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Resocialización o control social
Por un concepto crítico de "reintegración social" del condenado. 
*Ponencia presentada en el seminario "Criminología crítica y sistemapenal", organizado por Comisión Andina Juristas y la Comisión Episcopalde Acción Social, en Lima, del 17 al 21 de Septiembre de 1990.
Construcción Teórica.-La reforma de los sistemas penitenciarios a la que asistimos en la mitad de losaños 70 (piénsese en la reforma italiana o alemana occidental), sucedió bajo elsigno de la resocialización o del "tratamiento" reeducativo y resocializador comofinalidad de la pena. Al mismo tiempo, como se sabe, la confianza de losexpertos en la posibilidad de usar la cárcel como lugar y medio deresocialización, se ha perdido casi del todo. Esto es debido en parte a losresultados de investigaciones empíricas que han identificado las dificultadesestructurales y los escasos resultados que la institución carcelaria presentarespecto a dicho objetivo, pero es debido tambn a transformacionesproducidas en la misma institución carcelaria y en la sociedad en los añossucesivos a la reforma.La emergencia del terrorismo y la reacción de los Estados frente a estefenómeno, han determinado en varios países europeos modificaciones alrégimen carcelario y en la política de utilización de las cárceles, que con razónllevan el nombre de "contrarreformas". Estas han incidido sobre todonegativamente sobre los elementos más innovadores de las reformas, los quedeberían haber asegurado la apertura de la cárcel hacia la sociedad (permisos,trabajos externos, régimen abierto) y han hecho de tal modo inoperantes losinstrumentos que habrían debido facilitar la reintegracn social de loscondenados. Por otra parte, la creación de cárceles de máxima seguridad en elcurso de la lucha contra el terrorismo, ha significado, por lo menos para unsector de las instituciones carcelarias, la renuncia explícita a objetivos deresocialización y la reafirmación de la función que la cárcel siempre ha ejercidoy continúa ejerciendo: la de depósito de individuos aislados del resto de lasociedad y por esto neutralizado en su capacidad de "hacerle daño" a ella.Por otra parte, la crisis fiscal del Welfare State, que ha repercutido por todo elmundo occidental entre los años 70 y 80, ha suprimido en buena parte la basematerial de recursos económicos que habrían debido sostener una políticacarcelaria de resocialización efectiva. Asistimos por lo tanto hoy en muchospaíses, y sobre todo en los Estados Unidos de América, a un desplazamientodel discurso oficial sobre la rcel, de la prevención especial positiva(resocializacn) hacia la prevención especial negativa (neutralizacn,incapacitación).Sin embargo, una parte del discurso oficial e incluso algunas reformas recientes(piénsese en la nueva ley penitenciaria italiana de 1987), demuestran que lateoría del tratamiento y de la resocialización no ha sido del todo abandonada.Como la realidad carcelaria se presenta en la actualidad lejos de los requisitosnecesarios para poder cumplir las funciones de resocialización y los estudios delos efectos de la cárcel sobre la carrera criminal (piénsese en la alta cuota dereincidencia), han invalidado ampliamente la hipótesis de la resocialización del
 
delincuente a través de la cárcel, la discusión actual parece dominada por dospolos: por un lado, un polo realista, y por el otro uno idealista, en el primer caso,el reconocimiento científico de que la rcel no puede resocializar sinoúnicamente neutralizar; que la pena carcelaria para el delincuente norepresenta en lo absoluto una oportunidad de reintegración en la sociedad sinoun sufrimiento impuesto como castigo, se concreta en un argumento para lateoría de que la pena debe neutralizar al delincuente y/o representar el castigo justo por el delito cometido. Renacen de este modo concepciones "absolutas",retributivas de la pena o, entre las teorías "relativas", se confirma la de laprevención especial negativa.El reconocimiento del fracaso de la cárcel como institución de prevenciónespecial positiva lleva en el segundo caso a la afirmación voluntarística de unanorma contrafáctica según la cual la cárcel no obstante, debe ser consideradael sitio y el medio de resocialización. En realidad el reconocimiento del carácter contractico de la idea de resocializacn aparece a veces en la mismaargumentación de los sostenedores de la nueva "ideología del tratamiento". Enun encuentro de penalistas alemanes llevado a cabo hace algunos años enFrankfurt, uno de los s prestigiosos estudiosos de este país reconocíaabiertamente el fracaso hasta ahora constatado en las acciones deresocialización a través de la cárcel y sostenía al mismo tiempo que, a pesar deeso, era necesario mantener la idea de la resocialización con el objeto de nodar cabida a los sostenedores de las teorías neoclásicas y neoliberales de laretribución y de la neutralización.En estos dos extremos en los cuales se polariza hoy la teoría de la pena, secometen dos errores iguales y contrarios. En el primer caso, en la teoría delcastigo y/o de la neutralización se incurre en lo que en la filosofía práctica sedenomina la "falacia naturalista": se elevan los hechos a normas o se pretendededucir una norma de los hechos. En el segundo caso, con la nueva