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Los primeros intentos
Tratar de conocer y ordenar la diversidad de la vida es muycomplicado. Si esto es una realidad en la actualidad, cuan-do los científicos cuentan con elaboradas teorías sistemáti-cas y sofisticadas técnicas computacionales, imaginemoslas dificultades por las que atravesaron los primeros natu-ralistas que lo intentaron. En la obra
Theatre of Insects 
,escrita alrededor de 1590 por Thomas Moufet (1553-1604), se describen así las cigarras:
 Algunas son verdes, otras negras, algunas otras azules.Unas vuelan con un par de alas, otras poseen un mayor núme-ro; las que no tienen alas, saltan, las que no pueden volar, ni sal-tan, caminan; algunos de estos seres poseen patas más largas,otras tienen patas más cortas; algunas cantan, otras no lohacen… Todas las cigarras son con o sin alas. De las que tie-nen alas, algunas son más comunes y ordinarias, y otras sonmás raras; de las que son comunes, hemos visto seis clases,todas verdes, siendo menor el número de las que presentanmuchos colores (Singer, 1947: 196).
Y Michel Foucault narra que escribió su libro
Las pala- bras y las cosas 
después de leer el texto de Jorge LuisBorges “El idioma analítico de John Wilkins”, en el que citala siguiente clasificación de animales encontrada en “cier-ta enciclopedia china”:
a) Pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c)domesticados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perrossin dueño, h) incluidos en la clasificación presente, i) rabiosos, j) innumerables, k) dibujados con pincel muy fino de pelo decamello, l) etcétera, m) que acaban de romper la jarra de agua,n) que de lejos parecen moscas (Foucault, 1991: 1).
Foucault se asombra ante semejante taxonomía, pero noporque le resulte ridícula; el hecho lo lleva a reflexionar en loslímites del pensamiento occidental, imposibilitado a pensar demanera semejante, y en el por qué de esos límites.La historia de las clasificaciones es intrincada por ladificultad de encontrar aspectos individuales utilizablespara formar grupos, como se ve en los ejemplos anteriores.Durante la Edad Media se intentó hacer clasificaciones alfa-béticas o se dividió a los animales en caminadores, nada-dores, voladores o trepadores, lo que llevó a colocar en unmismo grupo a las moscas y a los murciélagos, por ejem-plo. También se trataron de hacer clasificaciones utilitarias,es decir, basadas en el uso que las personas daban a losorganismos.Poco a poco los naturalistas buscaron caracteres quepermitieran agrupar a las especies de una manera cohe-rente. Debido a que los morfológicos son los más eviden-tes, las primeras búsquedas se dirigieron a observar simili-tudes físicas, pero aun así el camino no fue fácil. Mathiasde l'Obel (1538-1616), por ejemplo, trató de clasificar a lasplantas por la forma de las hojas: si eran angostas oanchas, simples o compuestas, con venas paralelas o reti-culadas. Esto lo condujo a formar agrupaciones vegetalesen las que había plantas tan distintas como los helechos dela cicuta, sólo porque las frondas sumamente divididas delos primeros acusan una semejanza con las hojas com-puestas de la segunda. Andreas Cesalpino (1519-1603) hizo otro intento declasificación con base en las flores y los frutos. Esta idea fueretomada posteriormente por Joachim Jung (1587-1657),un naturalista que fue director de una escuela de Hamburgoy que no publicó en vida, tal vez porque se le tenía bajosospecha de herejía (Gledhill, 2002). Años después de sumuerte, sus alumnos publicaron dos de sus manuscritos:
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3
E
N BÚSQUEDA DE LOS CARACTERES APROPIADOSPARA HACER CLASIFICACIONES
Consuelo Cuevas Cardona
 
Doxoscopiae 
e
Isagoge phytoscopica 
