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Horowitz Los Anarquistas

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“Los anarquistas
: La teoría
” de Irving Louis Horowitz
 5
LOS ANARQUISTAS: LA TEORÍA
*
 
Irving Louis Horowitz (Selección)
A la memoria de una gran figura libertaria, G. D. H. Cole,que señaló esta idea fundamental: «
Los anarquistas…
eran anarquistas porque no creían en un mundoanárquico».
AGRADECIMIENTOS
**
 
En primer lugar, deseo señalar que en estás páginas no hablaré como anarquista, sino como uncientífico social que busca lo que el fallecido Robert E. Park solía denominar los «grandestemas». Esta denominación exige una búsqueda constante de contribuciones e intuicionesvaliosas, sea cual sea su origen, que pueden servir para ampliar la extensión y el contenido delestudio científico de la sociedad. La tradición anarquista es una fuente especialmente fértil, yterriblemente olvidada, para el esfuerzo común de los hombres por superar la manipulación conel único instrumento auténticamente efectivo de que disponemos: la clarificación.No debo ocultar mis simpatías hacia los anarquistas. Pero tampoco debo omitir la explicaciónde las razones de la virtual desaparición del anarquismo como un movimiento social«organizado», desaparición que no sólo se debe a una contradicción entre estos mismostérminos, sino a una contradicción aún más profunda en el proceso social en cuanto tal. Elcolapso del anarquismo en cuanto movimiento social no significa su aniquilación como fuerzaintelectual. Las ideas no están sujetas al peligro de quedar anticuadas tan rápidamente comolas instituciones. Esta primera lección, que nos enseñan los anarquistas, debería ponernossobre aviso frente a la actitud de desechar sin más al anarquismo como un fracaso en lapráctica. Los anarquistas no viven según el criterio del éxito, y sus concepciones no deberíanser juzgadas de acuerdo con tal criterio. Vivimos en un mundo de éxitos funestos y fracasosheroicos. El hecho de que la postura anarquista encaje en la última categoría no esnecesariamente un cargo en contra de ella. Este tipo de orientación quizá no defina como uncompleto anarquista, pero creo que por lo menos no me descalifica para escribir sobre el tema eintroducir al lector en la riqueza de la literatura anarquista.La idea original de este volumen -lo confieso sin vergüenza- no fue mía. Ya en 1950, C. WrigtsMills estaba interesado en preparar una antología sobre
Anarquistas, delincuentes e individuos de conducta desviada 
. Pero no llevó a cabo este proyecto. Sin duda, Mills reconsideró el tema.Durante la década de 1950, Mills completó su orientación sociológica con una dimensióninternacional única, de forma que en 1961 su concepción sobre el anarquismo estaba enarmonía con las fuentes políticas de esta doctrina y menos limitada a un formalismo sociológico
*
Digitalización KKCL: Título original: The Anarchists. Traductores: Joaquina Aguilar López, Maria Esther Benítez,José Fernández Sánchez, Carlos Martín Ramírez, Manuel Pérez Ledesma, Sofía Yvars Fernández.
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En la edición castellana de esta obra, dividida en dos tomos (L. B. núm. 574 y L. B. núm. 629) por razoneseditoriales, se han eliminado los textos de William Ernest Hocking, «Anarchism and Consent»; Paul Arthur Shilpp,«Philosophy and the Social Crisis», y Robert Presthus, «The Social Dysfunctions of Organization», que figuraban enla edición original, y se ha añadido un Apéndice con una selección de textos anarquistas españoles preparada porJosé Álvarez Junco. (N. del E.)
 
“Los anarquistas
: La teoría
” de Irving Louis Horowitz
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que consideraba al anarquismo como una expresión de la «conducta desviada». Mills llegó aconsiderar al anarquismo como uno de los tres «pivotes» principales del marxismo, junto con lasocial-democracia y el bolchevismo. Trató de preparar una «trilogía» del pensamiento radical:
Los marxistas, Los trotskistas 
y
Los anarquistas 
. Su muerte prematura en marzo de 1962interrumpió la posibilidad de completar esta tarea. De hecho, aunque ya había prestadoatención a Trotski y sus seguidores, no dejó ni una sola nota sobre los anarquistas.Si me refiero a estos precedentes, no es sólo para pagar una deuda intelectual a Wright Mills,sino también para asumir toda la responsabilidad en la ejecución y selección de textos de
Los anarquistas 
. Las opiniones expresadas en mi estudio preliminar, sean cuales sean susdeficiencias, son sólo mías. Además, mi opinión personal es que el anarquismo, en lugar de serun «pivote» del marxismo, como creía Mills, es un esfuerzo por construir una alternativa radicalfrente a la tradición marxista en sus formas ortodoxas. Pienso que el recorrido histórico de losanarquistas, lo mismo que sus puntos de apoyo teóricos, justifica esta afirmación. Las formasdel anarquismo en los siglos XIX y XX representan una opinión consciente de su carácter«minoritario» frente a la opinión «mayoritaria» de los marxistas.Si el lector tiene en cuenta que, al ser entregado por primera vez a la Editorial, el manuscrito de
Los anarquistas 
era mucho más extenso, no será demasiado severo conmigo por las omisionesobvias del texto. He tratado de compensar estos vacíos a insuficiencias con una
Posdata 
sobrelas cuestiones que se plantean con más frecuencia a los anarquistas, los tipos de respuesta queellos, a su vez, suministran en la mayoría de los casos, y por fin mis propias opiniones sobreestos temas de controversia y conjetura.
Irving Louis HorowitzRutgers UniversityNew Bronswick, New Jersey
INTRODUCCIÓN
*
 
