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Plotino - Eneada 2

Plotino - Eneada 2

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11/22/2012

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PROLOGO1- Los temas de la Enéada segundaComo es bien sabido, la estructura de la obra plotiniana no responde en absoluto al criteriopersonal del autor más preocupado de la enseñanza oral y más ansioso de su propia perfección,habría desdeñado en vida, y con imprevisión de futuro, el sentido metódico y constructivo de sumisma enseñanza.Puede pensarse con razón que Plotino tendría en su mente un propósito formal y heurístico,que diese vigor y fertilidad a su obra, esto es, que la hiciese más asequible y asimilable susdiscípulos; pero, aun así, el esquema de un riguroso escolasticismo le era completamente ajeno yno concordaba con su carácter.Plotino recuerda un poco a Sócrates por la preocupación que domina su vida y su enseñanza;en algunos aspectos la similitud es tan manifiesta que ambos hombres pueden acercarse hastaparecer uno mismo. Plotino, fundamentalmente era un director de conciencias, un predicador y unmoralista, en quien el ejemplo personal patentizaba más que la misma doctrina, cuyo alcance yrepercusión posterior nunca pudo ser previsto por él. Es muy cierto lo que dice a este respectoEmile Bréhier, ateniéndose en gran parte a los pormenores de la vida pública de Plotino, tal comola describe su discípulo Porfirio(1): “Plotino - nos indica Bréhier – no era un profesor a sueldo. Suslecciones eran públicas y gratuitas. Además, contaba a su alrededor con un círculo de ricos queproveían las necesidades de su vida. Consejero del emperador Galiano, director de conciencia demuchos personajes aristocráticos, llevaba la vida de uno de los tantos sabios que, en el mundogrecorromano, desempeñaban un papel moral tan fecundo. Se le confiaba la tutela de muchoshuérfanos y se le tenía especial confianza en su manera de juzgar a los hombres”He aquí, pues, algo que nos ilustra sobre la manera como Plotino hubo da concebir su obra;
 
mejor dicho, ya nos precisa, por sí mismo, cómo esta obra no es en modo obra premeditada,metódica y sistemática. No se fija totalmente con arreglo a un plan lógico, ni es pensada comoobra unitaria porque, en lo esencial, mira más al hombre y a su vida interior que a los resultadosde una instrucción mera y simplemente formal.El patrón socrático-platónico pesaba demasiado sobre Plotino. Y aunque él mismo redactópor escrito su obra - muy tardíamente, es verdad, y ya a partir de los cincuenta y un años -,puede asegurarse que sólo tomó cuerpo al calor de la discusión oral y del diálogo continuo conlos discípulos. La temática, incluso, era casi siempre ocasional, pues, como en el caso deSócrates, el juego de preguntas y respuestas dejaba al descubierto, muy a menudo, cuestionesverdaderamente imprevisibles. Plotino, en este aspecto, fue todavía más lejos que Sócrates;permitió una libertad mayor en las discusiones que sostuvo con sus discípulos y aun hizo queéstos, Amelio y Porfirio especialmente, resolviesen por sí mismos, muchas de las objeciones quea él se le presentaban. De ahí la dificultad intrínseca que presenta la obra plotiniana; porque es,en gran medida, el trasunto de una discusión oral en la que están vivamente comprometidos tantoel maestro como los discípulos. La viveza de la discusión o de la exposición oral trastorna lalógica expositiva del relato y, frecuentemente, descubre las contradicciones inherentes al diálogo.Plotino, que por otra parte miraba con preferencia al alma del hombre, tendía a conseguir de sus discípulos un estilo de vida y de dignidad moral que sobrepasase la intelección de suspropios argumentos. Si antes hablábamos de su propósito intelectual, nunca muy bien precisadopor él, ahora debemos decir que la plena perfección y enriquecimiento del espíritu objetivo quetrascendía toda intención filosófica y metafísica para elevarse a un plano más alto de perspectivaspuramente éticas y religiosas. Muchas veces, es cierto, las cuestiones filosóficas, éticas yreligiosas, están íntimamente implicadas e incluso se pasa de unas a otras de manera casiinsensible, pero, al fin, prevalece la imperiosa exigencia del maestro: “Plotino, el filósofo que ha
 
vivido entre nosotros, pareciera sentir odio de estar en un cuerpo.” Este venia a ser, en definitiva,el objetivo del pensamiento trascendente del pensamiento plotiniano; y, posiblemente, no erasiquiera subsidiario de su pensamiento, sino que se imponía a él, pues el deseo último de Plotinose concretaba en la posesión del Bien y en la activación y afirmación del alma, cuyo destino locifraba en la pura contemplación, más aún que en la acción: “No obramos sino por el Bien; yobramos, no para que el Bien quede fuera de nosotros mismos y de nuestro alcance, sino paraposeer el Bien como resultado de nuestra acción.” (Enéada, III, 6, 6).Con arreglo a esto, bien se comprende cuál será el carácter de la obra de Plotino. En su firmepretensión vitalista y animista, Plotino trata de salvar la parte espiritual del hombre, su realidadefectiva y verdadera sin la cual todo lo demás se aparece cómo lugar vacío, como materiameramente definidora en las circunstancias de tiempo y espacio.Pero Plotino mismo combatía por un fin tan alto e idealizado, tan sincrónico con su doctrinamoral que la dialéctica de su obra pierde de hecho su fuerza persuasiva para declararsesubsidiaria de una representación religiosa del universo, en la que el alma del hombre tiene ya supapel prefijado, a través de las prácticas y purificaciones convenientes, que son ciertamente, ymucho más aún que la actividad racional misma, un modo de preparar el tránsito hacia la regiónde la pureza inteligible.Es claro, pues, que en Plotino no hay un orden y un sistema declarados, salva lo que eneste aspecto debemos concederle por reconocimiento a la labor de su discípulo Porfirio. En unhombre de tan acentuada propensión mística como Plotino, el orden o la razón sólo existen paraacicate o estímulo de la contemplación. El único sistema que entonces transparece del humanoesfuerzo de Plotino es la virtual aspiración a “suprimir cuanto pueda haber de opaco en la vida delespíritu”. Lo dice Emile Bréhien con mucho acierto (2) al intentar caracterizar todo el sentido de laenseñanza plotiniana; el alma es un destello o una expresión viva de la mas alta realidad

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