, en los que introdujovarios de los términos botánicos que se utilizan hoy en día. Al estudiar las hojas distinguió las simples de las compuestas,las pinadas y las digitadas, las paripinadas e imparipinadas,las opuestas y las alternas. También inventó los términos queseñalan el peciolo, el periantio, el estambre y el estilo.Consideró la forma de las flores y diferenció grupos como elde las compuestas, las labiadas y las leguminosas. Para darlos nombres utilizó con frecuencia dos palabras: la primera,un nombre genérico, y la segunda un descriptivo específico(Singer, 1947). Antes que él, este sistema ya había sido uti-lizado, aunque de manera inconstante, por el suizo CasparBauhin (1560-1624), quien participó en muchas expedicio-nes botánicas realizadas en Italia. Es así que el famoso siste-ma binomial, atribuido siempre a Linnaeus, en realidad tuvoraíces más profundas: de Bauhin y Jung pasó a John Ray(1627-1705) y a Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708)y de ellos a Karl Linnaeus (1707-1778).Para hacer su clasificación botánica John Ray tomó encuenta las flores, los frutos y las hojas y se pensó que habíalogrado formar grupos más naturales. El concepto de natu-ralidad ha evolucionado, sin embargo en aquel tiempo unaspecto importante a tomar en cuenta era el número decaracteres: si sólo se consideraban uno o dos, se trataba deun sistema artificial que no reflejaba la “esencia” buscadapor varios naturalistas para hacer agrupaciones, si se toma-ban en cuenta un mayor número y se les analizaba en formacomparativa para formar grupos, se trataba de sistemas másnaturales.Los sistemas de clasificación botánica de Tournefort y deLinnaeus, por ejemplo, fueron artificiales; el primero se basósólo en la forma de las flores. La gran aportación deTournefort es que describió minuciosamente los ejemplaresque observó y logró que las ilustraciones de su libro
Instituciones rei herbariae 
fueran muy exactas. Además, fueel primero que definió el género como una categoría taxonó-mica o como distintivo de un conjunto de organismos “espe-cie” o “tipo”, similares por su estructura (Herrera y RuizOronoz, 1968). Por esta razón hizo descripciones de losnombres genéricos y consideró que los nombres específicoseran sólo variantes, con lo que los nombres binomiales seasignaron con más claridad.
Linnaeus y sus críticos
Por su parte, el sistema de Linnaeus se basó sólo en losórganos sexuales de las plantas, principalmente en elnúmero de estambres (monoándricas, diándricas… polián-dricas); de manera secundaria en el número de ovarios(monogenias, digenias…poligenias); y en el tipo de sexua-lidad: plantas con flores monoicas (que en el mismo indivi-duo hay flores masculinas y flores femeninas), dioicas(plantas cuyas flores son todas del mismo sexo), hermafro-ditas (plantas que tienen flores con estambres y con carpe-los), o sin flores. Este sistema obviamente es artificial, sinembargo su manejo es fácil y permitió ordenar a las distin-tas formas del reino vegetal de manera relativamente sen-cilla, lo que resultó muy exitoso en un mundo en el que cadavez se conocían más especies debido a los viajes de explo-ración. Linnaeus, además, fue un profesor extraordinaria-mente popular que logró enviar a sus alumnos a numerosasexpediciones. Sus discípulos recorrieron muchos países ydescribieron numerosas plantas y animales, que fueronreconocidos en
Species plantarum 
y
Systema Naturae 
, susgrandes obras taxonómicas (Singer, 1947). Con ellasLinnaeus hizo famoso el sistema binomial, el de dar dosnombres a los organismos: un sustantivo, que indicaba elgénero, y un adjetivo que indicaba la especie. Es importan-te señalar que este naturalista fue un hombre profunda-mente religioso que buscaba encontrar con sus estudiosmuestras de la existencia de Dios. Dado que, de acuerdocon él, Dios había creado al mundo, éste tenía un orden queera necesario descubrir. En el mundo de Linnaeus no habíalugar para cambios, las especies eran fijas e inmutables y lohabían sido desde el principio del tiempo. Habló de “afini-dades” para referirse solamente a similitudes dentro delplan divino de la creación (Taton, 1988).Uno de sus más acres críticos fue su contemporáneoGeorges-Louis Leclerc de Buffon (1707-1788), quien erasuperintendente del Jardín del Rey, en París. Buffon pensa-ba que el mundo se regía por procesos naturales, no divi-nos, y que, por tanto, no existía el supuesto orden plantea-do por Linnaeus. Decía que “los géneros, las clases y losórdenes no existen más que en nuestra imaginación. En laNaturaleza sólo hay individuos.” (Taton, 1988: 639). Dadoque Linnaeus colocó en el mismo género,
Equus 
, al caballo
