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Globalización e identidad latinoamericana

Globalización e identidad latinoamericana

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Nueva Sociedad Nro. 147 Enero-Febrero 1997, 120-131
Globalización e identidad latinoamericana
Nelly Arenas
Nelly Arenas:
Socióloga venezolana con posgrado en Historia de AméricaContemporánea, candidata a doctora en Ciencias Políticas; investigadora del áreade desarrollo sociopolítico, CENDES, Universidad Central de Venezuela.
Palabra clave:
Globalización, modernidad, cultura, América Latina.
Resumen:El trabajo parte de un reconocimiento al fenómeno globalizador y susimplicaciones culturales, planteando la necesidad de redefinir las categoríasde lo universal y lo particular bajo esas nuevas formas societariasmundializadas. Luego intenta explorar y sistematizar algunas ideas que a laluz de esos cambios, se manejan en torno a la identidad en nuestra región,concluyendo que la misma no puede, bajo las nuevas circunstancias,entenderse como elemento «puro» e «inamovible» sino como expresión dela diversidad cultural y temporal que nos habita, así como del carácter procesal inherente a toda sociedad.L
as profundas transformaciones que ha experimentado en los últimos tiempos elsistema histórico social mundial, no sólo se han expresado en el terrenoeconómico-financiero, convirtiendo virtualmente al globo en un mercado único,sino también han alentado un modo de vida global –o lo que ha sido conocidosociológicamente como «homogeneización ó estandarización cultural».La injerencia de organismos supranacionales, de ONGs, y el gran poder adquiridopor instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, asícomo la ampliación de las capacidades tecnológicas y productivas de lasempresas transnacionales, entre otros fenómenos, han provocado una sensiblereducción de las competencias de los Estados nacionales, viendo reducidos susmárgenes de autonomía y especificidad.De allí que, lo que tradicionalmente se consideró como raíces de los pueblos,sacralizadas a partir de la constitución de los Estados nacionales, se veadebilitado. No son las raíces un hogar estable e inamovible en las nuevascircunstancias. En esa óptica revisamos la discusión que se plantea en torno delas cuestiones de identidad a partir de los trabajos de Néstor García Canclini, JulioOrtega y otros; procuramos sistematizar algunos de sus planteos principales.Brevemente también nos referiremos a los «tiempos mezclados» a partir de losanálisis de Fernando Calderón, Aníbal Quijano y Martín Hopenhayn: con la
 
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paulatina aceleración del tiempo, se exacerba el carácter multitemporal que noshabita y define como sociedad.
La globalización, la casa inevitable
Hoy vivimos en un mundo donde en todos los niveles de la vida social los cambiosadquieren un ritmo vertiginoso. Las últimas décadas han sido testigo de profundastransformaciones en el sistema económico mundial; parece pertinente hablar yadel viejo capitalismo que, como se sabe, se apoyaba en un grupo de empresasmultinacionales actuando desde los centros desarrollados y un gran número desubsidiarias produciendo para los mercados locales siguiendo las líneas dedirección impuestas por las matrices. Hoy el concepto de centro-satélite se hadiluido y el diseño de los productos se ejecuta donde quiera que lo señale laeconomía de fabricación, tal como sostiene Peter Drucker (1989). Este fenómenosupone una horizontalización de la economía y se apoya en una notableaceleración de los procesos tecnológicos, tanto en lo que atañe al ritmo mismo delas innovaciones como en lo que se refiere al lapso que transcurre entre lainnovación y su incorporación a la producción. Tales procesos se asientan en lainformática, la robótica, la electrónica, los nuevos materiales, la genética y labiotecnología. Estos drásticos cambios inducen una creciente integración de laseconomías nacionales a los mercados globales, impulsando la creación degrandes bloques de comercio.Este panorama, ligeramente descrito, indica la existencia de una economía única,o en todo caso fuertes tendencias que apuntan en esa dirección, lo cual setraduce en una especie de difuminación de los espacios nacionales. Laemergencia o revitalización de organismos supranacionales como el BancoMundial, el Fondo Monetario Internacional, las compañías transnacionales, lasONGs, etc., actores con una gran capacidad de poder y de incidencia sobre lascada vez más débiles instancias políticas nacionales, obligan a pensar en unavirtual desaparición de los Estados-nación. Ello, gracias a la desproporción que seerige entre los alcances globales y los estrechos marcos de las políticasnacionales territorializadas. En este sentido comienza a hablarse de «Estadointernacional» (Piccioto cit. por Hein 1994) o de la «internacionalización delEstado» (Held y Mc Grew cit. por Nederveen 1994) como formas sustitutivas de loque históricamente han sido las unidades ordenadoras y reguladoras de lasociedad en el capitalismo clásico, los Estados nacionales. Estamos asistiendo ala emergencia de lo que Habermas ha denominado, analizando la realidadeuropea, «sociedades post-nacionales» (1994, p. 17).
Cultura globalizada o la «Mc Donalización del mund
Cuando en los años 60, McLuhan habló de una «aldea global», lastelecomunicaciones aún no habían experimentado los cambios que en estosúltimos años han impulsado enormemente las conexiones entre los distintospuntos del globo. En 1988 comenzó a operar el primer cable telefónico de fibra
 
