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PEÑA Igualdad educativa y sociedad democrática.

PEÑA Igualdad educativa y sociedad democrática.

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Igualdad educativa y sociedad democrática. Carlos Peña González. 1- 16 01/12/a
 Igualdad educativa y sociedad democrática.Profesor Carlos Peña González.
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Las diferencias de inteligencia expresan desigualdades sociales, leí alguna vez, algo alpasar, en un trabajo de Pierre Bourdieu y luego encontré alguna afirmación semejante a esaen los trabajos de Berstein, un sociólogo inglés que se dedicó a examinar porqué los niñosingleses de barrios obreros hablaban en frases clichés, carecían del tartamudeo de Oxford ycasi siempre salían reprobados en las pruebas de inteligencia o de aptitud. ¿Sería, pordecirlo así, que la pobreza era fruto simplemente de una cierta incapacidad intelectual, deuna selección que la sociedad efectuaba de manera más o menos espontánea? ¿O sería, encambio, que los que quedaban por debajo en los test de inteligencia poseían un capitalcultural que les impedía comprender el código con el que, dijo Bernstein, se les pretendíamedir? ¿Sería acaso que la escuela, en vez de corregir las desigualdades, como mostraronestudios posteriores, a veces parece esmerarse en incrementarlas, potenciando a losestudiantes más rápidos, a los que manejan los códigos de la comunicación abstracta ohegemónica, y devaluando a los más lentos en el manejo de ese mismo Código? ¿Será, enfin, por eso que la educación centrada en el estudiante parece más efectiva en los sectoresque gozan de mayor capital cultural y que en los que tienen menos quizá sería mejorcentrarla en la autoridad y el prestigio del profesor?Las preguntas anteriores, ninguna de las cuales voy, por supuesto, a responder, nos ayudana dudar de lo que a veces consideramos algo meramente natural, algo que, justamente poreso, estaría fuera de nuestro control. Medimos aptitudes e inteligencia y en base a ella
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Profesor de Derecho de la Universidad de Chile, Vicerrector Académico de la Universidad Diego Portales.
 
Igualdad educativa y sociedad democrática. Carlos Peña González. 2- 16 01/12/a
distribuímos ventajas y beneficios sociales sin detenernos a pensar que quizá, de esamanera, no estamos sino favoreciendo de nuevo a los que ya poseyeron ventajas en la cuna.Esto llega a veces a tal extremo que en el caso de Chile, por ejemplo, si usted conoce elorígen y el lugar de residencia de un adolescente, está en condiciones bastante adecuadaspara predecir cuán bien o cuán mal le irá en las pruebas de aptitud y qué lugar poseerá, enconsecuencia, en la repartición de beneficios sociales.Por lo mismo parece útil preguntarse en qué consiste la desigualdad humana, cuál es suorígen y qué relaciones tiene ella con el sistema educativo. Eso es lo que intentaré hacer enlos minutos que siguen. Permítanme comenzar con la desigualdad, para luego relacionarlacon la escuela.Los seres humanos venimos al mundo provistos de muy diversas dotaciones o recursos.Algunas de esas dotaciones son naturales y podemos llamarlas, también, innatas: porejemplo, algunos seres humanos vienen a este mundo provistos de un especial talento o, porla inversa, los acompaña una grave discapacidad. Otras de esas mismas dotaciones son, sinembargo, sociales y no se relacionan, como las anteriores, con el azar natural, sino con lapertenencia familiar o la cuna en la que cada uno compareció al mundo: alguno, porejemplo, nació en una familia en la que, durante generaciones, se acumuló el prestigio y elpoder. Otro, en cambio, vino a este mundo en una cuna que estuvo siempre al margen detodo privilegio, una cuna, pudiéramos decir, desprovista de toda ventaja. Algunos de losrecién venidos a este mundo nacen, por decirlo así, príncipes y otros, en cambio, mendigos.La vieja pregunta de Rousseau –cuál sea el orígen de la desigualdad entre los hombres-tiene hoy día una respuesta aproximada: ella deriva, hasta cierto punto, de la herencianatural y de la herencia social que a cada uno le tocó en suerte. Ambas distribuyen, a vecesen magnitudes muy disímiles, los recursos simbólicos y los recursos directamente
 
Igualdad educativa y sociedad democrática. Carlos Peña González. 3- 16 01/12/a
económicos. Cada uno de nosotros es portador de una cierta cantidad de capital social,simbólico o directamente económico, de cuyo monto y manejo dependerá nuestro lugar enla escala social y la posibilidad de llevar a cabo una vida de autorrealización o, en cambio,de sometimiento y subordinación. La naturaleza y la historia, para decirlo en otras palabras,introducen diferencias entre los seres humanos, diferencias en recursos materiales, enbienes simbólicos, en prestigio, en redes sociales y en poder. La naturaleza y el mundosocial, el azar natural y la historia, nos dotan de oportunidades o nos privan de ellas.¿Cómo debemos valorar esas diferencias?. ¿Debemos asistir a ellas con el ánimo tranquiloconfiando que la naturaleza es, por motivos misteriosos, justa, o debemos creer que lasociedad corregirá por sí misma esas diferencias, como un fruto natural del crecimiento yde la evolución?.No es raro encontrar en la historia algunos momentos en los que se creyó que la naturalezaera justa y que su patrón distribuivo debía ser respetado. En esos momentos se pensó que lavalidez de facto –cómo eran las cosas- coincidía con su validez de iure –con cómo debíanser esas mismas cosas. La idea de justicia distributiva, por ejemplo, es presentada porSanto Tomás como una distribución de recursos sociales en base al mérito, pero el méritono es, en la opinión de ese autor, equivalente al desempeño, sino simplemente al lugar quecada uno tiene, de hecho, en la sociedad. Así como podemos creer que las desventajasnaturales son, en principio, correctas, también podemos pensar que las ventajas socialesheredadas son justas porque derivan de la pertenencia familiar y del cariño y la especialrelación que existe entre los padres y los hijos. En ambos casos, creemos que los hechosposeen una cierta fuerza normativa: las cosas, en un muy amplio margen, son como debenser.

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