1. EL HOMBRE EN ESTADO DE NATURALEZA Y EL HOMBRE POLÍTICO
Desde los comienzos históricos del «anarquismo» hay una ambigüedad lingüística en elsignificado de este término. Una ambigüedad que no es exclusivamente un fallo del idioma, sinoque es consecuencia de las reivindicaciones y corrientes encontradas que necesariamenteabruman a un movimiento social dedicado a la «propaganda por la acción» y, simultáneamente,a la «liberación científica del mito político». Los anarquistas son teóricos y terroristas, moralistase inconformistas, y sobre todo, políticos y antipolíticos.Si examinamos la cuestión desde un punto de vista puramente definitorio, encontramos que elconcepto de la ANARQUÍA suscita dos visiones opuestas. Se refiere, por una parte, a unasituación negativa, a una situación de desgobierno o desorden, fuera de control o incontrolable.Los sociólogos dirían que existe un estado de ANARQUÍA cuando se produce unacontecimiento desestructurado o carente de normas, tal como el comportamiento espontáneode una multitud. Estas connotaciones negativas del anarquismo han penetrado en la literaturacientífica en no menor medida que en la literatura popular. No obstante, hay también una noción
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Versión castellana de Carlos Martín Ramírez.
 
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: La teoría
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popular positiva de la ANARQUÍA como rebelión consciente. Lo que esta noción implica es unavisión de la ANARQUÍA como «des-desgobierno» porque los sistemas de normas formales degobierno son innecesarios para gobernar a los hombres normales. El fenómeno del altruismo,del propio sacrificio de las ambiciones personales, indica que el comportamiento espontáneo noes un sinónimo de comportamiento irracional. Nos vemos, pues, frente a un concepto negativode la ANARQUÍA como estado de rebeldía en contraste con una visión positiva de laANARQUÍA como reconocimiento del carácter superfluo de las normas de gobierno.La negación anarquista está encarnada por un hecho aislado, o por la acción de un conjunto dehechos, como en el caso del grupo que rechaza las presiones externas que toman la forma deuna adaptación a un contexto de normas prevalecientes o de reglas impuestas. El anarquismopositivo, la ANARQUÍA como afirmación, significa, a la inversa, la «internalización» de lasnormas de conducta en grado tan elevado que elimina por completo la necesidad de la coacciónexterna. Esta ambigüedad del anarquismo se apoya teóricamente en la idealización del hombreen estado de naturaleza en contraste y oposición con el hombre civilizado.Al menos una de estas confusiones no es tanto obra del anarquismo como de los comentadoresdel anarquismo que consideran que éste es exclusivamente un movimiento histórico o unaorganización política. Algunos historiadores sitúan la muerte del anarquismo en 1814, o en elmomento en que se produce la absorción de los ideales anarquistas por los reformadoressociales y el despertar de la «conciencia social» en las clases medias
1
. Otros consideran quelas ideas anarquistas han sido absorbidas por la unión de las masas y los movimientospolíticos
2
. Y hay todavía quienes sitúan la agonía definitiva del anarquismo en 1939, con elcolapso de la República española
3
. En lo que parece coincidir la escuela histórica es en que, silos comienzos del anarquismo presentan unos contornos borrosos, sin embargo, es indudableque ha llegado a su momento final. La verdad llana y sencilla es que, en cuanto fuerza histórica,el anarquismo nunca tuvo gran importancia. Cuando Bakunin hablaba de tres mil anarquistas enLyon, consideraba esta cifra como un éxito extraordinario. E incluso en la España republicana,la «organización» anarquista,
Federación Anarquista Ibérica 
, sólo podía proclamar una afiliacióninsignificante y dividida en facciones.Lo que distingue de modo característico el anarquismo de otros movimientos radicales esprecisamente el escaso valor que atribuye al éxito político inmediato, y el elevado valor queconcede a la formación de un «hombre nuevo» en el seno de la vieja sociedad. El grananarquista italiano Errico Malatesta, que enlaza el pensamiento europeo entre el siglo XIX y elXX como pocos de sus compañeros supieron hacerlo, lo expone de forma directa:
Nuestra creencia es que la única vía de emancipación y de progreso consiste en que todos tengan lalibertad y los medios para defender y poner en práctica sus ideas, es decir, la ANARQUÍA. De este modo,las minorías más avanzadas persuadirán y arrastrarán tras de sí a los más atrasados por la fuerza de larazón y el ejemplo.
4
 Los anarquistas clásicos, Bakunin, Malatesta, Sorel, Kropotkin, comparten una concepción delanarquismo como «modo de vida» más que como «visión del futuro». Lo que el anarquismoofrece es una creencia en el «hombre natural», como más esencial e históricamente anterior al«hombre político».
1
Barbara Tuchman, «The Anarchist»,
The Atlantic
, vol. 211, número 5 (mayo 1963), pp. 91-110.
2
G. D. H. Cole,
Socialist Thought: Marxism and Anarchism, 1850-1890
. Londres: Macmillan & Co., 1954, pp. 315-360.
3
George Woodcock,
 Anarchism: A History of Libertarian Ideas and Movements
. Cleveland-Nueva York: The WorldPublishing, 1962; en especial, pp. 393-398.
4
Errico Malatesta, en
 Le Réveil
(1906); citado en G. D. H. Cole,
op. cit 
., pp. 356-357.

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