Consultando las guías, lo que se nota es que la zona de Madrid que pisanlos turistas sigue igual desde el principio del siglo XX. Hay que comparar elmapa de la guía Baedeker de 1901 -primer guía turística de ampliadifusión- con mapas de guías actuales. Todos los lugares de interés estánlocalizados en la zona ya construida en aquella época. Eso significa que elcrecimiento y las transformaciones sin precedentes de las últimasdécadas, que afectan mayormente a la periferia, se quedan fuera deldebate.
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Eso significa también que el contacto de los turistas con la arquitecturacontemporánea madrileña puede resumirse en las infraestructuras detransporte –la T4, el memorial de Atocha-, los museos –el Centro de ArteReina Sofía, la extensión del Prado-, tiendas y locales de diseño, y algunoshoteles.Las guías aconsejan a los pocos que se interesan en la condición modernade la ciudad que la aprehendan desde algunos objetos icónicos dearquitectura de la segunda mitad del siglo XX que generalmente no sevisitan y por eso existen solo durante el rato en el cual se toma la foto: elbanco de Bilbao, las torres blancas, la torre Picasso, el faro de Moncloa ylas torres Kio.
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Más recientemente también han aparecido unas guías que se implican enla cultura urbana. Proponen lo que describen más o menos como“escapadas a la periferia”: se trata de visitar los edificios másemblemáticos de la arquitectura contemporánea madrileña: las torres dela Castellana, el Mirador de Sanchinarro, el Ecobulevar de Vallecas y másrecientemente las viviendas protegidas de Tom Mayne en Carabanchel, ytambién de visitar el Matadero. Tratando de esto, es significante observarque en las ediciones de los años treinta, el Baedeker aconsejaba a losviajeros de visitar el Matadero como edificio simbólico de la modernidadde la ciudad en cuanto, hoy, en las guías actuales se justifica un proyectocultural contemporáneo por el interés histórico del edificio que lo acoge.Hablando de Madrid, no solo los extranjeros sino muchos españoles sufrende esa enfermedad llamada “falta de visión lateral” que correspondeperfectamente con la imagen oficial de la ciudad. Madrid no es unametrópoli que afronta los desafíos de la época, es la representación casimitológica de la historia de la nación –el decorado para el 2 de mayo, elplano que te regalan en el libro de Peréz-Reverte-, un catálogo detradiciones “deslocalizadas” –aquí también hay paella y flamenco-, y sobretodo una ciudad de la cual se disfruta, posiblemente de noche. Una ciudadculturalmente adormecida que nunca duerme.Se podría decir que la cultura de un “disfrute” de la ciudad es el principalvínculo entre la ciudad y la historia reciente, entre la ciudad y lamodernidad. La movida, presentada como en continuo revival sería el
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