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óptica bajo el Atlántico, con capacidad para transmitir 40.000 llamadassimultáneas y superando tres veces la capacidad de los de cobre.Del mismo modo, el mercado internacional de televisión se ha incrementadograndemente. La serie estadounidense
Dallas
, por ejemplo, se ve en 90 países;en 1983 los Tuareg, tribu nómada del Sahara, detuvo 10 días su migración anualpara poder ver el desenlace. Mickey Mouse y el Pato Donald se transmiten cadasemana en la China doblados al mandarín (Naisbitt y Aburdene 1990); y las viejaspelículas mexicanas de Cantinflas pueden ser vistas en las pantallas deMarruecos, dobladas al árabe.Estos adelantos en la tecnología de las comunicaciones alientan un modo de vidaglobal que se expresa en la moda, las costumbres, la música, la gastronomía. Así,el grupo de rock Queen se oye en todo el mundo y en años recientes, hasta en laex-Unión Soviética se han formado conjuntos intérpretes de ese género musicalnacido en Estados Unidos. La navidad se celebra en Japón, aunque menos del1% de la población es cristiana (Naisbitt y Aburdene, 1990), al mismo tiempo quemillones de personas en Occidente abrazan el orientalismo como refugioespiritual.Otro tanto ocurre con los patrones alimentarios. El sushi, plato japonés, puedecomerse ahora en cualquier restaurante del mundo. Los tacos y chiles mexicanosse consumen en Israel. Productos como el maíz en grano o el aguacate,desconocidos hace unas décadas en Francia, hoy son de consumo usual. Elyogurt de origen árabe, expendido en Occidente sólo en farmacias antes de laSegunda Guerra, hoy es un alimento de consumo universal. Ni siquiera losesquimales de Alaska han escapado a este fenómeno modificando en los últimostiempos su comportamiento alimentario (Fischler 1995). Igual pasa con la moda.Por ejemplo las tiendas Benetton se extienden por todo el planeta y pocos son lospueblos donde la cultura del jean no se haya impuesto.¿Dónde apuntamos al trazar las líneas de un cuadro dominado por lahomogeneización? A señalar la imposibilidad de experiencias particularesincontaminadas de globalidad. Según Hopenhayn, «no hay identidades queresistan en estado puro más de unas horas ante la fuerza de estímulos queprovienen de todos los rincones del planeta» (1994, p. 122). Parece imposible hoyprescindir de las condiciones de interconexión económica, política, cultural que aritmos sin precedentes, envuelven y atraviesan la red social.Sin embargo, esta estandarización de ningún modo supone la ausencia decomplejidad o alineación pura y simple del mundo, como cualquier análisisunidimensional pudiera plantearse. La globalización aparece como el hogarinevitable, esa gran residencia donde habitamos todos. Siguiendo a Ortiz, «laglobalización rompe con los límites nacionales borrando las fronteras entre lointerno y lo externo. En este sentido, la mundialidad es parte del presente de lassociedades que nos habituamos a llamar 'periféricas'. Una cultura mundializadaecha raíces en todos los lugares, cualquiera sea el grado de desarrollo del país en

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