundación de la moralidad (no de los códigos estructurados) y entoncescualquier situación de la conciencia y de la práctica humanas implica moral
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.Hasta la práctica más ordinaria de ser humano es un torrente de decisiones guiadas aciertos fines. La diferencia de la acción humana respecto de la animalidad es la carencia deese código genético que guía de forma muy estrecha las alternativas del animal. Lasalternativas para un ser humano, en el plano abstracto, se convierten en un abismo, por lavariedad tan profunda de precedentes y consecuentes. Mas no se trata del caso límite (quellega a ocurrir) donde la amplitud de posibilidades paralizan la decisión (o se decide optar por un momento pasivo, un dejar pasar), sino de que en las decisiones concretas existe unabanico de decisiones y, en su cantidad mínima, queda la disyuntiva, los dos modosrepresentados por las dos ramas en la “ygriega
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. Todaa cuando se siguen unas"instrucciones" prefabricadas para un asunto, en la intención de “seguir” existe la variacióndel detalle, y se puede expresar esto mismo diciendo que en el estilo de hacer las cosas serefleja la personalidad
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. Además no sólo son detalles, pues cuando observamos a un sujetoenfrascado en una serie de actos bien definidos, para los cuales los detalles le son indicadospor una autoridad, como en su trabajo, su enfrascarse en esa situación está determinado por sus decisiones previas, que lo colocaron en esa situación.Pero la decisión contiene su semilla de drama: encierra dilemas. Siempre se elige entreopciones, y lo seleccionado mata la posibilidad de lo descartado. Incluso la posibilidadelegida luego cambia, pues después de tomada queda en el pasado: ya fue mi posibilidad ylo demás posible fenece y deja de ser. Claro que la libertad de elegir se mantiene, entoncesdesanda sobre sus huellas; resulta viable el
arrepentimiento
para volver sobre las propiaspisadas, pero el tiempo en sí es irreversible y el pasado no regresa
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.La ética, en sí, se presenta como una fórmula hecha para las elecciones. La llamada reglade oro que indica "trata a los demás como quieras que te traten" se plantea como una guíapara la elección. En el contacto con el prójimo me pregunto ¿cómo debo tratarlo? y la reglade oro responde: como a mí mismo. Sin embargo, esta regla de oro posee millones deinterpretaciones, pues cada individuo diferente desea ser tratado de manera peculiar, por ejemplo, el avaro quisiera que le entreguen riqueza y nunca perderla, el valentón quisieraque los demás lo reten y ganarles siempre, el vanidoso espera halagos hacia su persona, elservicial busca necesitados a quienes atender, etc. Bajo este universo de situaciones y con
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una regla de oro tan general, pareciera que permanecemos como al principio, con un infinitode posibilidades, pero no es así. La ética codificada (por experiencia o por intereses) indicasimplemente que sobre una libertad (hipotéticamente infinita e indefinida) se establecenlímites; y, en otro sentido, esa es la teoría del interdicto de Bataille
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. Existen preceptos másconcretos que establecen prohibiciones, como "no matarás" o “respeta las leyes de tu país”,los cuales resultan sumamente útiles para la convivencia y fácilmente los aceptamos, ya seapor convicción o amenaza. Cuando la persona en su fuero interno (por espontánea afinidado aprendizaje) se identifica con esos deberes o los considera aceptables, puede mantenerloscomo su horizonte y su propia moral, sin que esto le cause ningún conflicto con su libertad,pues encuentra el mandamiento de “no matarás” y él no busca matar a nadie, así pues suconciencia se reconforta y el mandamiento le confirma que está en lo correcto y es bueno. Yeste precepto de no matarás no le impide defender fieramente su vida cuando se enfrenta aalgún maleante, pues conserva su propio criterio ante un caso extraordinario.Sin embargo, en la moral cotidiana existen preceptos de detalle (que son algo así como losencajes y bordados del deber) en las buenas costumbres, que positivamente proponen unaacción correcta, como la disposición de los cubiertos en la mesa. Esos detalles en su excesoson llamados “moralismo” o “moralina”, y en su conjunto son diques y canales que confinana la libertad a niveles de convivencia aceptable o encomiable para un grupo dado. En esesentido de minucias, un código moral establecido resulta odioso, como mandato encargadode domesticar la libertad hasta en sus más tímidas expresiones, pero como la libertad es elfundamento, lo que el código minucioso intenta es someter el cuerpo a su sombra y fracasa:mientras más reglamentación rebota una mayor transgresión.La libertad no es una disposición absoluta a elegir y hacer cualquier cosa, pues cada cualposee sus propias inclinaciones y se moverá hacia decisiones típicas con gran insistencia.La situación ideal de la libertad no es carecer de barreras a su paso, para vagar errante y sinataduras, pues la libertad como naturaleza desafiante requiere de desafíos, pero noconflictos inútiles. La adaptación a los detalles de los códigos sociales (por ejemplo lasbuenas maneras) puede facilitar la convivencia, pero no termina con los conflictos de fondo,ni sirve como garantía contra la aparición de transgresiones mayores.LA ECONOMÍA DEL DILEMADigamos que cuando el dilema se retuerce en la conciencia entonces clama por un mediador y elemento de resolución. La regla moral sirve para marcar el precedente y evita que lalibertad borde en el vacío, porque un dilema puede ser insoluble cuando la trivial preguntadel “ser o no ser” queda en suspenso y sin respuesta. Las reglas y códigos morales ofrecenuna serie de respuestas prefabricadas, que pretenden resolver los dilemas y evitar losriesgos de los caminos curvos de la conducta humana.La regla ética desdobla la encrucijada de la conducta humana, porque el concepto del deber ser se opone al concepto de lo que existente, indicando el sendero para dirigir la conductahumana, planteándole finalidades e intenciones laudables. Definir lo que “debe ser” generaun desdoblamiento en la conciencia, que opone la realidad del hecho a una concepción de locorrecto, lo que se ha llamado un “ideal”. El ideal moral o ético pertenece esa calidad en lamedida en que no define una realidad, para lo cual en su confección interviene laimaginación y el tiempo futuro. El ideal moral integra un futuro posible en la concienciapresente. La regla moral de "no matarás" indica que ante la posibilidad (general o concreta)de matar (futura) no se efectúe ese acto reprobado. Antes ha habido muertos y eso noafecta a la regla, sino que ésta hace un llamado para negar ese pasado de muertes y secumpla el "no matarás".Si la decisión (que en su generalidad es ética) se toma a partir de cada situación particular,
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