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LA ÉTICA PROFESIONAL Y EL “QUEHACER” ANTROPOLOGÍA JURÍDICA , Hector Ortiz

LA ÉTICA PROFESIONAL Y EL “QUEHACER” ANTROPOLOGÍA JURÍDICA , Hector Ortiz

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Published by: Fanny Jeannette Pichardo on Feb 07, 2012
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02/07/2012

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LA
 
ÉTICA
 
PROFESIONAL
 
 YEL
QUEHACER
ANTROPOLOGÍA
 
 JURÍDICA
Héctor Ortiz Elizondo
Algunos exponentes de las teorías clásicas de la pedagoa hansostenido que toda profesn se desarrolla siguiendo etapassemejantes. Sen dichas teorías, la consolidación de un áreaespecífica culmina cuando se logra plantear un código de ética parala profesión. Esta afirmación me parece sugerente para quienes nolo nos interesamos en entender los temas picos de nuestradisciplina, sino la disciplina misma.No obstante, debemos aceptar que la afirmación es tan generalque quizás abra s preguntas de las que puede resolver: porejemplo, nos obliga a preguntarnos qué significa que una disciplinacomo la antropología cuente con un código de ética en un país perono en otro, como ocurre entre Estados Unidos y México, por ejemplo. También resulta inquietante porque el criterio pareciera poder serusado para distinguir las “verdaderasprofesiones de otrasactividades que no lo son, en la medida en que éstas no seguirían losmismos pasos ni culminarían en un código de ética propio.Pero estos no son los problemas que quisiera abordar; quierosimplemente retomar el planteamiento general como punto departida para reflexionar sobre la necesidad de que un área como laantropología jurídica (una reflexión que considero aplicable a otrasactividades transdisciplinarias como la antropología médica) cuentecon un referente ético propio independiente del marco ético generalde la antropología, o mejor dicho, de que quienes ubicamos nuestrasactividades como pertenecientes a esta área consideremos lanecesidad de sentar los principios éticos de nuestro quehacer.
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Versión corregida de una ponencia presentada originalmente en el IV CongresoInternacional de la Red Latinoamericana de Antropología Jurídica (
RELAJU
), Quito,Ecuador, 2004.
 
Un primer problema que enfrentamos al seguir esteplanteamiento es que no podemos definir el área como una profesión,en la medida en la que en ella participan al menos integrantes de dosprofesiones, juristas y antropólogos, junto con activistas noprofesionales. Además, la participacn en el área no estáreglamentada como lo debe estar en una profesión, sin contar que elárea no es legalmente reconocida como profesn. Ahora bien,podemos decir que es una subdisciplina que forma parte de undisciplina mayor que es la antropología, pero esta simplificación, quesatisface la manía clasificatoria del antropólogo, no logra decirnosnada sobre el cacter espefico del área, sus alcances o susobjetivos; sólo la ubica en un árbol de las subdisciplinasantropológicas ya de por sí cuestionable.Peor resulta considerarla como materia optativa de la currículadel jurista heterodoxo, con lo cual se equipara a las “materias”agraria, fiscal, penal, etc., sin que por ello alcance ninguna dimensiónepismica independiente. Al contrario, se convierte en la únicamateria cuya característica dominante es el sujeto del que trata, y noel tipo de conflictos que aborda.Hablar de una “especialidad” podría aplicarse a ambasdisciplinas, pero le imprime un carácter academicista a la actividad,cuando en los hechos, la antropología jurídica es más una actividadaplicada encaminada a la defensa y promoción de los derechos de losgrupos étnicos, de las minorías sociales y de la diversidad en generalque un área de investigación académica.No cabe aquí desarrollar todas las aristas del problema, puesatañe a la forma misma en que concebimos las ramificaciones de unárea de conocimiento, sus fronteras y rasgos fundamentales. Sinembargo, considero conveniente pensar el área esbozada por elconcepto de antropología jurídica como un programa de trabajo,retomando laxamente el planteamiento de Lakatos. Así considerado,los temas propios del área dependerán de su historia particular, delos objetivos y métodos con los que se ha ido construyendo el área, y
 
no de una esencia preformada que trasciende a sus adherentes.Asimismo, las aportaciones que los interesados en este programahacen al mismo provendrán de los variados proyectos propuestos yllevados a cabo por aquellos que se adhieran voluntariamente al área,sin importar el origen profesional de quienes participen. Por lo tanto,visto así, la membresía al área de la antropología jurídica dependerádel interés que se tenga en conformarla y de la voluntad de susadherentes en seguir aportando al programa.Quizá hasta aquí estemos de acuerdo pero, si no es unaprofesión sino un programa ¿cabe plantearse la necesidad de dejarsentados los principios éticos de sus adherentes? O dicho de otraforma: ¿la ética profesional es un elemento propio de las profesionesformalmente reconocidas o bien de las actividades que desarrollanlos profesionales? Una respuesta razonable a esta pregunta es que,sin ser profesión, no deja de estar formada por profesionales queaspiran al reconocimiento y respeto de sus pares en la medida en queactúan a favor de un mismo programa con la intención de alcanzaralgún consenso.
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Son éstos pues, los sujetos de la ética y no laprofesión o el área misma. Esto no quiere decir que cada sujeto seaportador de sus propios valores éticos y los aporte individualmente alárea. Las bases éticas de un quehacer especializado emergen de lacomunidad formada por la confluencia de intereses y no de la sumade sus partes distintivas. Entonces, los valores éticos no pertenecen ala profesn, sino a la comunidad de sujetos involucrados. Siconsideramos válida la respuesta, se aplica entonces la necesidad deconsiderar la reflexión ética como un elemento necesario para laconsolidación del área.Sin embargo, y considerando lo antes dicho, éste no es unprograma primordialmente de investigación o académico, puesto quesus adherentes se plantean metas que implican cambios sociales y no
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Geertz afirma que "la razón por la cual pensar es serio es porque éste es un actosocial y de que uno es por ello responsable de éste como de cualquier otro actosocial", en "El pensar como acto moral: las dimensiones éticas del trabajoantropológico de campo en los nuevos estados", Clifford Geertz,
Los usos de ladiversidad
, Paidós–ICE–UAB, Barcelona/Buenos Aires/México, 1996. p. 39.

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