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El Promotor Del Nuevo Siglo

El Promotor Del Nuevo Siglo

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Red de Gestores Culturales de Colima
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11/07/2012

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EL PROMOTOR CULTURAL DEL NUEVO SIGLO 
México es un país con una tradición notable en el campo de lapromoción cultural; con José Vasconcelos al frente de la Secretaríade Educación Pública, se dio inicio (en la década de los veinte), a laformación de promotores culturales que bajo la mística de servicio, suincansable andar por comunidades y un inquebrantable compromisosocial, elevaron el nivel cultural y educativo de millones de campesinose indígenas por todo el territorio nacional; me refiero a los MisionerosCulturales y a los maestros de la “Escuela Rural Mexicana”, auténticospioneros en esta actividad, que promovieron la salvaguarda denuestros legados identitarios, entendiendo la identidad como proceso,como el anhelo de ser y pertenecer a una nación.Durante la primera mitad del siglo pasado, el estado crtresinstituciones fundamentales para profundizar y modernizar la políticacultural: el Instituto Nacional de Antropología e Historia (1939), elInstituto Nacional de Bellas Artes (1946) y el Instituto NacionalIndigenista (1948) que en su conjunto dieron sustento a lairrenunciable tarea del estado en materia de preservacn delpatrimonio cultural, la educación y difusión artística, así como la“integración” de los indígenas al desarrollo nacional.Pero no fue sino hasta la década de los setenta, cuando desde elcampo de la antropología mexicana se cuestionaron una serie deconceptos en torno a lo cultural y que marcaron casi todo el siglo lapauta de las políticas culturales: los conceptos de
identidad y culturanacional 
y otros que parecían haber sido “tocados” de muerte, perolograron sobrevivir a pesar de su contradictoria construcciónepistemológica (“bellas artes”, “arte culto”, “alta cultura”, “balletfolcrico”), se confrontaron con los del
 pluralismo cultural,
la
multiculturalidad,
el
plurilingüismo
y la
diversidad 
como signo de losnuevos tiempos.Los principales voceros del nuevo paradigma no se limitaron a renovar el discurso, sino se avocaron a crear las nuevas instituciones quedesde el estado volverían s compleja la gama de visiones yposiciones; tan sólo por mencionar algunos, Rodolfo Stavenhagencrla Direccn General de Culturas Populares (1978); en los
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ochenta, Leonel Durán fue el primer antropólogo que ascendía a laSubsecretaría de Cultura mientras defendía su teoría de la “QuíntupleRecuperación”; Guillermo Bonfil Batalla creó el Museo Nacional deCulturas Populares (1982) y desarrolló su teoría del “Control Cultural”,que sustentó en gran medida el lanzamiento de la primeraConvocatoria del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales yComunitarias (PACMYC) (1989); Luis Garza Alejandro, por su parte,dio origen al Programa Nacional de Formacn de PromotoresCulturales (1984) y al Plan de Actividades Culturales en Apoyo a laEducación Primaria (PACAEP) (1983) cuyo propósito fue reestablecer el vínculo
educación-cultura
a través de la recuperación del papel delmaestro como promotor cultural por antonomasia para articular eseotro binomio entrable y a veces abismalmente distanciado: laescuela y la comunidad.La comunidad, concebida como fundamento y formadora de todos susmiembros, particularmente cuando se trata de comunidades pobres,en donde la cultura es la clave para su reproducción y preservación.Por ello las culturas populares generan identidad, pertenencia ysingularidad universal al tiempo que sintetizan pasado y futuro,tradicn y modernidad, permanencia en el cambio, ritual y vidacotidiana, unidad en la diversidad.La comunidad dinámica y cambiante que se actualizapermanentemente para garantizar su propia renovación. De esta ideaparte el fundamento sico de la promoción cultural como unaactividad que estimula la creación, la difusión y la reproducción defenómenos culturales como actos que permiten un conocimiento ycomprensión más allá de las posibilidades individuales.La naturaleza siempre contradictoria del estado mexicano, permitía lacoexistencia y confrontación permanente de posiciones antagónicas,que a veces alternaban en la preeminencia de la práctica cultural:quienes como funcionarios o promotores, privilegiaban la difusiónarstica de manera autoritaria y paternalista, orientados por un“eurocentrismo” que impulsaba un tipo de arte, refinado y producido enel extranjero, se confrontaban con quienes buscaban un mayoequilibrio estratégico entre investigación, capacitación, promoción ydifusión de la diversidad y el respeto a la cultura de cualquier puebloque, con independencia de sus formas y expresiones, contiene la
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identidad colectiva. Todos ellos en la squeda de consensos ylegitimidad para su posicionamiento en el marco de las definiciones depolítica cultural.En los años ochenta se crean por todo el país institutos, consejos ysecretarías estatales de cultura, casas municipales de cultura,unidades de culturas populares, asociaciones civiles con vocacióncultural y en 1988 nace el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes(Conaculta), en sustitución de la Subsecretaría de Cultura asumiendola política cultural del estado mexicano.Desde entonces, se impulsó con mayor intensidad y recursos, lacreación y el fortalecimiento de una infraestructura cultural de la mayor importancia para el desarrollo de los servicios culturales de carácter estratégico, a partir de los noventa: la red nacional de bibliotecas, lared de museos institucionales y comunitarios, programas de fomentoa la lectura, actividades diversas en teatros, auditorios y plazas,talleres en casas de cultura y casas del pueblo, innumerablesconcursos, festivales y programas de animación cultural, de fomento ydifusión de las culturas populares e indígenas, educación artística,becas al extranjero, circuitos artísticos regionales, nuevas y mejoresformas de utilizacn de los medios de comunicación masiva,estímulos a la producción cinematográfica y cooperación internacional.En todos ellos, participaron promotores culturales con característicasmuy peculiares: provenientes de todo el país y de distintas disciplinasartísticas o carreras profesionales y técnicas, de todas las clasessociales y edades, sin una especialización profesional para llevar acabo las funciones encomendadas para la acción cultural, con místicay vocación de servicio social. Generalmente eran poco remunerados ymás bien guiados por la intuición, diseñaban proyectos a partir degustos e inclinaciones personales o instrucciones jerquicas,haciendo diagnósticos y evaluaciones más para llenar cédulas quepara medir, analizar y corregir oportunamente.Como la promoción cultural no se enseñaba de manera sistemática ydisciplinada, el “método” básico del quehacer era la improvisación consus inevitables consecuencias empíricas: desorden metodológico,ineficiencia, dispersión, fragmentación y bajo impacto de las accionesen relación al trazado de objetivos y metas, mismas que eran
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