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y al burro, Buffon planteó por 1760: “Es más sencillo y másnatural y más verdadero decir que un asno es un asno, quepretender sin saber por qué, que un asno es un caballo”(Taton, 1988: 638). Posteriormente Buffon llegó a la con-clusión de que sí podía haber alguna relación entre el caba-llo y el burro; esta relación adquiría sentido en el mundoreal si se le comparaba con lo que ocurre en las familiashumanas: si dos personas tienen parentesco no es sólo porsus semejanzas físicas, sino porque comparten un ancestrocomún en algún punto del pasado. En su artículo“Degeneración de los Animales”, escrito en 1766, planteóque las formas emparentadas estrechamente, como elcaballo y el asno, o el león y el tigre, descendían de unancestro común. Esta manera de ver las cosas puede situara Buffon entre los naturalistas transformistas, aquellos queempezaron a aceptar que ha habido cambios en la historiadel mundo vivo; sin embargo sus ideas al respecto fuerontodavía limitadas, pues pensó que si bien entre el caballo yel burro hay parentesco, entre éstos y el gato no había nin-guna relación posible. Buffon hizo la descripción minuciosade numerosos ejemplares animales y vegetales y parademostrar su desdén por los sistemas de clasificaciónempezó con aquellos que eran útiles para el ser humano. Silas agrupaciones de todas maneras eran producto de laimaginación, el sistema utilitario era tan bueno como cual-quiera (Bowler, 1998).Otro de los críticos de Linnaeus, fue el novohispanoJosé Antonio Alzate (1737-1799). En 1788 se fundó en laNueva España un jardín botánico que sería el centro deoperaciones de una expedición que tenía como fin conocerla flora del país. La iniciativa para realizarla surgió deldirector del jardín botánico de Madrid, Casimiro GómezOrtega (1741-1818), a quien le interesaba saber qué florahabía en la colonia española y quien convenció al rey, CarlosIII, de la importancia de la misión. Entre los expedicionariosvenía el botánico Vicente Cervantes, quien se encargaría dela cátedra de botánica que se establecería en el jardín paradar clases a todos los interesados. Desde la llegada de laexpedición, Alzate empezó a escribir críticas al sistema deLinnaeus en su
Gaceta de Literatura de México 
, mismas quele fueron respondidas por Vicente Cervantes en un periódi-co nacional, la
Gaceta de México 
. Alzate afirmaba que elsolo conocimiento de los estambres no podía llevar a unaclasificación coherente. El 16 de mayo de 1788 escribió:
 Apenas habrá hombre que ignore lo que es la flor del clavel,y los más ven que unos son simples o de pocos pétalos y otrosque se conocen por reventones a causa de su grande númerode pétalos. Los primeros se deben comprender, a causa de losdiez estambres de que constan, en la clase que Linnaeus nom-bró
Decandria 
. ¿Qué haremos con los reventones, los que notienen estambres o suelen observarse muy pocos y sin arregloa número? Pregunto a los entusiastas linneistas: ¿a la clase de
Candria 
los reduciremos? Me dirán que no, en virtud de lasreglas de su legislador; ¿pero aun el ciego que tenga bien orga-nizadas las narices y el paladar no porfiará, y con razón, queambos son de la misma naturaleza puesto que el gusto y el olfa-to así se lo manifiestan? (Moreno, 1989: 26).
 Alzate, además, estaba en contra de “olvidar los nom-bres patrios para conservar voces semigriegas o semibárba-ras” (Moreno, 1989: 25). En ese caso, señalaba, sería mejorutilizar la nomenclatura de los antiguos mexicanos en la quese señalaba alguna propiedad de las plantas:
tzoapatli 
, hier-ba para las paridas;
achiotl 
, buen material para teñir;
tlapa- lespatli 
, medicamento para el flujo de sangre;
cacaloxóchitl 
,flor que come el cuervo, o
acáhuatl 
, caña sin nudos.Por supuesto, don Vicente Cervantes respondió a suscríticas con cartas en las que defendía apasionadamente elsistema de Linnaeus. Es interesante analizar la discusiónporque en ella se puede observar la postura despectiva deun español que llegaba a una colonia americana y la defen-sa que un novohispano culto hacía de su ciencia y de supasado. Cervantes escribió, por ejemplo: “Que el nuevoidioma botánico que propone [Alzate] es muy bueno parahablarlo en plazas y corrillos con indias herbolarias y ver-duleras, mas no en academias de literatos”(Moreno, 1989:46). Mientras que Alzate sostuvo: “Va mucha diferencia deconquistar a una nación civilizada a subyugar alguna bárba-ra. El mayor triunfo, el mayor honor que coronan a nuestranación
1
fue la conquista de una nación sabia respecto a lasciencias naturales, como ya en el día está demostrado atoda luz.”(Moreno, 1989: 68).
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1Recuérdese que los novohispanos se consideraban parte de la Coronaespañola.
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