teoría dela resocialización, se incurre en la "falacia idealista": se coloca una normacontrafáctica que no puede ser realizada, una norma imposible.Mi opinión es que la alternativa entre estos dos polos es una falsa alternativa.Se puede y se debe escapar tanto de la falacia naturalista como de la idealista.El punto de vista desde el cual afronto el problema de la resocialización en elcontexto de una criminología crítica, es que se debe mantener como baserealista el hecho de que la cárcel no puede producir efectos útiles para laresocialización del condenado y que por el contrario, impone condicionesnegativas en relación con esta finalidad. A pesar de esto, la finalidad de unareintegración del condenado en la sociedad no debe ser abandonada, sino quedebe ser reinterpretada y reconstruida sobre una base diferente. Esto implicapor lo menos dos órdenes de consideraciones.El primer orden de consideraciones esrelacionado con el conceptosociológico de reintegración social. La reintegración social del condenado nopuede perseguirse a través de la pena carcelaria, sino que debe perseguirse apesar de ella, o sea, buscando hacer menos negativas las condiciones que lavida en la cárcel comporta en relación con esta finalidad. Desde el punto devista de una integración social del autor de un delito, la mejor cárcel es sinduda, la que no existe. Pero los estudios sobre el clima social en la cárcel y lostests de evaluación elaborados para medirlo, ponen en evidencia una ampliaescala en la cual, mirando los institutos carcelarios existentes en Europa y enEE.UU., ellos pueden ser dispuestos valorando su eficacia negativa sobre la
 
oportunidad de reintegración social del condenado.Ninguna cárcel es buena y útil para esta finalidad, pero hay cárceles peores queotras. Me refiero aquí a un trabajo de diferenciación valorativas que me pareceimportante, con el objeto de individualizar políticas de reforma aptas para hacer menos dañoso dicho instituto en relación con la vida futura del condenado.Cualquier paso que pueda darse para hacer menos dolorosas y dañosas lascondiciones de vida de la cárcel, aunque sea sólo para un condenado, debe ser mirado con respeto cuando esrealmente inspirado en el interés por losderechos y el destino de las personas detenidas, y provenga de una voluntadde cambio radical y humanista y no de un reformismo tecnoctico cuyafinalidad y funciones sean las de legitimar a través de cualquier mejoramiento lainstitución carcelaria en su conjunto.A pesar de esto, todo reformismo tiene sus límites si no forma parte de unaestrategia reduccionista a corto y mediano plazo, y abolicionista a largo plazo,respecto a la institución misma. Para una política de reintegración social de losautores de delitos, el objetivo inmediato no es solamente una cárcel "mejor"sino también y sobre todo menos cárcel. Se trata de considerar seriamente,como política a corto y mediano plazo, una drástica reducción de la aplicaciónde la pena carcelaria, así como llevar al mismo tiempo al máximo desarrollo lasposibilidades ya existentes de régimen carcelario abierto y de realización de losderechos del detenido a la instrucción, al trabajo y a la asistencia, a la vez quedesarrollas más estas posibilidades en el plano legislativo y administrativo.Me parece imposible insistir en el principio político de la apertura de la cárcelhacia la sociedad y, recíprocamente, de la apertura de la sociedad hacia lacárcel. Uno de los elementos más negativos de la institución carcelaria lorepresenta, en efecto, el aislamiento del microcosmos carcelario en relación conel macrocosmos social, aislamiento simbolizado por los muros de la cárcel.Hasta que los no sean por lo menos simbólicamente derribados, lasoportunidades de "resocialización" del condenado seguirán siendo mínimas. Nose pueden segregar personas y pretender al mismo tiempo reintegrarlas. Peroel discurso es más amplio y se relaciona con el concepto mismo de"reintegración social", concepto que decididamente prefiero a los de"resocializacn" y de "tratamiento". "Tratamiento" y "resocialización"presuponen en efecto, un papel pasivo del detenido y uno activo de lasinstituciones: son residuos anacrónicos de la vieja criminología positivista quedefinía al condenado como un individuo anormal e inferior que debía ser (re)adaptado a la sociedad, considerando acríticamente a ésta como "buena" yal condenado como "malo". En cambio, el concepto de reintegración socialrequiere la apertura de un proceso de comunicación e interacción entre larcel y la sociedad, en el que los ciudadanos recluidos en la rcel sereconozcan en la sociedad externa y la sociedad externa se reconozca en lacárcel.Los muros de la cárcel representan una violenta barrera que separa la sociedadde una parte de sus propios problemas y conflictos. Reintegración social (delcondenado) significa, antes que transformación de su mundo separado,transformación de la sociedad que reasuma aquella p arte de sus problemas yconflictos que se encuentran "segregados" en la cárcel. Si observamos lapoblación carcelaria, su composición demográfica, nos damos cuenta de que lamarginación carcelaria es, para la mayor parte de los detenidos un procesosecundario de marginación que interviene después de un proceso primario. En
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